El litio ha sido el tratamiento más eficaz para el trastorno bipolar durante más de 40 años. Existe incertidumbre sobre el nivel de daño renal asociado con este, y del papel de la duración del tratamiento. Su efecto conocido sobre la función tubular (diabetes insípida nefrogénica) se ha comparado con una asociación menos establecida con la insuficiencia renal, posiblemente confundida por otros factores de riesgo conocidos [1] Presentamos el caso de un varón, 54 años. Diagnosticado de trastorno bipolar hace más de 20 años, permaneciendo estable desde que se inició el tratamiento con levomepromazina y litio. Llegó al servicio de urgencias debido a temblores y rigidez en extremidades de dos meses de evolución.Exploración neurológica: rigidez en la movilización de las extremidades, signo de rueda dentada positiva en las muñecas, disartria y temblor. Analítica: Creatinina: 2. 01. Sodio 133. Potasio: 6. 8. Niveles de litio: 3. 9. RMN: atrofia corticosubcortical difusa. Los primeros signos y síntomas de intoxicación suelen ser: temblor grosero, disartria y ataxia. En caso de intoxicación leve, se indica diuresis forzada. En la intoxicación grave, está indicado hemodiálisis para prevenir la neurotoxicidad. [2] El litio sigue siendo la terapia más eficaz para el trastorno bipolar, aunque su uso a largo plazo puede estar asociado con nefrotoxicidad y neurotoxicidad. Esta dificultad se ve agravada por la necesidad de terapia crónica para prevenir el riesgo de recaída. La capacidad del litio para causar insuficiencia renal crónica sigue siendo objeto de debate, la mayoría de estudios parecen indicar que puede hacerlo. [3]