Última actualización web: 17/06/2021

Persona y sociedad: : Un diálogo sobre ética cristiana en el mundo de hoy.

Autor/autores: Javier Mandingorra Giménez
Fecha Publicación: 01/01/2004
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La filosofía de la ciencia de Bertrand russell y el positivismo lógico que impera en el pensamiento contemporáneo han convertido la sociedad moderna en axiomas científicos que se imponen como un modelo de comportamiento ético y social. Desde este punto de vista muchos psicólogos y filósofos que defienden las posturas positivistas a menudo critican la trascendencia, o como resultado de la concepción racionalista de Immanuel Kant que impregna la cultura niegan la existencia de Dios, y la fe que debería ser entendida como el principio rector de la conciencia moral en las organizaciones sociales pierde su sentido de ser, llegando a convertirse la psicología y filosofía positivista y racionalista en un valor imperativo ético.

El enfoque fenomenológico de Edmund Husserl y Max Scheler a diferencia de la corriente existencialista de Soren Kierkegard, ha sabido comprender la realidad de la sociedad y la metafísica de la persona, porque constituye para psicólogos y filósofos de las ciencias sociales la base principal de los principios éticos y morales que son necesarios en una civilización que por sus concepciones positivistas y racionalistas sobre la existencia y dignidad del ser humano han acabado por negar la fe y moral de la persona humana. In Memoriam. Una oración en memoria del Arzobispo Michael Courtney, Nuncio Apostólico en Burundi, que fue asesinado el 29 diciembre 2003.

Palabras clave: Comunión, Credo ut Inteligam, Emigración psicológica, Interiorización, Meditación, Unaussprechliches

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Persona y sociedad: : Un diálogo sobre ética cristiana en el mundo de hoy.

José María Amenós Vidal*; Javier Mandingorra Giménez**; Julián Castellanos González***.

Fundación psicología y Cristianismo (FPC). Comunidad de Psicólogos Cristianos.
e-mail: psicologiaycristianismo@catholic. org classroom. catholic. org/YCVFPC

* psicólogo Clínico y Social por la Universidad Central de Barcelona (España).

** Máster de orientación familiar por la Universidad de Navarra, y de Sexualidad por el Pontificio Instituto Juan Pablo II de Valencia (España).

*** Máster de psicología Comunitaria por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia).

E-mail: psicologoscristianos@catholic. org

PALABRAS CLAVE: Credo ut Inteligam, Unaussprechliches, Interiorización, Meditación, Comunión, Emigración psicológica.


 
[24/2/2004]


Resumen

La filosofía de la ciencia de Bertrand russell y el positivismo lógico que impera en el pensamiento contemporáneo han convertido la sociedad moderna en axiomas científicos que se imponen como un modelo de comportamiento ético y social.

Desde este punto de vista muchos psicólogos y filósofos que defienden las posturas positivistas a menudo critican la trascendencia, o como resultado de la concepción racionalista de Immanuel Kant que impregna la cultura niegan la existencia de Dios, y la fe que debería ser entendida como el principio rector de la conciencia moral en las organizaciones sociales pierde su sentido de ser, llegando a convertirse la psicología y filosofía positivista y racionalista en un valor imperativo ético.

El enfoque fenomenológico de Edmund Husserl y Max Scheler a diferencia de la corriente existencialista de Soren Kierkegard, ha sabido comprender la realidad de la sociedad y la metafísica de la persona, porque constituye para psicólogos y filósofos de las ciencias sociales la base principal de los principios éticos y morales que son necesarios en una civilización que por sus concepciones positivistas y racionalistas sobre la existencia y dignidad del ser humano han acabado por negar la fe y moral de la persona humana.

In Memoriam.

Una oración en memoria del Arzobispo Michael Courtney, Nuncio Apostólico en Burundi, que fue asesinado el 29 diciembre 2003.

 



Introducción

Desde el punto de vista de la lógica de la Ciencia y el sentido común de la Fe, sin lugar a dudas, se puede afirmar que DIOS, el alfa y omega, el principio y el fin, símbolo de eternidad, es DIOS de vivos y no de muertos. Porque DIOS es, y por esta razón de ser, DIOS existe.

En la Historia Sagrada, ¨La Biblia¨, YAHVÉ (¨el que es¨) se presenta de la siguiente manera: ¨. . . Yo soy el que soy . . . ¨ (Ex. 3, 14), y no cabe ninguna posibilidad de no ser en sí mismo. Por tanto, en relación con la observancia de la Ley de DIOS, unívoca y verdaderamente, no se puede obedecer a lo contrario porque no cumple con la verdad absoluta de DIOS mismo.

 

 

Capítulo I: La escolástica medieval y la filosofía de la ciencia

¨No pretendo, Señor, penetrar tu profundidad, porque de ningún modo puedo comparar con ella mi inteligencia, pero deseo entender en cierta medida tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco tampoco entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo también esto: que si no creyera no entendería.

San Anselmo de Canterbury (1033-1109), Padre de la escolástica medieval hace hablar en el ¨Proslogion¨ (1077) a alguien que busca ¨elevar su alma a la contemplación de Dios¨, con el fin de mostrar en un argumento único y breve todo lo que la fe nos enseña sobre Él.

La posición clásica de la Iglesia Católica, creer para comprender (¨credo ut inteligam¨), ejemplificada por el mismo San Anselmo, no nos presenta la fe como fruto de la razón, sino como donación divina que hay que pedir en oración y agradecer en eucaristía.

Como filósofo, San Anselmo fue un realista espiritual, de todas sus reflexiones la que ha tenido más importancia es su afirmación de que ¨Dios existe¨, y por tanto, de que el sujeto de nuestra fe en Él es el predicado de nuestra razón de ser, porque ¨Dios es¨, lo cual coincide con la aseveración de Santo Tomás de Aquino sobre que la existencia de Dios es evidente en sí misma porque esencia y existencia se identifican en Él, lo cual entra en contradicción con la lógica de Kant que critica la prueba de su existencia como predicado, y con la de russell que advierte que si ¨existe¨ no es predicado, entonces ¨Dios¨ no puede ser el sujeto de la predicación.

Si nos atenemos a la lógica de la Ciencia derivada de la teoría de falsación de Popper que se ha desarrollado durante el siglo XX y es el postulado fundamental de la metodología científica, y que afirma que para demostrar la verdad de una proposición no hay que poder falsearla, o que si la falseamos podemos demostrar que no es verdad. Por este principio, podemos llegar a la conclusión de que la afirmación positivista Ruselliana, y por tanto racionalista Kantiana, incurren en una falacia metodológica al prescindir de la verdadera estructura de la oración en la que desde el punto de vista de su función gramatical ¨Dios¨ desempeña el sujeto y ¨existe¨ el predicado. De este modo, y sin lugar a dudas podemos dar razón de fe a San Anselmo de Canterbury y Santo Tomás de Aquino.

