Cuando un menor llega al sistema de protección, en la mayoría de los casos procede de contextos adversos en los cuales sufrió experiencias de abandono, violencia y/o desatención. La adopción supone para estos menores una nueva oportunidad de establecer vínculos afectivos sólidos y de que, en el seno de su nueva familia, pueda recuperarse de las secuelas de estas experiencias. Sin embargo, esto supone un largo proceso de cicatrización que, en la adolescencia, se encuentra con nuevos escollos.De hecho, la literatura sobre adolescentes adoptados señala una mayor presencia en estos menores de problemas de conducta y alteraciones emocionales que merecen una atención especial por parte de profesionales e investigadores. En este trabajo pretendemos hacer un recorrido por los diferentes retos con los que se encuentran los menores adoptados y las dificultades que con más frecuencia aparecen en las familias adoptivas en esta fase de su desarrollo así como por los principales factores que intervienen en este proceso según la investigación. Igualmente se incide en el papel de las familias en el abordaje de esta crisis.