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Última actualización web: 06/10/2022

Papel del profesional de enfermería en educación para la salud en prevención de drogas en adolescentes.

Autor/autores: Dolors Juvinyá
Fecha Publicación: 22/12/2015
Área temática: Enfermería .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

La adolescencia es una etapa en la que se producen importantes cambios a nivel fisiológico, psicológico y social. Es el momento en el que se empieza a reivindicar el "yo" ante los demás y se genera más autonomía respecto a la familia, más relación del grupo de iguales y una mayor influencia de éstos, lo que comportará, según diversos factores, una mayor o menor probabilidad de enfrentarse de forma adecuada a conductas de riesgo. Las principales conductas de riesgo relacionadas con la salud en este grupo de edad son: accidentes de tráfico, las relacionadas con la actividad sexual (tanto embarazos no deseados como el contagio de enfermedades de transmisión sexual) y consumo de drogas.

Centrándonos en el consumo de drogas, es durante la adolescencia cuando se producen en más del 70% de los casos, los primeros contactos. Aquellos adolescentes que afirman haber recibido educación al respecto en las escuelas valoran positivamente su utilidad, pero éstos son solo el 50% del total. La situación actual indica que es preciso continuar con actividades de Educación para la Salud (EpS), tanto en el grupo de jóvenes como con las familias.

Como profesionales de enfermería debemos prestar especial atención ante esta problemática independientemente del ámbito de trabajo, bien sea desde los centros de atención primaria o de servicios de atención especializada sin olvidar la actividad comunitaria de promoción de hábitos y estilos de vida saludables. El objetivo 4 de la Región Europea de la OMS especifica y concreta que los niños y adolescentes deberán contar con mayores aptitudes para la vida y ser capaces de tomar decisiones más sanas, de este modo también se reducirá de forma sustancial el porcentaje de jóvenes implicados en formas de conducta peligrosa como el consumo de drogas, de tabaco y de alcohol.

Palabras clave: Drogas, Educación para la salud, Prevención


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Papel del profesional de Enfermería en Educación para la Salud en prevención de drogas en adolescentes.

David Ballester; Dolors Juvinyá.

* Profesor de enfermería de Salud Mental y Geriátrica de la escuela de Enfermería de Gerona(Catalunya, España)

** Enfermera

PALABRAS CLAVE: educación para la salud, prevención, drogas,

(KEYWORDS: Education for health, prevention, drugs, adolescence, alcohol)

[13/2/2004]


Resumen

La adolescencia es una etapa en la que se producen importantes cambios a nivel fisiológico, psicológico y social. Es el momento en el que se empieza a reivindicar el "yo" ante los demás y se genera más autonomía respecto a la familia, más relación del grupo de iguales y una mayor influencia de éstos, lo que comportará, según diversos factores, una mayor o menor probabilidad de enfrentarse de forma adecuada a conductas de riesgo.

Las principales conductas de riesgo relacionadas con la salud en este grupo de edad son: accidentes de tráfico, las relacionadas con la actividad sexual (tanto embarazos no deseados como el contagio de enfermedades de transmisión sexual) y consumo de drogas.

Centrándonos en el consumo de drogas, es durante la adolescencia cuando se producen en más del 70% de los casos, los primeros contactos.

Aquellos adolescentes que afirman haber recibido educación al respecto en las escuelas valoran positivamente su utilidad, pero éstos son solo el 50% del total.

La situación actual indica que es preciso continuar con actividades de Educación para la Salud (EpS), tanto en el grupo de jóvenes como con las familias.

Como profesionales de enfermería debemos prestar especial atención ante esta problemática independientemente del ámbito de trabajo, bien sea desde los centros de atención primaria o de servicios de atención especializada sin olvidar la actividad comunitaria de promoción de hábitos y estilos de vida saludables.

El objetivo 4 de la Región Europea de la OMS especifica y concreta que los niños y adolescentes deberán contar con mayores aptitudes para la vida y ser capaces de tomar decisiones más sanas, de este modo también se reducirá de forma sustancial el porcentaje de jóvenes implicados en formas de conducta peligrosa como el consumo de drogas, de tabaco y de alcohol.

