Muy pronto tras la aparición de los psicofármacos se abrió el debate acerca de su adecuado uso (véase a modo de ejemplo el trabajo de 1971 de Sir Derrick M. Dunlop The use and abuse of psychotropic drugs). Dicha perspectiva crítica se ha mantenido a lo largo del tiempo pero creemos percibir estos últimos años, una vez deshinchada la euforia de la década del cerebro, el renacer de un severo cuestionamiento hacia el uso de dichos tratamientos, en parte auspiciado por las denominadas psiquiatrías críticas (Critical Psychiatry Network). Se ha censurado en numerosas ocasiones su prescripción excesiva en el contexto de una supuesta medicalización de la vida cotidiana y del sufrimiento inherente a la existencia, se ha puesto en duda su eficacia y se ha alertado de sus efectos adversos especialmente en poblaciones vulnerables como niños o ancianos. En el presente trabajo hemos querido cuantificar, sin entrar en la conveniencia o no de su indicación, el impacto objetivo de dicha prescripción en una consulta pública de adultos de la ciudad de Barcelona (España) durante un trimestre (otoño de 2018). Ponderar la magnitud de la tragedia antes de retomar la siempre necesaria revisión crítica.