En este mismo sentido, si Marx que proclamaba contra el cristianismo que el objeto último de la fe es una ilusión, ello viene a colación para demostrar que la enfermedad del alma es la razón sin fe que se extravía en la locura, y se convierte en sin razón, como así ocurrió a Nietzsche. Por tanto, la afirmación de que el ateísmo de la edad moderna está fuera de toda lógica y es irracional tiene sentido común.

Ludwig Wittgenstein (1889 - 1951) y el positivismo lógico.

Ludwig Wittgenstein nace en el seno de una familia judía católica en el año 1889, en la ciudad austríaca de Viena, realizará estudios de ingeniería, y se trasladará a Manchester para especializarse en análisis matemático y aeronáutica. En la Universidad de Cambridge, conocerá a Bertrand russell, y tomará contacto con la filosofía de la ciencia. Durante la Iª Guerra Mundial, regresará a Austria y servirá como oficial del Ejército. Posteriormente, volverá a Inglaterra y publicará el ¨Tractatus logico-philosophicus¨. No obstante, entre 1919 y 1926 experimentará una transformación que le llevarán a la publicación de ¨Investigaciones filosóficas¨.

1. La psicología de la Filosofía.

a) Un análisis del lenguaje.

Uno de los grandes pensadores seminales del siglo XX ha sido Wittgenstein, que aunque situado con razón por los críticos en el campo del positivismo lógico de russell, del cual recibirá una gran influencia, se desmarcará de su filosofía científica, y aportará desde su ¨principio de verificabilidad¨ una filosofía analítica que pretende demostrar que solamente tienen significado aquellos enunciados que son empíricamente verificables. Es decir, en la misma línea que Karl Popper y su metodología de la ciencia, que expondrá el ¨principio de falsación¨ como una de las bases fundamentales de los postulados científicos, y que afirma que cualquier hipótesis que pretenda ser verificada se debe resistir al hecho de que sea posible falsearla, es decir, sustentarse en el principio de que toda verdad es empíricamente demostrable sino se puede probar su falsedad.

El lenguaje de la ciencia es y debe permanecer como imágen de los hechos, entonces sólo las proposiciones y los enunciados referidos a contenidos empíricos constituyen un lenguaje auténticamente científico. Por esta razón, Wittgenstein en referencia a la mística y en comparación con la ciencia, la describe, como algo prácticamente indecible, inexpresable (¨unaussprechliches¨), porque tiene que ver con el sentido de la vida, con el hecho de que exista el mundo, con lo ético, es decir, aceptando la existencia de lo místico, y desmarcándose de la idea de la ciencia de russell como principio ético. En palabras suyas: ¨Mi obra consta de dos partes: una la que he escrito. Otra la que no he escrito. Esta segunda es la más importante¨.

b) La terapia semántica.

Wittgenstein considera necesaria una ¨terapia semántica¨, en la que el filósofo debe ser un terapeuta que nos cure de las especulaciones, y debe limitarse a describir el modo cómo se usan los vocablos para expresar la realidad, aquella misma que está sujeta a las reglas convencionales según el contexto en el que se dan los diversos usos del lenguaje. Por tanto, la filosofía no debe ser especulativa, sino analítica, lógica y mística, que según el lenguaje en que se expresa, la primera consistirá en un análisis del lenguaje, el que nos muestra una imágen, y los otros lenguajes como el lógico nos mostrarán la verdad sobre los hechos. Pero también, existe lo místico, es decir, Dios, que es en sí mismo, inefable, y que tan solo es necesario que se revele.

La filosofía como resultado de la dialéctica se puede convertir en mera especulación intelectual, y es menester recuperar su razón de ser puramente descriptiva, la lógica de lo real y de su verdad revelada.

2. Una revelación sobre la existencia de Dios.

Entre las influencias más tempranas e importantes que marcaron la vida de Wittgenstein, encontramos la doctrina del Verbo de Dios, o el Logos del IV Evangelio según San Juan, y los principios filosóficos helénicos y cristianos de San Agustín, y después de ser profesor de Universidad en Inglaterra y de convertirse por voluntad propia en maestro de una escuela austríaca, la vida le llevará a ser jardinero en un Convento, y a desprenderse de su herencia entre sus hermanos. No obstante, volverá a Cambridge a petición de la Universidad, para impartir clases de filosofía hasta que sobreviene la IIª G. M. en la que participará como camillero en un hospital londinense. Finalmente, tras un corto periodo de tiempo abandonará definitivamente la cátedra universitaria, de la que con nostalgia escribirá años después ¨Cuadernos Azul y Marrón¨, lecciones dictadas en inglés de los cursos 1933-34 y 1934-35. Y pasará sus últimos días en la costa occidental de Irlanda, hasta que el cáncer hace mella en su salud y acaba con su vida en 1951. Su frase lapidaria: ¨Dígales que he tenido una vida muy feliz¨.

Las bases de su análisis del lenguaje, en el que más que fijarse en los significados lo hace por sus usos, descubre lo importante que es aclarar el significado de las palabras en el contexto de su uso y según su reglamentación propia, este es el criterio de la filosofía, comprender la función de las palabras en los diversos lenguajes, de como se relacionan con la vida, de como expresan los sentimientos de las personas que hacen uso de ellas. Es erróneo, pues como dice Wittgenstein, y en la misma línea que se hallaría la fenomenología de Edith Stein, afirmar que la filosofía intenta explicar el sentido de la vida a partir de lo que está más allá de lo fenomenológico, de ese mundo del que Nietzsche busca su explicación como resultado de una especulación sobre la voluntad de poder, remitiéndonos a falsos problemas.

 

 

Capítulo II: La doctrina social y el magisterio de la Iglesia

Karol Wojtyla, S. S. el Papa Juan Pablo II, en su tesis doctoral (1953) sobre Max Scheler, díscipulo de Edmund Husserl, padre de la fenomenología, y en la línea de Edith Stein, concibió sobre estas bases la necesidad de construir una ética cristiana entroncada en la Doctrina social de la Iglesia que desde León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, Pablo VI y Juan Pablo I ha derivado en el paradigma de la civilización moderna.