Abstract

The adolescence is a phase in which important changes to social, psychological, and physiological level are produced. It is the moment in which begins to claim the self to the others and it is generated the autonomy more with respect to the family one more relation of the group of equals and a greater influence of these, what will behave, according to diverse factors, a greater or smaller probability to be faced of adequate form to conducts of risk. The main conducts of risk related to the health in this group of age are: accidents of traffic, them related to the sexual activity (so much embarrassments done not desire like the sexual broadcast illnesses contagion) and consumption of drugs. Centering us in the consumption of drugs, is during the adolescence when are produced in more than the 70% of the cases, the first contacts with the drugs. Those adolescents that affirm to have received education to respect in the schools value positively their utility, but t! hese are alone the 50% of the total. The present situation indicates that it is precise to continue with activities of Education for the Health, so much in the group of youths as with the families. As professionals of nursing we should lend special attention before this problematic one independently of the environment of work, well be since the primary centers of attention, services of attention specialized without forgetting the common activity of promotion of habits and healthy styles of life. The objective 4 of the European Region of the WHO specifies and concrete that the children and adolescents should count on greater aptitudes for the life and to be capable to take healthier decisions, in this way will also be reduced of substantial form the percentage of youths implied in dangerous forms of conduct as the consumption of drugs that of tobacco and of alcohol.



Introducción

La complejidad del desarrollo del ser humano conlleva unos cambios fundamentales que han sido divididos en diferentes etapas. Dentro de estas etapas, que deben ser consideradas como elementos de influyente interés pero no como elementos factoriales únicos, la adolescencia constituye un momento primordial en las actuaciones preventivas en el consumo de drogas. El motivo de esta afirmación radica en la demostrada situación de riesgo que se produce durante esta etapa y en el hecho de que un porcentaje elevado de personas drogodependientes han empezado a consumir durante la adolescencia. (1, 2)
Por otro lado el problema de las drogodependencias es complejo, y afecta a toda la sociedad en general, a aquellas que lo sufren, a los familiares y amigos y a toda la comunidad de una forma u otra.
Quizás la historia social de consumo de drogas ha perjudicado la situación actual y el hecho de existir drogas históricas, cultural y socialmente aceptadas haya influido en un mayor consumo y búsqueda de otras drogas en búsqueda de nuevas sensaciones.
La aparición del consumo de drogas se encuentra asociada a la presencia de una serie de factores de riesgo y a factores protectores, ambos deben de tenerse en cuenta en el momento de realizar cualquier tipo de intervención, y más aun en las actividades de prevención. (3)
En cualquier intervención que se realice, independientemente del ámbito, debe de tenerse en cuenta el aspecto educativo o formativo, tal como indica el objetivo 4 de la Región Europea de la OMS (4), donde se apuesta por una mejora de las aptitudes para la vida y una mayor capacidad para tomar decisiones sanas esperando, de este modo, una reducción en la implicación de los jóvenes en el consumo de drogas, alcohol y tabaco y de otras conductas de riesgo. Sin duda alguna se apuesta con la EpS como el elemento primordial en las intervenciones de carácter preventivo y de promoción de estilos de vida saludables.

 

La adolescencia, una etapa de transición

Desde aproximadamente los 12 años y hasta los 16, los que eran niños sufren unos cambios corporales, intelectuales y afectivos extraordinarios que generan una tensión lógica por la rápida adaptación a la transición niño-adulto que se está produciendo. No obstante, la gran mayoría realizan una correcta adaptación, superando satisfactoriamente los conflictos y el estrés que han soportado. Es un periodo donde se produce una transición a nivel:
· Psicológico, se genera una preparación e iniciación a la edad adulta, donde se reivindica el "yo" ante los otros y se busca una identidad propia, deseando, en muchas ocasiones, que ésta sea diferente a los de sus congéneres y buscando límites extremos para que así sea.
· Corporal, los cambios corporales son muy evidentes, rápidos y difíciles de asumir, además los adolescentes están muy atentos a estos cambios y a los estereotipos de belleza propios de la cultura y muy influenciados por los mas-media.
· Afectivo, la formación de identidad propia genera una necesidad de amar y ser amado de una forma no paterno o maternofilial, sino de forma independiente. En este proceso se suelen producir las primeras relaciones amorosas y es un momento de duda, en numerosos adolescentes, de las inclinaciones sexuales, y más adelante de toma de decisión sobre la propia sexualidad.
· Cognitivo, se desarrolla el pensamiento abstracto y la posibilidad de trabajar con operaciones lógico-formales. Este aspecto es fundamental para poder resolver problemas complejos.
· De valores, aparece una moral autónoma, el rechazo de las normas es una forma de reivindicarse, así mismo emergen nuevos aspectos morales y éticos de las relaciones de reciprocidad y cooperación, contra los argumentos de imposición de los adultos.
· Relaciones sociales, se produce una fuerte integración social en el grupo de iguales y se inicia el proceso de emancipación de la familia. También aparece un cambio de características del grupo, pasando de ser de un solo sexo a mixto, estrechándose los lazos entre ellos. El grupo socializa, para bien o para mal, y permite practicar conductas, habilidades, roles, generando un marco seguro y de autoafirmación. En general, contribuye a la construcción de la identidad como adulto.
Desde una perspectiva de EpS, el centro docente debe contribuir al desarrollo y la aceptación de la identidad propias, a nivel del propio cuerpo, de la autoestima, la resistencia a la presión del grupo, promover valores y hábitos saludables (5) y creando un clima de confianza y de capacidad de orientación en temas importantes en su vida como la sexualidad, el grupo de amigos, el tiempo libre, el consumo de drogas y alcohol, etc.

