A pesar del creciente desarrollo de las técnicas dirigidas a la obtención de imágenes estructurales de alta definición e imágenes químicas y funcionales del cerebro in vivo, entre los psiquiatras clínicos existe la opinión, más o menos generalizada, de que dichas técnicas aplicadas al estudio del trastorno bipolar proporcionan una información escasa. Dicha opinión se ha forjado a tenor de las discrepancias entre los resultados de los estudios de neuroimagen realizados hasta ahora con