La esquizofrenia resistente al tratamiento (ERT) representa un desafío significativo en el ámbito de la salud mental, no solo por la complejidad de su diagnóstico y tratamiento, sino también por el impacto que tiene en la calidad de vida de los pacientes y sus familias. Esta condición dificulta el manejo clínico, dado que los enfoques terapéuticos convencionales a menudo resultan ineficaces, lo que genera la necesidad de explorar otras alternativas para mejorar los resultados terapéutico