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Última actualización web: 05/07/2022

Componentes narcisistas de la pareja humana.

Autor/autores: Jose Manuel García Arroyo , María Luisa Dominguez López, Pedro Fernández-Arguelles Vinteño, Olga García López
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Ponencia

RESUMEN

En esta comunicación nos vamos a centrar en cómo las relaciones sentimentales, lejos de ser altruístas, desinteresadas o elevadas, despliegan los componentes narcisistas de la personalidad. Esto puede observarse de modo claro en fenómenos como: la adoración, el embelesamiento, la exaltación o la ilusión y también en sus contrarios: la desilusión, el desprecio, la descalificación o la denigración.

Tales sucesos quedarían explicados, en buena medida, por la imponente presencia de los "ideales", descritos por Freud en 1. 914, que promueven una fuerte exigencia de ejecución en el contacto, quiere decir, una presión al otro para que se comporte de una forma determinada. Pero, claro está, un sujeto no puede en todo momento desempeñar tan altas ejecuciones ante el otro y es ahí, precisamente, donde se produce la falla y la quiebra del sistema narcisista, capaz de producir una crisis y, de esta manera, provocar el desplome del individuo y la correspondiente sintomatología. Es conveniente para el psiquiatra el conocimiento adecuado de esta dinámica, ya que se halla en el centro de muchas crisis de pareja y personales y, por lo tanto, de la la producción de síntomas observables en la clínica.

Palabras clave: NARCISISTA

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Componentes narcisistas de la pareja humana.

José Manuel García Arroyo (1); María Luisa Domínguez López (2); Pedro Fernández-Argüelles Vinteño (3); Olga García López (4).

Depatamento de psiquiatría de la Universidad de Sevilla.

Resumen

En esta comunicación nos vamos a centrar en cómo las relaciones sentimentales, lejos de ser altruístas, desinteresadas o elevadas, despliegan los componentes narcisistas de la personalidad. Esto puede observarse de modo claro en fenómenos como: la adoración, el embelesamiento, la exaltación o la ilusión y también en sus contrarios: la desilusión, el desprecio, la descalificación o la denigración. Tales sucesos quedarían explicados, en buena medida, por la imponente presencia de los \"ideales\", descritos por Freud en 1. 914, que promueven una fuerte exigencia de ejecución en el contacto, quiere decir, una presión al otro para que se comporte de una forma determinada. Pero, claro está, un sujeto no puede en todo momento desempeñar tan altas ejecuciones ante el otro y es ahí, precisamente, donde se produce la falla y la quiebra del sistema narcisista, capaz de producir una crisis y, de esta manera, provocar el desplome del individuo y la correspondiente sintomatología. Es conveniente para el psiquiatra el conocimiento adecuado de esta dinámica, ya que se halla en el centro de muchas crisis de pareja y personales y, por lo tanto, de la la producción de síntomas observables en la clínica.

