La integración de la inteligencia artificial (IA) en salud mental está transformando los modelos tradicionales de atención, planteando oportunidades relevantes en términos de predicción, prevención y personalización, pero también importantes desafíos éticos y humanísticos. Los enfoques existentes han tendido a abordar estas dimensiones de forma fragmentada, sin un marco integrador que sitúe explícitamente a la persona en el centro del desarrollo tecnológico.