El Cardenal Joseph Ratzinger de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entiende que la concepción tomista que arranca de la Edad media ha adquirido una revalorización en la actualidad, y que comprendiendo más la fe como el fruto de un sentimiento vivido por la gracia de Dios que como el resultado de la razón, considera también importante centrar además en otras corrientes de pensamiento actuales la verdadera dimensión del hombre en su búsqueda del sentido de la vida.

El realismo espiritual es una innegable corriente de pensamiento en la historia de la humanidad que encuentra en el siglo XX, entre sus más acérrimos defensores a Emmanuel Mounier y el personalismo cristiano.

Emmanuel Mounier (1905 - 1950) y el personalismo cristiano.

¨. . . toute personne a une signification telle qu´elle ne peut être remplacée à la place qu´elle occupe dans l´univers des personnes. . . ¨

El personalismo cristiano ha sido uno de los fundamentos que han permitido la renovación de la vida social de la postguerra, después de la IIª Guerra Mundial su apuesta decidida en favor de la integridad de la persona se ha dejado sentir hasta nuestros días, y la influencia de la publicación de la Revista ¨Esprit¨que plantea debates en campos muy diversos como la política, la filosofía, los movimientos sociales, . . . hacen de su fundador uno de los pensadores cristianos más influyentes del siglo XX.

Un enfoque de la psicología Cristiana comprometida por las personas y sus comunidades, capaz de responder a las exigencias esenciales del espíritu humano desde una perspectiva personal, social y comunitaria.

1. El pensamiento contemporáneo del siglo XX.

Emmanuel Mounier interpretó la crisis de la civilización del siglo XX, y es uno de los intelectuales que mejor comprendió las principales corrientes del pensamiento contemporáneo.

El humanismo de Marx o el comunismo, que en su misma esencia, supone una crítica violenta contra la religión, y de Nietzsche o el nihilismo, que es la aversión más absoluta y brutal contra el cristianismo y la fe en Dios.

El psicoanálisis de Freud que aun cuidando bien de declararse ateo, desde sus primeros escritos se interesó por el problema religioso, pero no alcanza nada más. Por consiguiente, su descubrimiento no parece utilizarlo más que para justificar y reforzar su posición inicial, que reconocido entre los discípulos heterodoxos de la escuela vienesa, en Fromn llega a una propuesta de socialismo humanista que muestra sus simpatías por las teorías marxistas.

El existencialismo de Sartre que es una de las manifestaciones más representativas del Occidente contemporáneo, y tuvo su apogeo en la Francia de la segunda postguerra o en Alemania, y pretende ser la expresión de un nuevo humanismo ateo, como el de Camus que aunque negó formalmente su pretendida adscripción a la escuela de Sartre y al humanismo marxista, recibe una influencia incontestable de Nietzsche que rechaza la existencia de Dios.

El humanismo científico o positivismo de russell que critica la trascendencia y la moral religiosa, y eleva la visión científica a un imperativo ético.

El personalismo cristiano como respuesta a este clima de incredulidad antepone un realismo espiritual, la afirmación del valor absoluto de la persona humana, que para el cristiano se funda sobre el dogma de fe que el hombre está hecho a imágen y semejanza de Dios.

2. Una profunda vocación personal y cristiana.

La persona es vocación, esta es una de las afirmaciones en las que se apoya el personalismo cristiano, el sentido de una trascendencia que en lo más profundo de nuestro ser humano nos llama a la superación, y que el hombre escucha en cuerpo y alma porque es un ser encarnado.

La profunda vida espiritual de E. Mounier, que sobre todo se esforzó en la meditación y oración, da a luz una filosofía que aparece como una síntesis de los valores del humanismo contemporáneo, y que en un acto de fe afirma el valor absoluto de la persona humana.

El personalismo cristiano rechaza a la vez los materialismos históricos o dialécticos que rebajan al hombre a la materia, y las ideologías sociales que lo reducen a una idea, y propugna un ¨realismo espiritual¨.

La bancarrota de Wall Street (1929) y la crisis del capitalismo presentaba dos explicaciones: la primacía del dividendo sobre el trabajo, y del consumo sobre la producción; se oponían una crisis de la estructura, de su economía y mercado, que necesitaba un cambio de sistema, y una crisis del hombre, de sus costumbres y valores, que proponía un cambio de sociedad.

Estas dos realidades, afirma E. Mounier se superponen indisociablemente, y traza las condiciones esenciales, la crisis es, a la vez, de la economía y sus estructuras, del hombre y espiritual.

Las estructuras cambian a las personas, y a la inversa, las personas pueden cambiar las estructuras.

Por esta razón, E. Mounier por medio del pensamiento y la acción pretendió promover una nueva civilización del mañana, basada tanto en estos valores individuales y privados que habían sido preconizados por los diversos existencialismos, como en los valores colectivos y comunitarios, que principalmente habían sido asumidos por el marxismo, y que a la luz de la Doctrina Social del Magisterio de la Iglesia han adquirido su verdadera dimensión en el valor de la persona humana y el bien común.

La persona con vocación y carisma en una comunidad cristiana al servicio de la Iglesia.

E. Mounier considera necesario restablecer la jerarquía moral de las necesidades, se debe operar una reforma de las estructuras y realizar una comunidad fundada en el respeto de las personas, y su afirmación radical es que los cristianos son los más indicados para llevar a cabo esta tarea. Para esto, una revolución es necesaria, ha de ser personal y comunitaria.

La vocación es la llamada a una superación en el sentido de una elevación, de una trascendencia, y su exigencia es la continua conversión, a la que sigue la ¨interiorizacion¨ (presencia de sí mismo) y la ¨meditación¨ (reflexión profunda), y finalmente la ¨comunión¨ (diálogo en común) con Dios. En esta experiencia es donde se fundan los valores del silencio y el retiro, y la noción definitiva de la persona se descubre sólo en el cristianismo: el fundamento objetivo absoluto es Dios creador y centro de valores. El movimiento profundo del ser que empuja al hombre hacia una comunión con los demás, coincide con una experiencia fundamental que es la comunicación.

E. Mounier es realista y la comunicación se le revela en términos de oposición (. . . existir es decir sí, es aceptar, es adherirse, . . . saber decir no, saber protestar, . . . saber decidirse . . . ) y resulta beneficiosa si acaba en diálogo, la vida personal es afirmación y negación sucesivas de sí mismo. Para que la familia, la escuela, la nación, etc . . . sean una auténtica comunidad, es la misma sociedad la que ha de ayudar a sus miembros a ser personas.

