En apenas unos meses, la conversación sobre inteligencia artificial en salud mental ha cambiado de tono. Ya no hablamos solo de asistentes conversacionales que responden cuando se les pregunta, sino de sistemas capaces de planificar, recordar, coordinar tareas y actuar junto al clínico: la llamada inteligencia artificial agéntica (agentic AI). Este artículo distingue ese concepto del chatbot tradicional, revisa la evidencia más reciente —todavía escasa y desigual—, examina los riesgos que han llevado a la alarma de las sociedades profesionales y los reguladores, y propone una lectura prudente para el psiquiatra: la de un copiloto bajo supervisión humana, no la de un sustituto.