Tal y como recoge la OMS, la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, ni siquiera una enfermedad que afecte exclusivamente a los ancianos. Hasta el 9% de los casos aparece en sujetos de menos de 65 años. Se trata de una dolencia difícil de diagnosticar en sus estadios iniciales, que tiende a la cronicidad y afecta de forma significativa a la funcionalidad y calidad de vida de los pacientes y sus cuidadores. El diagnóstico diferencial en fases tempranas es complejo debido a la superposición de síntomas, en muchos casos inespecíficos. Los clínicos, tanto de atención primaria como de consulta especializada deberíamos tener la formación necesaria para identificarla desde el debut de los síntomas, ya que esto favorecerá un adecuado abordaje de cada caso precozmente. En este trabajo pretendemos ilustrar mediante revisión bibliográfica y en base a lo que llevamos a cabo en la práctica clínica diaria, cual es la situación actual en cuanto a la complejidad de este proceso diagnóstico, de qué herramientas disponemos y cuales son las dificultades ante las que nos encontramos.