En base a la visión que aportan los cuestionarios y las opiniones recogidas en el contacto diario con las personas afectadas por el TDAH, ya sea directamente como pacientes, o indirectamente como familiares; se pueden deducir una serie de necesidades que la persona afectada manifiesta desde el mismo momento en que decide acudir demandando atención, así como otras que van surgiendo en el transcurso de el tratamiento. Entre las primeras se evidencia: - La urgencia por ser atendida, ya que, en muchas ocasiones, se resiste, se soporta o se intenta excusar que exista una problemática, hasta que ésta ya se hace insoportable o ineludible. - En el caso de la atención en consulta privada, el tener referencias sobre el profesional, es una cuestión en la que se pone énfasis; ya que es habitual llegar a esta opción tras la interpretación o evidencia de fracaso o atención poco efectiva, que se ha producido en las anteriores intervenciones recibidas. - Encontrar una explicación comprensible y empática, que les ayude a liberarse de la ansiedad, el desconcierto o el miedo, que les provoca la problemática global (personal, familiar, escolar, social) en la que se encuentran inmersos. - Una rápida valoración e identificación del problema, así como un tratamiento que mejore y solucione las dificultades y conflictos que se presentan. Tras resolverse estas primeras e importantes necesidades, en el transcurso de las sesiones, una vez identificado el trastorno e iniciada una propuesta de tratamiento, surgen otra serie de necesidades: - Conocer de manera clara el efecto del tratamiento farmacológico, su ajuste y efectos secundarios, así como aclarar todas las dudas e inquietudes que genera este tema, con vistas a encontrar una ayuda válida y razonable en la toma de decisiones. - Encontrar un modo eficaz para trasladar y conseguir una implicación seria, en las indicaciones y propuestas de tratamiento, en el ámbito escolar. - Aprender y poner en práctica estrategias y recursos orientados a reorganizar las dinámicas familiares, fomentar hábitos y rutinas; así como gestionar, de la forma más eficaz posible, las complicaciones que genera la presencia del trastorno en el ámbito familiar y social.
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