 

Desde aproximadamente los 12 años y hasta los 16, los que eran niños sufren unos cambios corporales, intelectuales y afectivos extraordinarios que generan una tensión lógica por la rápida adaptación a la transición niño-adulto que se está produciendo. No obstante, la gran mayoría realizan una correcta adaptación, superando satisfactoriamente los conflictos y el estrés que han soportado. Es un periodo donde se produce una transición a nivel:
· Psicológico, se genera una preparación e iniciación a la edad adulta, donde se reivindica el "yo" ante los otros y se busca una identidad propia, deseando, en muchas ocasiones, que ésta sea diferente a los de sus congéneres y buscando límites extremos para que así sea.
· Corporal, los cambios corporales son muy evidentes, rápidos y difíciles de asumir, además los adolescentes están muy atentos a estos cambios y a los estereotipos de belleza propios de la cultura y muy influenciados por los mas-media.
· Afectivo, la formación de identidad propia genera una necesidad de amar y ser amado de una forma no paterno o maternofilial, sino de forma independiente. En este proceso se suelen producir las primeras relaciones amorosas y es un momento de duda, en numerosos adolescentes, de las inclinaciones sexuales, y más adelante de toma de decisión sobre la propia sexualidad.
· Cognitivo, se desarrolla el pensamiento abstracto y la posibilidad de trabajar con operaciones lógico-formales. Este aspecto es fundamental para poder resolver problemas complejos.
· De valores, aparece una moral autónoma, el rechazo de las normas es una forma de reivindicarse, así mismo emergen nuevos aspectos morales y éticos de las relaciones de reciprocidad y cooperación, contra los argumentos de imposición de los adultos.
· Relaciones sociales, se produce una fuerte integración social en el grupo de iguales y se inicia el proceso de emancipación de la familia. También aparece un cambio de características del grupo, pasando de ser de un solo sexo a mixto, estrechándose los lazos entre ellos. El grupo socializa, para bien o para mal, y permite practicar conductas, habilidades, roles, generando un marco seguro y de autoafirmación. En general, contribuye a la construcción de la identidad como adulto.

 

Desde una perspectiva de EpS, el centro docente debe contribuir al desarrollo y la aceptación de la identidad propias, a nivel del propio cuerpo, de la autoestima, la resistencia a la presión del grupo, promover valores y hábitos saludables (5) y creando un clima de confianza y de capacidad de orientación en temas importantes en su vida como la sexualidad, el grupo de amigos, el tiempo libre, el consumo de drogas y alcohol, etc. .
Ante todo, y a pesar de las noticias alarmantes que se han dado a conocer, es preciso comentar que el consumo de drogas y alcohol entre los adolescentes no es mayor que entre los adultos, aunque si debe alarmar el momento del inicio en el consumo y el modo en cómo consumen (6). Tanto el consumo de MDMA (mal denominado éxtasis), como el de heroína, de cocaína y el aumento significativo de consumo de alcohol se produce a partir de los 20 años. Debemos destacar que el consumo de tóxicos más habitual entre la población escolar a la que nos referimos es en primer lugar de tabaco y alcohol, hachís a continuación y en tercer lugar de MDMA, debiéndose centrar por tanto cualquier intervención de forma específica en estas cuatro sustancias. Las edades de los primeros consumos se establecen en los 13, 5 años de los primeros cigarrillos, los 14, 5 años de alcohol y hachís y los 16 años los MDMA.
La droga más consumida, y sobre todo de forma más compulsiva y descontrolada, entre los chicos y chicas de 14 a 18 años es el alcohol, convirtiéndose además en una droga social que parece pasar a ser absolutamente necesaria para pasárselo bien en fiestas y discotecas (7). Se calcula que más de un tercio beben habitualmente, siendo el mayor incremento de consumo entre los 14 y los 15 años, de consumo muy importante de fin de semana y fiestas y manteniendo una forma concreta de abstinencia de lunes a jueves. El tipo de bebida varía dependiendo de las regiones y tiene un valor cultural muy importante, así como la aceptación de este consumo por sus congéneres e incluso familiares.
La segunda droga más consumida es el tabaco, siendo consumidor habitual uno de cada tres adolescentes, siendo en estos momentos más extendido entre las chicas que entre los chicos, situándose la edad de inicio mayoritariamente a los 14 años. También se observa un patrón de mayor consumo en fin de semana, como en el caso del alcohol.
La siguiente droga más consumida es el hachís y marihuana, consumiéndola con cierta frecuencia uno de cada ocho adolescentes. En este aspecto cabe destacar el importante incremento en su uso entre los 14 y los 18 años, pasándose del 3, 5% al 23%. (ver gráfico 1 y 2 sobre consumo de drogas ilegales. Fuente: Encuesta sobre drogas a la población escolar 2000. ). (8)


