Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la personalidad es el Perfeccionismo. Conocido como ?Síndrome del Perfeccionista? o trastorno Anancástico de la personalidad, estamos ante un condicionante sigiloso, de buena cara inicial, fuertemente arraigado, desconocido y devastador capaz de conducir a vidas aparentemente envidiables y de infelices crónicos. La mejor sensibilidad que, para determinados valores, tienen los chicos a lo largo de su desarrollo psicológico evolutivo hace que la edad comprendida entre los 4 y los 7 años sea la más propicia para el despertar -con el consiguiente arraigo- de los rasgos obsesivos que caracterizan al síndrome del Perfeccionista.El empeño en la colocación simétrica de los objetos (libros, juguetes, cubiertos, etc. ), los escrúpulos de conciencia, la minuciosa colocación del calzado, no admitir sin un berrinche los propios y ordinarios fracasos son señales de alerta. Anancástico proviene del griego ?ananké? y ?anankasmós?, términos sugerentes de comportamiento obligado, necesidad. Se aplicó al viento que empuja las velas de los navíos, al destino de los dioses. Las escuelas más relevantes en este tema son las de Cambridge, Oxford, Toronto y Nueva York.El debate actual se centra en la pluricausalidad: genética, educación, hábitos, traumas infantiles, etc, Los niños perfeccionistas son: Competitivos, sufridores, victimistas, empeñativos, luchadores, correctores, justicieros, sacrificados y voluntaristas. La corrección del Perfeccionismo requiere un abordaje psicoterapéutico amable y confiado. En adultos y casos más arraigados suele ser precisa medicación con fármacos antiobsesivos a pequeñas dosis durante meses o años.