El hecho de que la atención a la psicosis, en concreto a la esquizofrenia, siga focalizada en la cronicidad y el deterioro, supone en los profesionales que les atienden, tener que articular estrategias más activas de intervención (aminorar el auto estigma presente, incrementar las oportunidades para tomar decisiones, favorecer la ocupación en los espacios comunitarios desde un rol diferente al de ser una persona con un problema de salud mental.