Introducción

Esta comunicación pretende, como indica su título, estudiar los componentes narcisistas que se encuentran en la pareja humana. Se trata de una empresa que creemos interesante, dado que en las sesiones de psicoterapia (de orientación analítica) que efectuamos con los pacientes salen a colación asuntos de este tipo que conviene conocer. En efecto, el tratamiento al que hacemos alusión tiene tal profundidad que no es extraño que quién acude a nosotros aborde temas referidos a su compañero/a. Éstos, incluso, pueden ser el motivo de la consulta, pudiendo tratarse de: un conflicto en la relación, el final de la misma, la repetición con otra pareja de las mismas pautas de comportamiento anteriores, etc. Detrás de muchos de estos aspectos una mirada atenta descubre los fenómenos narcisistas.  
El “narcisismo” es un concepto de cuño freudiano, que tiene fecha de salida a mediados de 1. 914, con la obra titulada Introducción al narcisismo (1). Se trata de un pequeño ensayo de apenas 17 páginas que se produce al calor de importantes controversias y disidencias en el seno del incipiente movimiento psicoanalítico. El término procede del personaje mítico de narciso, quién pereció ahogado en las aguas al intentar abrazar su propia imagen, aunque fue utilizado por vez primera por Alfred Binet (en 1. 887) y después por Havelock Ellis (en 1. 899), en sus conocidos Estudios de psicología sexual (2), siendo Paul Näcke quién lo introdujo en la lengua alemana.
En manos de estos autores, el “narcisismo” se refería a una perversión, pero Isidor Sadger tuvo el mérito de entenderlo como un estado normal de la evolución psicosexual del ser humano (3).
Freud retoma este punto de vista y va a hacer del mismo un concepto que reestructura la teoría psicoanalítica articulada hasta ese instante. Este cambio originado en el seno de su propia doctrina se debe a que el fundador del psicoanálisis observó claramente que los pervertidos no tenían el monopolio del fenómeno al que aludimos pues, en numerosas situaciones (neuróticos, niños, amantes, etc), era posible registrarlo sin incursiones hacia el territorio de la perversidad.  
En ese contexto, el narcisismo no tiene nada que ver con lo que las modernas clasificaciones de t. mentales (CIE-10, DSM-IV) (4, 5) denominan “trastorno narcisista de la personalidad”, es decir, individuos egocéntricos, que solo piensan en sí mismos, arrogantes, con fuertes sentimientos de autoimportancia, grandiosidad y de ser especiales, etc. Por contra, forma parte de todos los pacientes psiquiátricos y aún de las personas llamadas “normales” y consiste en el “amor a la propia imagen” que opera de tal modo que el individuo se toma a sí mismo como “objeto de amor”.  
A partir del texto básico sobre el narcisismo (1) el “yo” comienza a tomar un papel preponderante en el funcionamiento del aparato psíquico, pero no entendido como portador del “principio de realidad”, sino como el objeto del amor propio. Muchos postfreudianos se dedicaron a alterar esta visión haciendo del “yo” el elemento central del psiquismo, cosa que puede entenderse como una vuelta al tema de la “conciencia” y a asimilar la teoría psicoanalítica al campo la psicología general (6). En consonancia con el “yo”, Freud describe los “ideales” (“yo ideal” e “ideal del yo”) que se traducen en aspiraciones y metas difíciles, si no imposibles, de lograr dado el alto nivel en el que se encuentran y, además, intervienen en los balances de la autoestima.
Lacan, por su parte, ha puesto de manifiesto que el “yo” se asocia de modo inexorable a la imagen, cuando analiza su formación en el célebre “estadio del espejo” (7, 8) y, asimismo, nos ha aportado una visión bastante clara del asunto de los “ideales” definiendo, a la vez que diferenciando, el “yo ideal” del “ideal del yo”.  
Sobre esta base, en los siguientes apartados vamos a profundizar en cómo intervienen los componentes narcisistas del aparato psíquico (“yo”, “yo ideal”, etc) en las relaciones de pareja, tema que sin duda agradaría a Freud, dado que utiliza el problema del narcisismo en conexión directa con la “elección de objeto” (1). En efecto, el narcisismo en la pareja humana es una fuente de importantes conflictos, con los que hemos de tratar en las sesiones. No queremos dejar de mencionar a Willi (9), quién ha efectuado estudios en esta misma línea, e intentaremos utilizar sus indagaciones como punto de partida para comprobar los fenómenos narcisistas en nuestros pacientes.


Material y método

El material que vamos a emplear en este estudio consiste en un conjunto de pacientes, que nos consultaron y que siguieron un tratamiento analítico. A lo largo de este proceso, dada su extensión y profundidad, se pudo constatar la presencia de elementos narcisistas que se hallaban presentes en sus relaciones de pareja. De los casos que hemos recogido (un total de 10) solo presentamos dos, con idea de no hacer demasiado extensa la exposición.  
·Paciente nº 1 (P-1).  Varón de 45 años de edad, casado con dos hijos, que consulta por un cuadro de ansiedad que él asocia a la existencia de relaciones extramatrimoniales. Estos, en un principio se producían de forma inestable, con amigas y, más tarde, en el seno de una relación paralela que propiciara la separación matrimonial, tras haberse enterado su esposa de su existencia.  
Se dedica a los negocios, que confiesa le dan algún que otro quebradero de cabeza, pero dice saber salir de los problemas con cierto éxito, dado que él es “un magnífico comerciante” y un “hombre triunfador”.  
Llega a reconocer que sus “escapes” y “salidas” tienen relación con ciertas dificultades presentes en la pareja, de forma que sentía que su mujer lo tenía muy controlado y “necesitaba evadirse”.  
·Paciente nº 2 (P-2).  Mujer de 42 años de edad, divorciada con dos hijos. Consulta por síntomas depresivos relacionados con el divorcio, que tuvo lugar hace aproximadamente un año. En esa fecha, su marido, que es médico, se fue a vivir solo a un apartamento que tienen en la playa y se encuentra a pocos kilómetros de su trabajo. A partir de ese momento, deja de salir y se refugia en sus hijos.  
Desde que se casó se ha dedicado de modo especial a su marido y a las tareas domésticas, renunciando por completo a su profesión (es licenciada en Filología). A pesar del tiempo transcurrido desde el divorcio no puede rehacer su vida y sigue pensando constantemente en él. Tiene bastantes amigas, que la empujan a salir, pero no quiere.
Siempre se ha considerado una persona poco atractiva y se ha comparado con otras mujeres, sintiéndose “muy por debajo”. Toma tratamiento antidepresivo recetado por su psiquiatra, quién la ha diagnosticado de “trastorno distímico”.

