Es bien conocido en todo el mundo el uso del término psicópata para referirse a aquella persona perteneciente al ámbito jurídico-penal, al que se le conoce informalmente como delincuente, y que se caracteriza por su alta prevalencia en régimen de criminalidad, impacto social y nulo arrepentimiento de su conducta. Aunque durante siglos se atribuyeran sus conductas al trastorno mental, el primero en considerar que sus actos se alejaban de la alteración de la razón fue el psiquiatra Philippe Pinel a comienzos del siglo XIX.La normal social que confrontan estos individuos ha sido de interés importante para la Justicia y la Medicina Legal y Forense, hallando en los trabajos de Cleckey y posteriormente Robert Hare una solución para diferenciar aquellos “delincuentes” sin características de la psicopatía. La Psiquiatría, bajo la condición de especialidad médica, reunió criterios para categorizar a la psicopatía como trastorno mental, bajo los nombres de disocial o antisocial de personalidad, en las consecuentes series de la CIE y el DSM.En este texto se revisará el indistinto uso de los términos psicopatía, sociopatía y trastorno antisocial o disocial de personalidad a lo largo de la historia, su etiología, criterios diagnósticos y el impacto judicial en valoraciones para la imputabilidad. La ligereza diagnóstica y la confusión en su definición, han favorecido la perpetuación del estigma histórico que reciben estas personas. A falta de un diagnóstico más preciso y dimensional, sigue sin existir claridad para distinguir hasta qué punto el psicópata presenta un trastorno mental.