El trauma preverbal comprende experiencias adversas que ocurren antes de la adquisición del lenguaje, cuando el sistema nervioso y las capacidades relacionales del infante aún están en formación. En este periodo, las vivencias de amenaza, carencia o desregulación no pueden traducirse en palabras, inscribiéndose entonces en el cuerpo como memorias implícitas, las cuales pueden ser expresadas mediante sensaciones, reacciones fisiológicas o patrones de defensa.La teoría del apego ofrece un marco desde el cual es posible comprender cómo estas experiencias tempranas pueden llegar a adquirir un carácter traumático: cuando el cuidador no aporta contención emocional, el infante no logra regular su estado interno ni construir un apego seguro. En lugar de confianza y calma, el cuerpo aprende a sobrevivir mediante la alerta constante o la desconexión afectiva, configurando una base corporal del trauma.Cuando no es posible integrar estas experiencias tempranas, puede emerger la disociación como mecanismo protector. En el trauma preverbal, esta disociación se manifiesta principalmente en el plano somático: el cuerpo conserva la memoria del peligro y reacciona automáticamente, mientras la mente permanece sin acceso consciente a la experiencia. De este modo, apego, trauma y disociación se entrelazan en un proceso donde la falta de regulación relacional deja su huella en la memoria corporal.