El método que empleamos se inserta o se desprende directamente de la propia actividad psicoterapéutica, ya que ésta permite hacer una observación clínica de primera magnitud. Eso se debe a que el terapeuta, durante las sesiones, ha de encontrarse en una actitud atenta a cuanto el paciente expresa, dejando de lado todo aquello que no sea pertinente a la propia escucha (creencias personales, preocupaciones, juicios de valor, etc). En este contexto, ha sido posible registrar las frases textuales de quiénes nos consultaron, es decir, un material verbal no influido por el observador y que refleja los sucesos psicológicos (y psicopatológicos) que se están produciendo en sus relaciones sentimentales. También, a partir de ahí, ha sido posible la construcción de una diacronía, en la que se ha constatado la evolución de los fenómenos narcisistas en la pareja, desde los comienzos hasta la producción de la inevitable crisis y ruptura.
En el estudio que hacemos tomamos en consideración, como componentes del análisis, aquellos conceptos desarrollados por Freud en Introducción al narcisismo (1) y especificados por Lacan (10). En este orden de cosas, los componentes del “sistema narcisista” a tener en cuenta son los siguientes: 
a) El “yo”. Hemos dicho ya que es la pieza clave del narcisismo, pues bien, ahora podemos entenderlo como el lugar en el que el sujeto se representa a sí mismo, pero de tal modo que dicha representación sea inmaculada, quiere decir, sin tachas. Significa que, para que se produzca el amor a sí mismo narcisístico, el “yo” tiene que expulsar fuera de su perímetro todo aquello que le parece incoherente con el fin de mantener una imagen impecable.  
Al mismo tiempo, la organización yoica muestra entre sus representaciones un subconjunto de ellas que tiene relación con las valoraciones, tratándose de juicios positivos y negativos sobre sí mismo; se puede constatar como aquellas se relacionan con la autoestima. Para mantener a esta última dentro de límites aceptables el “yo” toma la forma más agradable posible; éste es el núcleo del narcisismo, es decir, de la adoración dirigida hacia el propio “yo” que veremos reflejada, de modo claro, en la pareja.  
Un punto interesante que no debemos olvidar consiste en que la valoración que el sujeto hace de sí mismo, desde su “yo”, se realiza al completo, de forma tal que cuando se dice “yo no valgo nada” se trata de una referencia al “yo” como “totalidad”. Por eso, cuando una persona cree que no vale en un determinado terreno, dicha valoración se traslada al resto de las esferas de su vida. Así, un paciente nuestro pensaba que no valía “nada”, ya que no era buen estudiante, lo que indica que el fracaso en un área de su vida se trasmite de alguna forma al resto de sus atributos. Esto se debe a que existe una representación unificada del “yo”, que actúa como puente entre distintas representaciones parciales (11).  
b) Los “ideales”. Freud los muestra en Introducción al narcisismo (1) aunque los matiza en obras posteriores (12, 13). Consisten en “modelos” de cómo debe ser alguien (o algo) para ser valorado o preferido (11). Aunque son dos, denominados respectivamente el “yo ideal” (Idealich) y el “ideal del yo” (Ichideal), en esta comunicación vamos a hablar solo del primero de ellos, precisamente porque es el que más protagonismo tiene en el narcisismo de la pareja, dejando el segundo para otra que presentamos en este mismo congreso (titulada: “La pareja de la histérica”).  
El “yo ideal” se relaciona con la omnipotencia y se muestra clínicamente en la búsqueda de la perfección y ausencia de fallas. Como cabe suponer, establece un nivel de exigencias demasiado elevado sobre el “yo real” y, cuando este último se aproxima en sus realizaciones al “yo ideal”, se vivencia como autosatisfacción y aumenta la autoestima (“me quiero sí y solo sí soy perfecto”). En caso contrario, cuando la distancia al “ideal” aumenta, se produce una caída de la autoestima (“no me quiero puesto que tengo defectos”). Se ha de contar con el agravante de que no siempre las circunstancias son propicias para tener la autoestima satisfecha.  
Además, el “yo ideal” permite explicar la “idealización”, entendida como aquel proceso psíquico en virtud del cuál se elevan a la perfección las cualidades y el valor del objeto, de modo tal que éste resulta engrandecido y exaltado. Puede acompañarse de identificación con dicho objeto y/o fusión con el mismo.  
Cuando los “ideales” no se alcanzan se produce la agresión, que puede ser dirigida tanto al propio “yo” como al “objeto”. Como veremos, pueden recogerse múltiples formas de agresión en las conexiones entre dos individuos, pero una ellas se muestra de modo bastante frecuente: la denigración.


