Saber cosas del otro más allá de lo que la represión permite no implica que uno le tenga lástima o comparta su padecimiento. La empatía, en cambio, es siempre sentimental y no condice demasiado con la perversidad de los verdaderos perversos, de los que pueden ser malos y gozar allí donde nace el goce, el mal. Muchos perversos discurren larga y torcidamente para justificar su insensibilidad frente al dolor ajeno.Se comete una injusticia con Mengano, per