El hombre, aunque sumergido en la naturaleza, puede evadirse de ella por una doble capacidad: la de comprender y la de transformar. El trabajo, más que una obligación, es una necesidad fundamental para humanizar y descubrir la solidaridad, y finalmente para promover la vocación personal y social, su fidelidad y responsabilidad con la comunidad.

El realismo espiritual del personalismo cristiano se sitúa en un nivel elevado y eficaz, a nivel de profeta, testigo de lo trascendente, con aquel, se opone la libertad al miedo de vivir, su seguridad está basada en la paciencia y la confianza, el sufrimiento, si es el don de sí que corona todos los demás, adquiere un valor fundamental, y la contemplación es la cumbre de esta lucha incesante consigo mismo, con la naturaleza y con los demás, con un fin que alcanzar, que buscar, es la visión de un ideal, virtud de fortaleza, llamada de lo absoluto, el hombre contemplativo y trabajador, el triunfo del amor y la caridad, el valor redentor de la obra humana una vez asumida por la gracia divina.

 

 

Para el cristiano, cada persona está creada a imágen de Dios, llamada a estar en el seno de la Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo, y a obrar mediante la acción del Espíritu Santo, que en unidad con el Padre y el Hijo, alcanza la concepción mística de la Trinidad.

Por otra parte, no se puede aspirar al progreso sin un fin determinado en nombre de la fe. E. Mounier identifica en Dios la finalidad suprema del avance del mundo, por el que el hombre se entrega a lo esencial de su dignidad personal entera y absoluta.

 

La Vida y Obra de Karol Wojtyla. Nota biográfica (1920 - 1978).

¨. . . estas breves lineas han sido dedicadas a Karol Józef Wojtyla, que desde su niñez labró una vida de entrega por los demás, y que a pesar de perder a su familia a una pronta edad, nos ha convertido a todos nosotros en sus hijos y hermanos en Cristo . . . ¨.

Una vida de entrega por los demás.

Nacido el 18 de mayo de 1920 en la población de Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, al sur de Polonia, recientemente terminada la Iª Guerra Mundial y proclamado su pais como independiente en el Tratado de Paz de Versalles (28 de julio de 1919), que resurgirá después de 123 años de estar repartido entre las naciones de Rusia, Prusia y Austria.

1. La escuela secundaria de Wadowice y la Universidad Jagellonica de Cracovia.

Karol Wojtyla fue bautizado por el P. Franciszek Zak, el 20 de junio de 1920, a los 9 años hizo la Primera Comunión, y en 1938 recibió la Confirmación, empezará a cursar sus estudios el 15 de septiembre de 1926 en la escuela de Marcin Wadowita en su pueblo natal de Wadowice (con residencia en la hoy vía Koscielna, 7, int. 4), su profesor de religión Edward Zacher, será quien cultivará su interés por la astronomía, y terminado el bachillerato ya habrá adquirido un dominio asombroso de los clásicos latinos y griegos. En 1938, frecuenta el círculo teatral (¨Studio 38¨) de Tadeusz Kudlinski, y se matricula en la Universidad Jagellonica de Cracovia en filología polaca, y aunque vivía en la más extrema pobreza pudo matricularse, debido a sus excelentes calificaciones.

La temprana pérdida de sus familiares más queridos, el 13 de abril de 1929 fallece su madre de orígen lituano Emilia Kaczorowska, al dar a luz a su hermana que murió antes de nacer, el 5 de diciembre de 1932, a los 12 años la repentina pérdida de su hermano médico, Edmund Wojtyla, a causa de una epidemia de escarlatina que contrajo cuidando a los enfermos, su traslado a Via Tyniecka, 10 (Cracovia) a mediados de 1938, y el 18 de febrero de 1941, el fallecimiento de su padre Karol Wojtyla, sub-oficial retirado del ejército austro-húngaro y profundamente religioso, por un ataque al corazón, ante quien pasó una noche de rodillas rezando, y de quien dice según su propio testimonio que recibió la mejor formación: "Bastaba su ejemplo para inculcar disciplina y sentido del deber. Era una persona excepcional". Estos serán los acontecimientos que marcarán su vida posterior, y también la llegada de la ocupación nazi de su país que en 1939 cerraron la Universidad.

Desde siempre albergará la esperanza de pertenecer a los carmelitas descalzos, orden en la que ingresará en su rama femenina, la judía católica, mártir y santa, Edith Stein. A los 19 años, y sobre sus compañeros y catequista, Jan Tyranowski, un sastre de Cracovia, que les inicia en la tradición carmelitana de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila, el mismo Karol Wojtyla nos dice: no sabíamos por qué era tan atrayente. Sus palabras no eran originales, pero nos tocaban. Su vida interior daba peso a sus palabras, explicaba cada uno de sus comportamientos, atraía a pesar de todas sus reservas y resistencias.

2. El Seminario clandestino en la residencia del Arzobispo Metropolitano.

El 1 de septiembre de 1939, las fuerzas alemanas entran en Polonia, y aviones nazis llevan a cabo los bombardeos de Cracovia, cinco días después, era tomada. A las pocas semanas, el mando del IIIer. Reich impuso trabajo forzoso a toda la población judía de más de 12 años, que posteriormente se convertirá en la deportación de tres millones de judíos, entre ellos, Karol Wojtyla tenía amigos y compañeros de colegio, que siempre estarán en la memoria de quienes vivieron esos acontecimientos, poniendo en riesgo su propia vida, salvaría la vida de muchos judíos. La Iglesia católica sufre persecución por el nazismo, muchas iglesias de Polonia son cerradas, sacerdotes, monjes y religiosas son deportados, más de tres mil no sobrevivirán.

a) Las canteras de Zakrzówek y en la fábrica de la Cía. Solvay.

Karol Wojtyla forzado por la situación política que atraviesa su patria ocupada por los alemanes, el desempleo, la persecución religiosa y cultural, la Catedral y la Universidad cerradas, las deportaciones, . . . deberá continuar su formación de forma clandestina en una Universidad organizada por él y un grupo de jóvenes, en la misma ciudad de Cracovia, donde estudiará filosofía, idiomas y literatura, . . . donde las clases serán mayormente individualizadas por temor a ser descubiertos.

Durante este periodo de tiempo para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania, se verá obligado a combinar sus estudios secretos de Teología con el trabajo manual en una cantera y en una fábrica de productos químicos siempre al amparo de sus compañeros de fatigas, porque ser detenido como seminarista secreto significaba la muerte en un campo de concentración. El 1 de noviembre de 1940, Karol Wojtyla empieza a trabajar en las canteras de Zakrzówek y en la fábrica de la Cía. Solvay.

