En las unidades de agudos de psiquiatría, es frecuente la hospitalización de pacientes con Trastorno Mental Grave que presentan agitación y desorganización conductual, síntomas que a menudo se interpretan automáticamente como descompensaciones de la enfermedad psiquiátrica de base. Este enfoque puede generar sesgos diagnósticos y retrasar la identificación de causas orgánicas subyacentes.El status epiléptico no convulsivo representa un desafío diagnóstico importante, ya que puede manifestarse únicamente con síntomas psiquiátricos inespecíficos, como confusión, mutismo, catatonía o alteraciones conductuales, sin convulsiones evidentes. En pacientes con polifarmacia o factores de riesgo farmacológicos o metabólicos, esta entidad debe considerarse ante cuadros atípicos o de evolución desfavorable.Se describe el caso de una mujer de 47 años con Trastorno Bipolar tipo I, en seguimiento ambulatorio, que ingresa por un episodio inicialmente interpretado como descompensación afectiva mixta. Durante la hospitalización, presenta fluctuaciones del nivel de conciencia, mutismo persistente, automatismos orales e incontinencia urinaria, sin respuesta sostenida a tratamiento psicofarmacológico.Ante el empeoramiento clínico, se solicita valoración neurológica y se realiza un electroencefalograma que evidencia actividad epileptiforme continua bilateral, compatible con status epiléptico no convulsivo, secundario a retirada brusca de benzodiacepinas e hiponatremia. El inicio de tratamiento antiepiléptico y la corrección metabólica permiten la resolución completa del cuadro.Este caso destaca la necesidad de evitar interpretaciones reduccionistas en pacientes con trastornos psiquiátricos y subraya la importancia de una reevaluación diagnóstica sistemática ante evoluciones clínicas inesperadas, integrando variables clínicas, farmacológicas y metabólicas para un abordaje adecuado.