Resultados

En este apartado estudiaremos cómo se distribuyen y funcionan los componentes del “sistema narcisista” presentes en todo sujeto humano (“yo”, “ideales”, etc) y que se hallan presentes, de modo claro, en las relaciones de pareja.

Síntomas narcisistas en la pareja.
La distribución en ésta de comportamientos que procuran seguir los patrones ideales provocan la aparición de aspiraciones, que fácilmente producen molestias, haciéndose patentes en la terapia, y que alcanzan la categoría de síntomas; enumeramos los siguientes:
a) Intentos de funcionar al unísono. Se trata de dos personas que no pueden actuar de manera independiente, lo que les lleva a buscar la concordancia máxima, no entendiendo cómo puede existir una pareja sin que piensen (o actúen) de la misma forma. Se refleja claramente en nuestros pacientes: 
P-1.  “No sé por qué pero en los últimos momentos de la relación hemos dejado de actuar como lo veníamos haciendo antes y eso me duele verdaderamente. Trato de ponerlo en palabras, pero me afecta mucho cuando lo intento, se me hace un nudo en la garganta. Creo que antes estábamos muy unidos y yo me sentía bien con eso, pero en los últimos tiempos vamos cada uno por nuestro lado. ¡Eso no es una pareja!”.
P-2.  “Cuando empezamos a salir y después, cuando nos casamos, todo era maravilloso, como en un cuento, pues no nos separábamos para nada, siempre estábamos juntos y todo lo pensábamos igual. Esta es una de las cosas que yo más echo en falta”.  
En las siguientes frases se observa cómo les es insoportable tener criterios dispares: 
P-1.  “Ella y yo siempre hemos tenido la misma forma de ver las cosas, ahora ya no sé”.
P-2.  “Nosotros lo teníamos claro, siempre veíamos todo de igual manera, pongo por caso la educación de nuestros hijos o los amigos comunes. Ahora llego a pensar que todo esto era porque yo cedía en casi todo; esto es muy doloroso para mí (llora)”.
b) Desconocimiento mutuo. Significa esto que no se conocen como son en realidad. Manifiestan en la consulta tener una comunicación excelente, pero se ve que no es completamente cierto.  
P-1.  “Tengo que reconocer que a mí mi mujer me ha sorprendido mucho, porque al principio cuando nos casamos me daba la razón en todo, pero ahora, no puedo describirla como es. . . De cualquier cosa hace una polémica. Tengo que llegar a la conclusión de que en realidad no la conocía y que ella me ha engañado. Me decía que iba a quererme siempre pasara lo que pasara y todo eso es una gran mentira”.
P-2.  “Mi marido ha hecho cosas para mí incomprensibles, de verdad se lo digo. Jamás me podía imaginar que él hiciera las tonterías que hizo. Yo lo veía un hombre muy recto y con las cosas bastante claras y nunca pensé que hubiera podido quedar con una compañera para tomarse un café y la realidad es que no sé qué pasó entre ellos, porque se mandaban mensajitos diciéndose tontadas. No quiero reproducir aquí lo que él le decía a ella (afectada). ¿Tengo que creer entonces que es un fresco?”.
c) El valor personal y la autoestima siempre se encuentran en juego. Se observa este extremo en la gran cantidad de frases que pronuncian en la consulta al respecto, tanto referidas a sí mismos como a su compañero/a:
P-1.  “Yo siempre he sido una persona muy decidida y capaz, he tenido siempre muchas cualidades y pienso que todo eso a ella le gustaba”.
P-2.  “No puedo dejar de pensar en que él es una persona buena y que tiene muchos valores, eso no lo discuto y lo reconozco aún hoy en día”.  
Este fenómeno puede llegar incluso a la “idealización” (propia o ajena):
P-1.  “No quiero aburrirle contándole mis excelencias, pero sí le diré que en mi trabajo no existe nadie con tanta visión de las cosas como yo, ni con tanta capacidad”.  
P-2.  “Mi marido es un hombre muy alto y muy guapo y pienso 
que todas mis amigas me tenían una envidia enorme por el hombre que estaba a mi lado; eso desde el principio y creo que los novios de mis amigas eran una birria en relación a él”.


