Actualmente se diagnostican cuadros de esquizofrenia en todas las culturas, considerándose por tanto una enfermedad universal, la cual presenta una incidencia mundial en torno a 12/100. 000 habitantes y una prevalencia de 1/100. Sin embargo, más allá de los datos estadísticos cuantitativos, la cualidad del síndrome es hoy en día una de las variables más estudiada debido a fenómenos mundiales como la globalización y la inmigración, que tiñen la psicosis de presentaciones muy diversas: expresión a través del lenguaje corporal y somatizaciones (India), alucinaciones bizarras, francas y con altos índices de paranoia (África), ideas de referencia y culpa (Japón), ideación místico-religiosa de tradición cristiana (Italia), etc. Dicha patoplastia, como denotan los estudios actuales transculturales, está marcada por el binomio colectivismo/individualismo, religión, cultura, tradición e historia propia del país o región. No obstante, igualmente la investigación apunta a un síndrome nuclear (delirios y alucinaciones) coloreado por elementos culturales distintivos. Además de en la expresión de la psicosis, los aspectos culturales parecen influir en el curso de la misma, en el pronóstico e incluso en el tratamiento llevado a cabo. Por esto mismo, se antoja fundamental la formación en psiquiatría transcultural para ubicarse en el sistema cultural del paciente, la superación de la visión eurocéntrica de la Salud Mental y conocer el sistema de valores, mitos, religión e idioma, teniendo en cuenta los significantes culturales emergentes que atraviesan la expresión de la psicosis.