El suicidio es un problema alarmante de salud pública. De entre los pacientes que mueren por suicidio, aproximadamente un 10% visitó un servicio de urgencias en el último mes y un 27% en los últimos 6 meses. Asimismo, estudios de seguimiento han mostrado un elevado riesgo de intento suicida en los seis meses posteriores a su visita a urgencias. A pesar de esto, en torno a la mitad de los pacientes atendidos en urgencias por ideación o conducta suicida son dados de alta.Dada la alta demanda asistencial, la disponibilidad limitada de camas en unidades de hospitalización, así como el riesgo de iatrogenia inherente a todo tratamiento, la predicción del riesgo suicida representa una parte importante en el trabajo diario de un psiquiatra en urgencias, lo cual contrasta con la escasa evidencia que respalda los procedimientos e instrumentos utilizados para la evaluación del riesgo suicida.La valoración del riesgo suicida se lleva a cabo de forma rutinaria mediante la entrevista clínica y con la ayuda de ciertos cuestionarios específicos. Dichos cuestionarios, no obstante, muestran una escasa precisión, manteniéndose la entrevista clínica como la principal herramienta. A pesar de que han sido descritos varios factores que predicen de forma independiente el riesgo suicida, como la patología somática o las hospitalizaciones psiquiátricas, aún falta evidencia suficiente sobre el peso de estos y otros factores sobre el riesgo suicida a corto plazo, que permitan elaborar un plan de tratamiento adecuado desde la sala de urgencias.