Descripción de los miembros de la relación narcisista.
Quienes participan en una relación de este tipo ocupan unos papeles muy concretos, que fueron descritos por Willi (9). Éstos se distribuyen de la siguiente forma: uno de ellos es el “narcisista” y su compañero/a es el “narcisista complementario”. Lo más frecuente es que el primero esté ocupado por un hombre y el segundo por una mujer, como sucede en los casos que aquí presentamos, pero no es una regla de obligado cumplimiento. Comprobamos a continuación dichos papeles en nuestros pacientes:
a) El “narcisista”. Suele ser un sujeto con autoestima elevada, orgulloso y con gran necesidad de ser reconocido, admirado y halagado por su compañero/a. Este/a último/a, a su vez, no debe ocasionarle problemas, debiendo estar siempre contento/a y radiante, podríamos decir que debe tener “cara de fiesta” en todo momento. Precisa, además, que su compañero/a renuncie a sus ideas, aspiraciones, opiniones, etc, en favor de los suyos. Por tanto, es el portador de los valores en la relación. Veámoslo:
P-1.  “Ella ha pensado siempre como yo, pero ahora veo que busca cosas que no tienen nada que ver conmigo. Eso me ha supuesto mucho dolor, imagínese, usted es hombre como yo”.
“Los mejores momentos de nuestra relación fueron cuando ella estaba más entregada a mí. . . a ella le parecía bien todo cuanto yo decía”. “Ella creía que yo era muy inteligente, el más inteligente de la tierra”.  
No obstante, a lo largo de la terapia, se descubre que el “narcisista” no posee tanto valor como cree, pues hay momentos en que la (elevada) autoestima se derrumba o bien, necesitan sustentarla en sus actuaciones o logros, que funcionan como objetos y actividades narcisizadas (trabajo, títulos universitarios, coche, etc). Esto es lo que, verdaderamente, que le obliga a necesitar al compañero/a.  
b) El “narcisista complementario”. Es una persona que se siente desprovista de valores, con sentimientos de inferioridad, parece humilde y altruista, pero es tan egocéntrico y tiene tantas fantasías de grandeza como su pareja, pero no se cree con derecho a conseguirlas en la realidad. En su compañero/a busca a alguien que le otorgue el valor que no posee por sí mismo y obtener aquellos logros que se siente incapaz de conquistar.  
P-2.  “Cuando iba a la facultad me comparaba mucho con las otras chicas, me sentía inferior a ellas, pues las veía muy monas y yo sin ningún valor. No me gustaban muchas cosas de mi cuerpo, me llevaría muchas sesiones hablar de cada una de ellas, pero vale con un ejemplo: mis piernas que siempre han sido demasiado flacuchas”.


