Hoy son pocos los hombres de ciencia que se atreverían a poner en duda la importancia de los estados anímicos, es decir aquello que no es fácilmente observable pero no por eso es menos real, en la etiología de las patologías tanto orgánicas como psicológicas y en las variaciones de la serie salud-enfermedad.Pero son muchos los hombres de ciencia que, entusiasmados por los avances tecnocientíficos, sobre todo en las áreas de las neurociencias y la ingeniería genética, creen que la