En la cantera se arrancaban grandes bloques de piedra caliza por medio de cargas explosivas y se trasladaban por ferrocarril de vía estrecha hasta una planta situada en el distrito industrial de Borek Falecki, él tendía raíles y hacía de guardafrenos, colocaba los explosivos y las mechas en la roca, las raciones de alimento que recibía de los alemanes es porque las suministraban a los obreros que hacían trabajos más duros, y el invierno era de una dureza extrema, con grandes nevadas y temperaturas bajo cero. Perdía peso rápidamente y sentía frío en los huesos y agotamiento constante, solo una vez al día y en grupos, los alemanes permitían que los obreros pasaran quince minutos dentro de una barraca en la que había una estufa de hierro, donde comían su almuerzo.

A primeros de agosto de 1941 es acogido en casa de la familia Mieczyslaw Kotlarczyk, y en la primavera de 1942 es trasladado de la cantera a la fábrica principal, una de sus tareas hasta mediados de 1944, fue acarrear a mano cubos de madera llenos de jalbegue de los hornos, empleando 2 horas en ir y otras tantas en volver, a veces hacía turno doble y de noche para ahorrarse esos largos viajes de ida y vuelta, y poder dedicarse a estudiar.

Stefania Koscielniakowa, que trabajaba en la cocina de la planta, recuerda que su supervisor señaló en una ocasión a Karol Wojtyla y le dijo: este chico reza a Dios, es un chico culto, tiene mucho talento, escribe poesía. . . ; no tiene madre, ni padre. . . ; es muy pobre. . . , dale una rebanada de pan más grande porque lo que le damos aquí es lo único que come. Iba todos los días al salir de trabajar de la cantera, para rezar ante la tumba de su padre. Karol Wojtyla se levantaba al amanecer para ir a misa a las seis y media, a veces después de salir del turno noche, luego volvía a la fábrica Solvay, donde pasaba el resto del día, visitaba el cementerio y volvía a casa para hacer los deberes del seminario.

Después de la muerte de mi padre dirá el Santo Padre en diálogo con André Frossard : . . . poco a poco fui tomando conciencia de mi verdadero camino. Yo trabajaba en la fábrica y, en la medida en que lo permitía el terror de la ocupación, cultivaba mi afición a las letras y al arte dramático. Mi vocación sacerdotal tomó cuerpo en medio de todo esto, como un hecho interior de una transparencia indiscutible y absoluta. Al año siguiente, en otoño, sabía ya que había sido llamado. Veía claramente qué era lo que debía abandonar y el objetivo que debía alcanzar "sin una mirada atrás".

En 1942, ingresará en la Universidad Jagellonica, en el Departamento de Teología, época en la que vivirá oculto, el hecho de su ingreso al seminario - que se había establecido clandestinamente en el Palacio del Arzobispo Metropolitano, futuro Cardenal Adam Stefan Sapieha - debía quedar en la más absoluta reserva, por lo que no dejó de trabajar como obrero en Solvay. Estuvo en esta situación hasta el 18 de enero de 1945, fecha en que los alemanes abandonaron la ciudad.

El 29 de febrero de 1944, Karol Wojtyla sufrió un grave accidente, un camión del ejército alemán le golpeó al pasar, quedó tendido en el suelo con una fuerte conmoción cerebral, estuvo nueve horas inconsciente, hasta el 12 de marzo en el hospital, y varias semanas de convalecencia. A primeros de agosto estalló el levantamiento en Varsovia, momento en que interrumpe su contacto con la Cía. Solvay y desemboca en el ¨domingo negro¨ de Cracovia, el mando alemán hizo una redada en la ciudad, irrumpieron en la residencia de Karol Wojtyla, y permaneciendo arrodillado y rezando en silencio, los soldados no lo encontraron.

 

 

b) La Unia y el Teatro Rapsódico.

En esta época de grandes dificultades para él y toda Europa, y ante la desintegración moral y social que experimenta su nación, decidirá prestar juramento en el movimiento polaco de resistencia de la ¨Unia¨, que en sus orígenes principalmente se constituirá para proteger a los judíos de la diáspora perseguidos por el IIIer. Reich, pero que acabará desarrollando actividades clandestinas contra el régimen fascista. En este momento, seguirá ayudando a familias judías para que puedan escapar de la persecución del régimen nacionalsocialista y se integrará en la rama política de la ¨Unia¨ como miembro no combatiente, y en su vertiente cultural se convertirá en el máximo responsable del grupo teatral en la clandestinidad que tomará el nombre de ¨Teatro Rapsódico¨ y que por medio de sus representaciones y obras teatrales conseguirá el objetivo de exaltar los valores nacionales y tradicionales entre sus compatriotas.

En un episodio poco conocido sobre su vida, Karol Wojtyla fue salvado del fusilamiento y la deportación a Siberia ordenada por Stalin, la disposición sobre los oficiales, maestros y seminaristas recién ocupada Polonia, el mayor Vasilyi Sirotenko, no podía fusilarlo porque era demasiado útil, sabía idiomas y conocía la ciudad, y por exigencias relativas a las operaciones militares que tenían lugar en Cracovia, Karol Wojtyla y los demás no deberían ser deportados, y los seminaristas de la cantera Solvay estaban los primeros de la lista.

 

Otras revelaciones las encontramos en Edith Zirer, una judía que siendo niña estuvo en un campo de exterminio nazi. Edith Zirer, una judía israelí, revela cómo fue socorrida por Karol Wojtyla al final del holocausto nazi: ¨Me acuerdo perfectamente. Me encontraba allí, era una niña de trece años, sola, enferma, débil. Había pasado tres años en un campo de concentración alemán, a punto de morir. Y Karol Wojtyla me salvó la vida, como un ángel, como un sueño venido del cielo: me dió de beber y de comer y después me llevó en sus espaldas unos cuatro kilómetros, en la nieve, antes de tomar el tren hacia la salvación¨. El 28 de enero de 1945 los soldados rusos liberaron el campo de concentración de Hassak, donde había estado encerrada trabajando en una fábrica de municiones, explica Edith.

3. El Sacerdote. La Metafísica de la persona.

Posteriormente, recien terminada la IIª Gerra Mundial, continuó sus estudios en el Seminario Mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellonica, hasta su ordenación sacerdotal en la capilla privada del Arzobispo Metropolitano Adam Sapieha, con tan solo 26 años, el 1 de Noviembre de 1946, fiesta de todos los Santos, celebró al día siguiente su primera Misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel, y desde los primeros tiempos ejercerá su sacerdocio y labor pastoral en la misma ciudad de Cracovia. Seguidamente, fue enviado a Roma, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange.

a) La teología mística.

