El delirium es un síndrome pluripatológico, de origen orgánico, que se caracteriza por un trastorno de la conciencia, del pensamiento y de otras funciones cognitivas como la atención, orientación o memoria, que tiene un inicio agudo y un posterior curso fluctuante. Su prevalencia aumenta con la edad así como con diagnóstico previo de demencia, siendo más frecuente en unidades ortopédicas y quirúrgicas. Su importancia radica en que constituye el segundo síndrome psiquiátrico más frecuente en pacientes dentro del ámbito hospitalario después del síndrome depresivo. Asimismo el conocer cuales son las posibles causas desencadenantes ayuda a su detección por lo que cualquier médico debería instruirse en ese sentido. Así, la APA establece 4 tipos: 1) Debido a enfermedad médica. 2) Inducida por sustancias. 3) Debido a múltiples etiologías. 4) No especificado. En cuanto a su manejo terapéutico, lo fundamental es tratar la enfermedad de base así como el control de los síntomas. Se emplean principalmente los fármacos neurolépticos. Dentro de los típicos, el más empleado es el haloperidol, por su rapidez de acción y seguridad relativa en un corto periodo de tiempo. Entre los atípicos, la risperidona es el fármaco de primera elección según la OMS, aunque suele usarse de segunda línea tras el haloperidol. Las benzodiacepinas sólo deben emplearse cuando el trastorno sea secundario a la abstinencia alcohólica o de fármacos.