Cerca de 800.000 personas fallecen cada año en el mundo por suicidio, estimándose que en este año fallecerán un millón y medio de personas por dicha causa. Hemos de entender la conducta suicida como el producto de la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales. Dentro de las actuaciones biológicas, además de los psicofármacos, disponemos de intervenciones terapéuticas como la terapia electroconvulsiva; una técnica segura, eficaz y rápida y que, a días de hoy, se encuentra infrautilizada. En el presente trabajo revisaremos las bases biológicas de la conducta suicida y de dicho tratamiento, sus indicaciones clínicas y la evidencia disponible respecto a su uso y eficacia sobre la conducta suicida.