En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda. Y con tan solo 28 años ya obtendrá su primer doctorado que versará sobre teología mística y se centrará en la Doctrina de fe de un gran místico español: San Juan de la Cruz, desde la perspectiva de Santo Tomás de Aquino. El reverendo doctor Karol Wojtyla, al poco tiempo de obtener su licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia ¨Angelicum¨ de Roma (3 julio 1947), el 19 de junio de 1948 concluyó su doctorado, también con las mayores notas posibles, aunque no pudo recibir entonces el título de doctor por carecer de recursos necesarios para imprimir su tesis. Así pues, como díscipulo de la orden de los hermanos predicadores dominicos, que seguirán las enseñanzas de Aristóteles, primer filósofo clásico que dedica un Tratado a la psicología, y de Santo Tomás de Aquino, monje dominico italiano y filósofo escolástico del siglo XIII que llevará el nombre de ¨Doctor Angelicus¨, y fieles a la doctrina de San Agustin, que recibirá el título de ¨Defensor Civitatis¨ y basará sus tesis en las obras de Platón, serán quienes ejercerán una mayor influencia sobre su pensamiento, convirtiéndose de este modo en un gran conocedor tanto de las concepciones platónicas y agustinianas, así como de las aristotélicas y tomistas que encierra la Iglesia a lo largo de su historia.

b) La fenomenología y ética cristiana.

Pero una vez más y a causa de la instauración del nuevo régimen comunista y la KGB, todo desembocará en una situación que resultará nuevamente muy difícil para su vida, Polonia y los otros países del Este europeo. De vuelta a Polonia, se convierte en el Vicario de Niegowic, y posteriormente es trasladado a la Parroquia de San Florián prestando servicios como capellán en la Universidad de Cracovia, cuando reanudó sus estudios filosóficos y se dedicará a la enseñanza de la ética cristiana en los seminarios teológicos más importantes de Polonia, donde acentuará su caridad intelectual y creciente interés por la fenomenología. Por esta razón, a los 33 años obtendrá un nuevo doctorado en la Universidad Católica de Lublin, gracias a su tesis doctoral centrada en esta ocasión en la ¨Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler¨ (3 diciembre 1953), discípulo del padre de la fenomenología, Edmund Husserl, y de quien había sido su asistente personal, Edith Stein.

c) El tomismo lublinense.

Finalmente, después de ser profesor de Teología Moral y Ética Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de la única Universidad Católica autorizada por el gobierno comunista, la de Lublin (KUL), llegará a obtener como profesor la titularidad del Instituto de Ética en 1956, donde ejercerá su Cátedra con una gran actividad investigadora y labor docente, convirtiéndose en uno de los intelectuales más reconocidos de la época, y siendo especialmente conocido en este periodo en la vertiente del ¨tomismo lublinense¨.

4. El Obispo y Cardenal.

Karol Wojtyla con tan solo 38 años de edad, el 4 de julio de 1958, será nombrado por Pío XII obispo auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Eugeniusz Baziak, siendo el miembro más jóven del Episcopado polaco, recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la Catedral del Wawel (Cracovia), de manos del mismo Arzobispo Eugeniusz Baziak. En 1960 escribió su ¨Amor y Responsabilidad¨, excelente trabajo de ética sexual.

a) El Concilio Vaticano II.

Vicario capitular de Cracovia, designado el 16 de julio de 1962 participó como ponente eminente en las arduas y extensas sesiones del Concilio Vaticano II (1962-65), siendo elegido para formar parte de tres comisiones: Sacramentos y Culto Divino, Clero y Educación Católica, y especialmente encomendado para la redacción en la comisiones responsables de la constitución Dogmática ¨Lumen Gentium¨, y Conciliar ¨Gaudium et Spes¨.

b) La Ostpolitik.

Muy pronto, el 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo Metropolitano de Cracovia por Pablo VI, y a sus 47 años, el 28 de junio de 1967 le impondrá el capelo cardenalicio, ejerciendo siempre su apostolado por los pobres y más necesitados en esta su ciudad, y durante la dominación comunista, llegando incluso en contra de la voluntad de las autoridades, a inagurar una iglesia en Nowa Huta. Fue entonces que la Sede Apostólica puso en marcha su conocida Ostpolitik, el Cardenal Karol Józef Wojtyla asumiría un importante papel de diálogo entre la Iglesia y el Estado en defensa de la dignidad y derechos de toda persona humana, así como la defensa del derecho de los fieles a profesar libremente su fe.

c) Los Sínodos de Obispos y el Secretariado de la Santa Sede.

El Cardenal Wojtyla tomó parte en todas las asambleas del Sínodo de los Obispos. Participó en la Iª Asamblea Ordinaria del Sínodo Mundial de los Obispos en la ciudad del Vaticano del 29 de septiembre al 29 de octubre de 1967. Autor en 1969 de ¨Persona y Acto¨, trabajo en que analiza la decisión humana como la principal fuente de la responsabilidad moral del hombre. Participó en la IIª Asamblea Ordinaria del Sínodo Mundial de los Obispos en la ciudad del Vaticano del 30 de septiembre al 6 de noviembre de 1971; como relator en la IIIª Asamblea Ordinaria del Sínodo Mundial de los Obispos en la ciudad del Vaticano del 27 de septiembre al 26 de octubre de 1974. En 1976, dirige los ejercicios espirituales para Su Santidad Pablo VI y para la Curia vaticana. Participa en la IVª Asamblea Ordinaria del Sínodo Mundial de los Obispos en la ciudad del Vaticano del 30 de septiembre al 29 de octubre de 1977. Miembro del Secretariado General de la Santa Sede entre 1977 y 1978, llegando a ser la personalidad más importante del episcopado polaco después del muy respetable y venerable anciano Cardenal Stefan Wyszynski de Varsovia.

5. El Sumo Pontífice.

El 16 de octubre de 1978, Karol Wojtyla será elegido por el cónclave Vaticano como el 264º Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y escogerá el nombre de S. S. el Papa Juan Pablo II, dando continuidad al Pontificado de su antecesor Juan Pablo I, y de cuyo fallecimiento muy poco después de su elección como Papa había dejado consternados a católicos del mundo entero.

