Hasta hace dos décadas la importancia del diagnóstico en psiquiatría no era tan evidente como en otras ramas de la medicina, debido a que las implicaciones terapéuticas y pronosticas del diagnóstico psiquiátrico se mostraban relativamente débiles y poco confiables (Kendell, 1975). Estos problemas se hicieron más visibles al intentar nuevas clasificaciones de los trastornos mentales, siendo una de las dificultades fundamentales la falta de acuerdo entre psiquiatras con respecto a los conc