La relación narcisista.
El “narcisista” eleva su sentimiento de autoestima al ser adorado y admirado por el “narcisista complementario” y lo es porque se ha buscado a una persona que no tiene aspiraciones propias y que estas deben encajar con las de él. Se siente grandioso porque el otro lo admira con gran exaltación; esto puede observarse, al menos indirectamente, en las frases que emite: 
P-1.  “Ahora no me siento bien, no estoy a gusto en la situación en la que me encuentro, pues veo que no puedo soportar la ausencia de ella. Yo estaba bien con mi mujer y no ahora, pues ella me adoraba. Todo eso lo he perdido y estoy mal ¿me entiende?”.  
El “narcisista complementario” busca a alguien a quién adorar exagerando su brillantez, adecuándose a él, anticipándose a sus deseos y renunciando a sus propias aspiraciones. También es posible observar cómo, al entrar en la relación, se produce una mejoría de los rasgos de su personalidad que considera negativos; lo vemos en las siguientes frases que recogemos de una sesión:
P-2.  “Creo que siempre lo he adorado, pues lo consideraba muy superior a mí. A veces creía que estaba soñando al tener a esa persona a mi lado y, sobre todo, que se hubiera fijado en mí. El para mí lo era todo”. “Cuando empecé a salir con A. se me quitaron todas estas cosas, me refiero a todos mis complejos”.  
Lo que ocurre, en estos casos, es que el “narcisista” se muestra ante el “narcisista complementario” asimilado al “ideal”, de manera que este último se siente encandilado ante su gran brillo y se traga toda su exhibición, dedicándose a idealizarlo; quiere decir, que proyecta su “ideal” en él, para conseguir una mejoría personal aceptable. El “narcisista” asimila con gran gusto la posición en que es colocado, sintiéndose grandioso (ver figura 1).
El final del trayecto consiste en que ambos quedan asimilados al “ideal” en una identificación mutua; en ese contexto, el “narcisista complementario” se siente dichoso de haber hallado lo que buscaba desde hacía tanto tiempo. El “narcisista” se adecua perfectamente al “ideal” que su pareja coloca sobre él, sintiéndose mejor que nunca y provocándole una inflación de la autoestima (ver figura 2).
Ahí descubrimos de una forma clara la unión inextrincable a la que ambos aspiran, dado que ambos completan la forma “ideal” y que tiende a la fusión. Esto va a provocar grandes problemas dado que al funcionar desde el “ideal” se producen los siguientes fenómenos en ambos miembros: a) un vaciamiento de contenidos personales o humanos, que son precisamente los rechazados, b) al funcionar desde este registro se produce un desconocimiento mutuo y c) la interdependencia es de tal magnitud que se impide el desarrollo individual de cada uno de ellos. Estos aspectos bloquean el enriquecimiento mutuo en sus contactos mutuo y en el que puede darse con los demás.
Esta fusión, lejos de ser la “maravilla del amor” como ellos mismos la entienden (o quiénes les rodean), expresa una gran debilidad. En las siguientes alocuciones se contempla cómo los implicados ven el asunto: 
P-1.  “Todos nuestros amigos se asombraban con nosotros porque nos veían la pareja perfecta, pues observaban en nosotros a dos seres muy unidos. Confieso que yo también lo creo así”.
P-2.  “Yo pienso ahora que jamás tendré una relación tan perfecta y maravillosa como la que he tenido con A. Esto lo pensaré siempre”.

La crisis de pareja.
Cuando los mecanismos expresados se exageran, entramos en una crisis de pareja que, frecuentemente, lleva a los pacientes a consultar y a iniciar tratamiento psicoterapéutico. Tales crisis muestran un alto índice de recidiva, tanto con la misma pareja, como con otra distinta.
Este efecto puede comenzar cuando el “narcisista complementario” obliga al “narcisista” a que permanezca siempre en el “ideal” y no le permite que se salga de ahí; indica esto que lo que antes era una posibilidad ahora es una obligación. De ahí se sigue, que el “ideal” se convierte en una prisión, pues al quedarse clavado en ese sitio no tiene escapatoria posible.  
El “narcisista” responde entonces de forma agresiva, humillando y ofendiendo a su partner. El “narcisista complementario” lo soporta porque cree conocerlo y piensa que en el fondo no es así como se muestra y lo disculpa.  
Paralelamente, puede suceder que el “narcisista” se deja determinar cada vez más por el “ideal”, pues no puede prescindir de la admiración de la que es objeto, hallándose cada vez más aprisionado en ese lugar. Como se ve determinado ahí, lucha por conservar su propia identidad y eso al compañero/a le hace sentirse defraudado/a. La agresión se desata porque siente que lo está obligando y no lo deja ser libre. Quiere decir que al temer la desilusión, es decir, que el “narcisista” no esté siempre en el pedestal del que depende, le exige y le agrede de la forma que puede, pues había hallado en él todo lo que esperaba de la vida. Veámoslo en nuestros ejemplos:
P-1.  “Si he venido a esta consulta es porque ya no podía más, estaba hecho polvo y creo que se debía a que no me sentía libre en mi relación y tuve que escapar, eso ya se lo he explicado. Ella había cambiado y se había convertido en una mujer irritable y déspota y jamás antes había sido así ¿me entiende Vd. ?”.  
P-2.  “Creo que él se estaba cansando de la relación y no lo entiendo, no sé si es que lo he presionado demasiado. Pero ahora puedo decirle que yo no aguantaba ciertas cosas”.


