Las asociaciones históricas de condiciones gastrointestinales con enfermedades mentales datan desde hace muchos años, previo incluso a la introducción de antipsicóticos. Las investigaciones actuales de pacientes sin tratamiento previo con antipsicóticos respaldan que la disfunción intestinal puede ser inherente al proceso de la enfermedad esquizofrenia.Los estudios genéticos y ambientales implican patologías inmunitarias en la esquizofrenia. Sería interesante evaluar si la inflamación intestinal podría estar relacionada con la activación inmunitaria asociada a posibles antígenos alimentarios en individuos con esquizofrenia y secundariamente, para determinar si este enlace se ve afectado por la medicación antipsicótica. Además, los antipsicóticos de primera y segunda generación se asocian típicamente con problemas de motilidad gastrointestinal como estreñimiento y obstrucción intestinal, pero también es probable que afecten el equilibrio de citocinas y otros aspectos de la función inmunitaria.Condiciones patológicas como, intolerancias alimentarias, exposición a Toxoplasma gondii, defectos de la barrera celular, inflamación crónica, etc., son parte de ejemplos patogénicos que interconectan la dualidad intestino-salud mental. Por lo tanto, se esperaría que cualquier patógeno, incluidos los derivados de bacterias, puedan desencadenar procesos inmunitarios adaptativos e innatos, incluida la activación de C1q.A pesar de observar diversas asociaciones entre los antígenos alimentarios con la inflamación intestinal y la esquizofrenia, es difícil determinar un factor causal específico, además de caracterizar cómo los antipsicóticos afectan a los síntomas gastrointestinales.