La depresión post-ictus es un trastorno emocional que afecta a muchos de los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular. Tradicionalmente, se ha considerado el ictus como una enfermedad con repercusión eminentemente motora y los sistemas de atención hospitalaria, de rehabilitación y de seguimiento se han focalizado casi exclusivamente en esta área. No obstante, se ha comprobado que la depresión post-ictus es el principal factor de mal pronóstico en la recuperación funcional