El juego patológico está incluido en las clasificaciones internacionales como un trastorno en el control de los impulsos desde su introducción en 1980 en el DSM-III, y ha sido propuesto como un modelo de adicción sin sustancia. La investigación sobre las bases biológicas de la ludopatía desarrollada desde entonces ha seguido fundamentalmente estas hipótesis etiopatogénicas, siendo los sistemas serotonérgico, noradrenérgico y dopaminérgico los más estudiados. La respuesta aplanada de