Clásicamente se interpretan los síntomas de los pacientes con diagnóstico de Trastorno Antisocial de la Personalidad desde su manifestación conductual, generalmente de manipulación, estilo de vida parásito y falta de proyectos o metas, y alejadas de los parámetros eticos, morales e incluso legales para una sociedad, en un lugar y tiempo determinados. No se tiene en cuenta, sin embargo, la génesis signosintomatológica que provoca como producto final de ella este tipo de conductas. ansiedad constante, rigidez del pensamiento y escasa flexibilidad cognitiva, acompañan a la impulsividad y labilidad afectiva propias de este cluster. De esta manera, describir y cuantificar semiológicamente este constructo sindromático es necesario a la hora de diagramar un marco terapéutico que tenga como blanco de acción al mismo, con el fin de reducir el riesgo de conductas disruptivas y mitigar los daños posteriores, tanto individuales como interpersonales y de cognición social que limiten fuertemente la inserción del paciente a la vida en sociedad