El trastorno dismórfico corporal es una enfermedad con una presencia significativa en el ámbito de las consultas de dermatologÃa (prevalencia del 11-13%) y cirugÃa estética (prevalencia del 13-15%). Se estima, en estudios a nivel internacional, una prevalencia puntual en población general entre 1,7-2,9%. Si bien es un trastorno que genera estÃmulo iatrotrópico, no suele ser tan común su diagnóstico en consultas de salud mental, probablemente debido a su mimetismo con otras entidades patológicas. Presentamos el caso de una mujer de 18 años, remitida desde consultas de Infanto-Juvenil con diagnóstico de trastorno depresivo mayor y escasa respuesta al tratamiento. Debutó a los 16 años con sÃntomas fóbicos sociales y verbalizaciones que denotaban una autopercepción negativa, lo que provocó absentismo escolar. Explica percepciones autorreferenciales despectivas, inicialmente respecto a sus compañeros de clase, que posteriormente se generalizaron a transeúntes en la calle. Finalmente, se revela durante el seguimiento como un trastorno dismórfico corporal a raÃz de un episodio de heteroagresividad hacia un cirujano plástico. Señala múltiples defectos fÃsicos autopercibidos, por los cuales ha solicitado múltiples intervenciones estéticas. Al término de su última intervención permaneció inconforme con los resultados estéticos, agrediendo al facultativo. A propósito del caso, se realiza una revisión bibliográfica sobre los protocolos de detección de esta entidad en consultas, asà como su abordaje terapéutico y el efecto que tienen las intervenciones estéticas repetidas sobre la evolución del cuadro.