Con 11 doctorados ¨honoris causa¨ en su haber, y recientemente celebrado el XXV Aniversario de su Pontificado, en el transcurso de toda su vida, siempre ha mostrado una gran devoción por San Estanislao del siglo XI y Santa Eudivigis de finales del siglo XIV, siente un gran vínculo personal por el Cardenal Stanislaw Hozjusz de Warmia, teólogo polaco de la ¨Edad de Oro¨ del siglo XVI, y también una gran veneración por la ¨Virgen Negra¨, proclamada reina de la corona polaca desde mediados del siglo XVII, y que se encuentra en el monasterio paulino que se alza en la cima de Jasna gora, entre Varsovia y Cracovia, en la población de la que recibe el mismo nombre ¨Nuestra Señora de Czestochowa¨. La imágen de la vírgen es un icono de estilo bizantino, que la tradición más antígua afirma que fue pintado por el propio evangelista San Lucas sobre una tabla de madera que fue la misma mesa que utilizaría la Sagrada Familia en su pueblo de Nazareth.


Conclusión

1. La persona humana y la Doctrina Social en la Encíclica ¨Rerum Novarum¨ y ¨Centesimus Annus¨ (1891 - 1991).

Desde la sede de San Pedro hasta las comunidades de base, han contraído con el gran Papa León XIII y la encíclica ¨Rerum novarum¨ (15 de mayo de 1891) una deuda de gratitud, porque siguiendo las huellas de sus predecesores contribuyó a establecer lo que se ha dado en llamar la doctrina social cristiana del magisterio de la Iglesia Católica, como dice Juan Pablo II, a los cien años de su publicación, en ¨Centesimus annus¨, un corpus único de enseñanzas que han permitido analizar las realidades de la sociedad y orientar la solución de los problemas, y que hoy en día ya constituye a la luz de la historia, el paradigma de la civilización.

La ¨Rerum novarum¨ sobre el conflicto entre el capital y el trabajo, critica los dos sistemas económicos: el liberalismo y socialismo; esta encíclica sobre la concepción cristiana de la organización social y política así como de las condiciones a las que el nuevo proceso de industrialización había reducido a la población insiste en los necesarios límites de la intervención del Estado, porque el individuo, la familia y la sociedad son anteriores y su único deber es tutelar sus derechos, es decir, en la justa medida en que cuanto más indefensos están los ciudadanos tanto más necesitan el apoyo y el cuidado de los demás, y en particular de la autoridad pública para poner un remedio justo a la condición de los pobres por el principio de solidaridad.

Hay que tener presente como dice Juan Pablo II, que lo que constituye la trama de la encíclica es la concepción de la dignidad de la persona humana en la que Dios ha impreso su imágen y semejanza (Gén. 1, 26).

La vocación se expresa y realiza en la dignidad del trabajo que tiene una dimensión social, por su relación con la familia o el bien común de la propiedad privada, y del que derivan otros derechos, como el de las asociaciones profesionales o sindicatos, el de un salario justo, el de descanso festivo y práctica religiosa.

La Declaración ¨Persona humana¨ de la Congregación para la Doctrina de la Fe (29 de diciembre de 1975) se refiere a que en la historia de la civilización han cambiado muchas condiciones y necesidades de la vida, pero la evolución de las costumbres debe ser mantenida en los límites que imponen los principios fundados sobre los elementos constitutivos y relaciones esenciales de la persona humana que trascienden las contingencias históricas, leyes que se revelan idénticas en todos los seres dotados de razón.

2. El bien común y el Magisterio de la Iglesia de León XIII a Juan Pablo II.

En este contexto aparecerán como una necesidad histórica las figuras claves del pensamiento de la época, de nuestro pasado y presente histórico, la referencia obligada del Magisterio de la Iglesia.

Pío XI en su Encíclica ¨Quadragesimo anno¨ sobre la restauración del orden social señala, y esto es muy importante, que el sistema considerado en sí mismo, es decir, como ordenación general del orden económico, no es condenable, aunque sí lo es cuando el capital se impone como único titular de los beneficios económicos, sin tener en cuenta para nada ni la dignidad humana de los trabajadores, ni el carácter social de la economía, ni aun siquiera la misma justicia social y el bien común. Y en su Encíclica ¨Caritate Christi¨ sobre la presente crisis de la humanidad considera que el propósito del comunismo, es eliminar a Dios y a la religión, y por lo mismo en su Encíclica ¨Divini Redemptoris¨, donde hace el juicio definitivo, afirma que es un sistema lleno de errores, desconocedor de la naturaleza del Estado, subversivo del orden social y esclavizador del hombre.

Pío XII, en ¨La Festivitᨠinsiste en la misma dirección: desertor y traidor sería quien quisiera prestar su colaboración material, sus servicios, su capacidad, su ayuda, su voto, a partidos y a poderes que niegan a Dios, que sustituyen el derecho por la fuerza, la libertad por la amenaza y por el terror; que hacen de la mentira, de las luchas, de la rebelión de las masas, otras tantas armas de su política porque hacen imposible la paz.

El Magisterio posterior, y más actual, sigue la misma linea condenatoria.

Juan XXIII en la ¨Mater et Magistra¨, sobre el reciente desarrollo de la cuestión social, condena no sólo el comunismo sino también los materialismos ateos occidentales. Y en ¨Pacem in terris¨ distingue entre la falsedad de las teorías ateas y las corrientes de carácter económico y social, cultural o político nacidas de ellas.

El Concilio Vaticano II, en ¨Gaudium et spes¨ condena el moderno ateísmo sistemático, los regímenes políticos que son contrarios a la libertad civil o religiosa del ciudadano, o que incurren en la opresión del gobernado, y en el absolutismo del partido único o los sistemas totalitarios a los que califica de inhumanos.

Pablo VI en ¨Ecclesiam suam¨ igualmente que el Magisterio anterior, dice: estas son las razones que nos obligan, como han obligado a nuestros predecesores, y con ellos a cuantos aman de corazón los valores religiosos, a condenar los sistemas ideológicos que niegan a Dios y oprimen a la Iglesia; sistemas frecuentemente identificados con regímenes económicos, sociales y políticos, y entre ellos especialmente el comunismo ateo. Podría decirse que su condenación no viene de nuestra parte. Es de parte de los sistemas mismos y de los regímenes que los personifican de donde viene hasta nosotros la oposición radical de ideas y la opresión de los hechos. Nuestro reproche es, en realidad, lamento de víctimas más que sentencia de jueces.