Ruptura o mantenimiento.  
Si la crisis continúa durante mucho tiempo, pueden suceder varias cosas:
a) Siguen juntos pero completamente desilusionados, con grandes resentimientos del uno hacia el otro y una gran frialdad aparente que tapa dichos afectos. Pueden, incluso, hacer cada uno su vida independiente aunque se encuentren bajo el mismo techo. Siguen unidos pero es por no iniciar algo nuevo, continuar con las ventajas materiales o por los hijos. Veamos uno de los casos estudiados por nosotros: 
P-3.  Mujer de 39 años, casada con un hijo y dedicada a una empresa familiar. Consulta por problemas derivados de una relación de pareja que ella califica de “extraña”, pues viven los dos juntos “sin ningún tipo de aliciente”.  
Acude a la consulta demandando una solución para su situación: “yo quiero saber si continúo o lo dejamos, pues veo que no podemos ni dejarlo ni arreglarlo”. Tras un tiempo de sesiones, se da cuenta de que ha idealizado a su marido durante mucho tiempo y que, recientemente, ha visto tal como es y no lo acepta. A partir de ahí surge el ataque y la denigración constantes por parte de ella.  
b) La separación. Si ésto sucede cada uno de los miembros sigue un destino diferente: 1) en el caso del “narcisista”, suele buscar rápidamente una nueva relación con caracteres idénticos a la precedente, dándose una recidiva del problema. No es raro que denigre a su pareja anterior, quién se convierte en la culpable de lo ocurrido. En caso de ser abandonado lo vive como una catástrofe, pues supone una “herida narcisista”, que solamente puede repararse con otra relación y, si no forma pareja, se desarrollan importantes actitudes paranoides hacia el otro sexo. 2) El “narcisista complementario” tras la ruptura suele guardar dentro de sí la imagen idealizada de su pareja, de forma tal que no se resigna a dejar de pensar en él (caso P-2), aunque tenga otra relación. Suele seguir creyendo que es imprescindible para el “narcisista” y que nadie puede comprenderlo como él/ella. Veamos un caso: 
P-4.  Mujer de 23 años, soltera y estudiante de Derecho. Hace dos años aproximadamente se rompió su relación, porque el novio le había sido infiel. Actualmente, tiene pareja estable pero se acuerda bastante del anterior, muchas veces al día se le viene a la cabeza su imagen. Incluso los sueños le muestran escenas muy vivas en la que está saliendo con su antiguo novio de nuevo y son felices. Ha llegado incluso a llamarlo por teléfono desde una cabina y a escuchar su voz sin contestar. Acude a la consulta, porque “me cuesta un grandísimo trabajo sacudirme a mi novio anterior de la cabeza y creo que yo así no voy a ser feliz. No entiendo este problema mío, porque de quién realmente estoy enamorada es del actual”.