Gráfico 2. Experimentación y consumo de drogas ilegales en chicos de 13 a 17 años.

En cuanto a otras sustancias no tan extendidas, pero que debemos tener en especial consideración, encontramos los tranquilizantes (consumidos por un 5, 9%), y el MDMA, anfetaminas y LSD consumidos por un 3% a un 4, 5% de forma más o menos frecuente.

 

La Educación para la Salud en adolescentes

Según el estudio realizado por el Plan Nacional sobre drogas (8) se calcula que aproximadamente el 50% de los jóvenes en edades entre 13 y 17 años han recibido educación para la prevención del consumo de tabaco y el consumo excesivo de alcohol, observándose importantes diferencias entre comunidades y centros educativos. En esta misma encuesta estos jóvenes afirman que en caso de tener un problema de drogas acudirían a sus padres (31, 7%, aunque desearían hacerlo el 40%), a sus amigos o pareja (23, 2% y desearían hacerlo solo el 13, 7%) y acudirían a un centro de drogodependencias (15% y desearían hacerlo el 19, 9%).
Entre los adolescentes que han recibido formación al respecto de las drogas en los centros educativos valoran positivamente esta actividad y la consideran de utilidad ya que se crea un clima de mayor confianza ante posibles problemas o dudas lo que genera una mayor probabilidad de “hablar” sobre el tema cuando tengan o sientan necesidad.
No obstante no hay que olvidar que solo reciben esta educación la mitad de los jóvenes, a pesar de que no existe duda alguna sobre su eficacia. En determinados contextos aun existen reticencias sobre estas actividades puesto que se considera que se pueden despertar inquietudes ante un campo desconocido, argumento que carece de fundamento cuando no hay duda de que tanto las drogas legales como las ilegales pueden encontrarse fácilmente en los foros donde suelen acudir los adolescentes de una forma, por desgracia, ya muy habitual. En otras ocasiones no existe este proceso de EpS por una falta de planificación y de priorización por parte de los responsables educativos y de sanidad, y se genera a partir de iniciativas de las inquietudes de profesores, de los responsables de los centros educativos, asociaciones de padres y madres, o de los centros de atención primaria.
La EpS debe de ser una estrategia de actuación enfermera desde la atención Primaria, la atención Especializada y como actividad comunitaria de promoción de la salud, desde la que se puede conseguir una detección precoz, un abordaje del problema, facilitar un consejo al adolescente y/o a la familia, la promoción de hábitos y estilos de vida saludables en los centros docentes.

 