Juan Pablo II en la Encíclica ¨Dominum et vivificantem¨ vuelve a condenar el sistema que ha dado el máximo desarrollo y ha llevado a sus extremas consecuencias prácticas esta forma de pensamiento y de ideología, que es el materialismo histórico y dialéctico, cuyas consecuencias son el ateísmo y la exclusión de la religión por una diversidad de medios que buscan eliminarla de la sociedad y del corazón del hombre. En esta línea, y en su Encíclica ¨Laborem exercems¨ advierte que el principio de la propiedad privada establece diferencias radicales en relación con los grandes sistemas ideológicos y económicos tradicionales, el citado principio tal como es enseñado por la Iglesia se aparta radicalmente del colectivismo, proclamado por el marxismo, y tal principio se diferencia, al mismo tiempo, del programa del capitalismo, practicado por el liberalismo, la diferencia consiste en el modo de entender el derecho mismo de propiedad.

La tradición cristiana siempre lo ha entendido en el contexto más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la creación entera: el derecho a la propiedad privada como subordinada al derecho al uso común, al destino universal de los bienes. En ¨Sollicitudo rei socialis¨ sobre la preocupación por la cuestión social y en la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, que todos seamos verdaderamente responsables de todos, se trata de un derecho importante no sólo para el individuo en particular, sino además en ordenación del bien común.

La experiencia nos demuestra que la negación de tal derecho, origina la dependencia y la sumisión al aparato burocrático que, como único órgano que dispone y decide pone a todos en una posición similar a la tradicional en el sistema capitalista. Esto provoca un sentido de frustración o desesperación y predispone en la vida de la nación a la emigración psicológica y social.


Apéndice

Un diálogo sobre ética cristiana en el mundo de hoy. El pensamiento del Arzobispo de Milán. Cardenal Carlo María Martini.

Autor: Julián Castellanos González.

¿Qué decir sobre ¨ética cristiana en el mundo de hoy¨ en un Congreso de Psiquiatría?. Es más: ¿ Por qué hablar en este contexto de ¨Persona y Sociedad¨ y hacer un recorrido por diversas instancias histórico-teóricas y aún biográficas?.

El hecho biológico y social de la existencia del hombre se enmarca, como especie y como individuo, en un contexto de “relación con”; relación con otros, con su entorno, con el cosmos; ya sea en relación de dependencia, de igualdad, de cooperación, de simbiosis, etc. , las que, a su vez, se dan tanto en el plano biológico, como social, político, religioso y demás.

Ese hecho es de tal peso que la condición relacional del hombre se manifiesta evidente.

Y tanto más, cuanto por su estructura inteligente dos o más sujetos, capaces de lenguaje y acción, entablan una relación interpersonal, a través de lo que llamamos la acción comunicativa.

Es, también, ampliamente reconocido el hecho de la relación terapéutica como comunidad empática, cuyo poder y efectividad terapéuticos radica más en la relación como tal que en la utilización de una u otra técnica psicoterapéutica.

Este entronque social del hombre en sus diversos aspectos y, específicamente, en los clínicos, es lo que amerita una visión filosófico-histórica de la conferencia: ¨Persona y Sociedad¨, como substrato fundamentacional.

Ese rasgo característico del hombre, de “ser relacional”, en su doble interpretación de “ haberse relacionado”, de “existir como relación” y de “ser (ente) que se relaciona”, asume en la trascendencia una importancia capital.

Esta característica relacional del hombre, de la persona, establece, en el plano natural y desde el punto de vista laico, la ética, como lo plantea el libro: ¨¿En qué creen los que no creen?¨ de Umberto Eco y el Cardenal Carlo María Martini: “La dimensión ética comienza cuando entran en escena los demás”. Y añade: “Como hasta las más laicas de entre las ciencias humanas nos enseñan, son los demás, es su mirada, lo que nos define y nos conforma” (1). Se trata de una visión inmanente.

Una visión inmanente, que considera al hombre en su estado natural, como ser intramundano, con sus características naturales y su desarrollo evolutivo filogenético y ontogenético, que mira al logro de su perfeccionamiento como ser natural, producto de la dinamia de sus fuerzas naturales.

Y es aquí donde entra también la consideración de una ética cristiana. Una visión trascendente de lo relacional del hombre.

Una visión trascendente, que sobre el substrato natural de desarrollo humano, construye, presupone y emerge con fuerza otorgando un ¨status¨ dimensional sobrenatural a la persona, complementando las condiciones naturales, superándolas y elevándolas a planos ulteriores de realización por asunción de un orden sobrenatural.
Este doble aspecto relacional, natural y sobrenatural, está magníficamente expuesto por Dietrich von Hildebrand en su libro: ¨Nuestra transformación en Cristo¨: “El objeto hacia el cual la incomprensible misericordia de Dios nos ha llamado, no es solamente una perfección ética, que no es distinta en su calidad de la natural y que solo recibe trascendencia sobrenatural por el escondido camino de la gracia, sino la sobrenatural plenitud de Jesucristo, que, aun cualitativamente, significa algo completamente nuevo con respecto a la simple virtud natural” (2).

Es, pues, esta condición humana relacional la que permite dimensionar al hombre en su plenitud como ser inmanente y trascendente, como ser natural y transformado por lo sobrenatural, y la que permite establecer las condiciones de desarrollo integral a nivel humano, espiritual y sobrenatural.

A este respecto, conviene recordar la diferenciación que establece el Cardenal Carlo María Martini respecto al concepto “vida” y concretamente de “vida humana” en el discurrir de sus diálogos con Umberto Eco. Allí plantea tres conceptos de vida humana: la vida física, correspondiente al cuerpo y que en el Evangelio está representada por la palabra ¨bios¨; la vida psicológica, nombrada por el mismo ¨psykhé¨ y la vida divina comunicada al hombre (vida sobrenatural), para la que utiliza ¨zoé¨. Y afirma: “Los tres términos se distinguen cuidadosamente en el Nuevo Testamento y los dos primeros quedan subordinados al tercero”. Una hermosa sabiduría de la Escritura que plantea claramente con su utilización lexicográfica y semántica, el aspecto relacional del hombre en sus niveles natural y sobrenatural, inmanente y trascendente, y las dimensiones de desarrollo humano integral físico, psicológico y sobrenatural. Es lo que en forma sintética expresa el Arzobispo de Milán: “El valor supremo en este mundo es el hombre viviente de la vida divina” (3).

Una visión ética cristiana en el mundo de hoy aporta un bagaje científico, antropológico y filosófico-teológico vasto y profundo, enriquecido por el auge y desarrollo de la ciencias, tanto fisico-biológicas, como humanas y sociales, hermenéuticas y de ex&eacut

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