Conclusiones

Las líneas anteriores nos han servido para poner de manifiesto cuáles son los aspectos narcisistas de la pareja humana algo que, en mayor o menor proporción, puede mostrarse en cualquier relación de este tipo. El afán que nos ha movido ha sido dar a conocer los procesos y los mecanismos inherentes a estas parejas dado que, muchos pacientes que acuden a nosotros en busca de ayuda profesional se encuentran marcados por alguno de los momentos a los que nos hemos referido y su conocimiento se hace necesario porque implica tomar ciertas precauciones y asumir ciertos riesgos que pudieran presentarse en el tratamiento.  
En el tipo de relación sentimental del que hemos hablado se juntan: una persona que quiere ser grandiosa (el “narcisista”) y otra que se siente menoscabada (el “narcisista complementario”) pero que, cuando se encuentra con aquel, se siente salvada pues con él va a encontrar la posibilidad de hacer desaparecer, como por arte de magia, muchos de los malestares que forman parte del tributo que paga por pertenecer a la condición humana, como es el caso de: sentirse inseguro, infeliz, inferior, equivocarse, etc.  
Sin retroceder lo más mínimo ninguno de los dos, se configuran, tan rápidamente se puede, un conjunto de reglas y conexiones que pasan por el “yo ideal”, de modo tal que el “narcisista”, encarnándolo, le permite a la otra persona que se identifique con él, al tiempo que se reasegura él mismo esa posición tan exaltada. Así, ambos van a apuntar a una “unidad” imposible, pues es inexistente en la realidad y puede quebrarse en cualquier momento. En efecto, por muy bella que parezca esta historia de amor nunca puede alcanzar la “unidad” total y absoluta, asimilable al “androgino” del mito platónico, porque tarde o temprano va a sucumbir a la asfixia de los participantes.  
Parece, por tanto, que este sistema no está destinado a durar demasiado tiempo, pues lo bello del contacto idealizado va a pasar a convertirse en lo siniestro. Esto sucede tan pronto como quién se halla en la posición “ideal” se sale un milímetro de su lugar y comete un desliz que se muestra como algo imperdonable; justamente ahí encuentra al otro, espada en alto, para recordarle donde tiene que estar y cuál es su sitio. Entonces, nos encontramos con una crisis importante en la que pueden surgir grandes resentimientos, pues se actualiza la agresión que aparece en el momento en que no se cumplen los susodichos “ideales” a rajatabla.


Aquí se produce un cambio espectacular, pues se modifica la posición de cada uno de ellos, de constituirse en dos seres identificados entre sí, a ser rivales imaginarios, produciéndose retos y batallas que nos recuerda bastante a la “lucha a muerte de las conciencias” descrita por Hegel (14). Resulta así porque intentan, cada uno a su modo, tener la razón y defender su propia postura sin ceder un palmo de terreno al otro; solo uno puede ganar la partida, solo uno puede vencer. No entienden que, en esa pelea, ninguno lleva la razón ni ninguno está equivocado, de ahí la imposibilidad de dialectizar no pudiendo articularse “tesis” y “antítesis”. Pobre de aquel que se meta en medio de ese dantesco espectáculo.  
Todo esto demuestra que cuando se junta dos personas con alto grado de narcisismo, se obtiene una conjunción de dos desconocidos, aunque ellos crean conocerse, tener una comunicación brillante y ser la envidia de cuántos les rodean.  
Si como parece, funcionan en el registro del “ideal” son dos desconocidos para sí mismos y para el otro; solo cuando les ven “las orejas al lobo”, pueden darse cuenta, si acaso fugazmente, de cómo son en realidad y de hasta dónde pueden llegar.  
No es extraño que estas personas, tras grandísimas desilusiones, acaben sus días existiendo como dos muertos vivientes, compartiendo comida y techo. Detrás de ese teatro de la crueldad humana se descubre el gran dolor derivado de la traición al “ideal” común; el paraíso perdido de Milton.  
El narcisismo de la pareja lleva a una importante paradoja: mientras más se busque la comunión de dos en uno, mientras mayor sea la tendencia a la “unión total” y a la concordancia máxima, más se sume la relación en baladíes apariencias y en la superficialidad más inmensa. Lacan (15) diría que los dos funcionan en el “registro imaginario”, que es el terreno de los engaños y de las ilusiones del “yo”, y no por pertenecer a lo ilusorio dejan de ser poderosas sus influencias.  
Pero, no hay que desesperar, pues la psicoterapia psicoanalítica ofrece salidas honrosas para estos laberintos narcisistas, pues procura ayudar al paciente a reconocer, en el otro y en sí mismo, todo aquello que escapa al dominio de los “ideales” y que, por el hecho de ser rechazado no deja de manifestarse. Al tiempo, se intenta rebajar las expectativas, tanto en el seno mismo de la pareja como fuera de ella, abriendo la subjetividad a relaciones mucho más reales. No obstante, esta bella empresa en la que nos embarcamos, no pude decirse que sea “coser y cantar”, pues los pacientes oponen una fuerza brutal a la idea de que para ser armoniosa una pareja tiene que estar basada en la “unidad” más absoluta y en el funcionamiento mimético y cumplen fielmente con la máxima que Dickinson dejó escrita: “Si nos mantenemos unidos, estamos en pie; si nos dividimos, caemos”.


Figuras

Bibliografía

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