Cuando un menor llega al sistema de protección, en la mayoría de los casos procede de contextos adversos en los cuales sufrió experiencias de abandono, violencia y/o desatención. La adopción supone para estos menores una nueva oportunidad de establecer vínculos afectivos sólidos y de que, en el seno de su nueva familia, pueda recuperarse de las secuelas de estas experiencias. Sin embargo, esto supone un largo proceso de cicatrización que, e