Intervenciones

En primer lugar no hemos de olvidar que una buena intervención debe de ser adecuada al contexto y siendo preciso conocer cual es la situación en el espacio comunitario, puesto que una misma intervención puede ser eficaz en una comunidad o grupo y no serlo en otra. Además en la contextualización debemos de tener presente las características culturales del ámbito en el que se actúa, la situación familiar, así como las características sociales y grupales, los factores de riesgo y los protectores. Puede ser absurdo plantear una formación y modificación de actitudes ante problemas inexistentes en esa realidad social que sin un análisis de situación no se podrá descubrir.
También es importante plantear la intervención desde diferentes espacios o ámbitos de intervención y dirigirlos por ejemplo hacia el adolescente, la familia, el profesorado y también hacia la comunidad.
Hay que tener en cuenta dada la edad del grupo y en general el buen estado de salud de que gozan, que se deberán plantear las intervenciones o actividades que consideremos, mayoritariamente fuera del centro de salud. Los profesionales hemos de acercarnos al grupo, en espacios que frecuentan: centros docentes, centros sociales o recreativos, clubes, etc. , y también plantear un trabajo desde una perspectiva intersectorial y comunitaria (9). Cuando hablamos de intersectorialidad queremos decir en colaboración con profesionales de otros sectores por ejemplo: docentes, psicólogos/as, policías, monitores/as, etc.
En cuanto a la metodología que puede utilizarse ha de ser variada, participativa y adaptada a las necesidades y características del grupo.
De las diferentes actividades que pueden llevarse a cabo podemos comentar algunas en los centros docentes y en los centros de salud:
· Actividades educativas en los centros docentes con los estudiantes, con grupos de padres y madres y profesores.
· Organización de exposiciones de materiales elaborados por el propio grupo, o por profesionales.
· También pueden realizarse actividades de información: campañas, charlas informativas, distribución de folletos y otros materiales, envío de cartas personalizadas, etc.
· Actividades educativas en los centros de salud en forma de consejo individualizado dirigido a la persona joven o a sus padres.
Independientemente del lugar donde realicemos las intervenciones hemos de tener en cuenta algunos aspectos relacionados con el diseño de las actividades: deben estar orientadas a los objetivos planteados, planificadas y es preciso prever su evaluación.
Para ello es importante conocer las características del grupo con el que trabajaremos: la edad, hábitos, habilidades, información previa del tema y las características del entorno.
Definir objetivos específicos operativos, ya que orientaran las actividades necesarias para conseguir cada uno de ellos, también nos ayudaran a ordenar el tipo y la secuencia de actividades y podremos diseñar la forma de evaluar la intervención o el programa. (10)
En conclusión, los programas de prevención de drogodependencias deben de partir de un conocimiento previo de la situación del grupo, de las necesidades detectadas (11) o de la identificación de la población de riesgo, que sustente la justificación, pertinencia y adecuación de la intervención. Todo ello redundará en poder planificar adecuadamente la intervención. No podemos olvidarnos de diseñar y realizar la evaluación incluyendo aspectos de resultados conseguidos a corto, medio y largo plazo, como también del proceso, con el objetivo de identificar los aspectos que han funcionado correctamente y proceder a la corrección de otros.

Tampoco podemos olvidar, dadas las características del grupo relacionado con las drogas, que es importante implicar y trabajar con profesionales de otros ámbitos o sectores, el trabajo intersectorial sin duda alguna nos conducirá a conseguir mayores y mejores resultados.

 

Bibliografía

1. Fábregas J, Ros R. Estudi del comportament dels joves estudiants de Barcelona. Generalitat de Catalunya. Departament de Presidencia, Secretaria General de la Joventut. Barcelona 1999.
2. Martínez J, García J, Domingo M, Machín AJ. Consumo de alcohol, tabaco y drogas en adolescentes. atención Primaria 1996; 18:383-5.
3. Riesgos y estilos de vida saludables. Educar en salud 1. Fondo de Publicaciones Gobierno de Navarra. Pamplona 1998.
4. OMS/FNUAP/UNICEF. Programación para la salud y el desarrollo de los adolescents. OMS, serie de informes técnicos nº 886. Ginebra: OMS, 1999.
5. Lopez JR, Antolín N, Barceló MV, Ballesteros AM, García AL. Consumo de alcohol en los escolares de un área de salud. Hábitos y creencias. atención Primaria 2001; 3: 159-65.
6. Observatorio Europeo de la Droga y las Toxicomanías. Informe anual sobre el problema de la drogodependencia en la Unión Europea. En: www. emcdda. org (consultado el 10 diciembre 2003).
7. Paniagua H, García S, Castellano G, Sarrallé R, Redondo C. Consumo de tabaco, alcohol y drogas no legales entre adolescentes y relación con los hábitos de vida y el entorno. Anales de Pediatría 2001; 55: 121-8.
8. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional Sobre drogas. Ministerio del Interior. Encuesta Sobre drogas a Población Escolar 2000. En: www. mir. es/pnd/publica/pdf/oed-5. pdf (consultado el 10 diciembre 2003).
9. Acero A, Moreno G, Moreno J, Sánchez L. La prevención de las drogodependencias en el tiempo de ocio. Asociación Deporte y vida. Madrid 2002.
10. Salud Pública, promoción de la salud y epidemiología. Ministerio de Sanidad y consumo. Ganar salud con la juventud. Ministerio de sanidad y consumo, servicio de publicaciones. Madrid 2002.
11. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional Sobre drogas. Ministerio del Interior. prevención de las drogodependencias. análisis y propuestas de intervención. 1997.


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