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Última actualización web: 02/07/2022

¿Por qué ahora las mujeres fuman más?

Autor/autores: Miriam Otero Requeijo
Fecha Publicación: 01/03/2007
Área temática: Adicciones .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

En las sociedades occidentales, de seguir la actuales tendencias de consumo, en pocos años, el tabaquismo pasará a ser una enfermedad predominantemente femenina, contrariamente a lo que ha sido a lo largo de su historia. En general, las mujeres fuman por los mismos motivos que los varones, aunque existen determinados factores socioculturales, personales y/o ambientales que puedan afectar en ocasiones de manera diferenciada entre ambos sexos.

Entre los factores socioculturales que influyen en el consumo se encuentran: a) aceptabilidad social, (muy importante en las mujeres jóvenes); b) influencia de los padres, mayor en el caso de las chicas por el aumento del consumo de las madres; c) influencia de los amigos y presión de grupo, que se considera similar entre varones y mujeres y d) otros factores: nivel cultural y educativo, poder adquisitivo, modelos sociales e ídolos y actitudes y creencias religiosas. En cuanto a los factores personales destacamos: a) imagen de sí mismo (fumar frecuentemente se asocia, en el caso de las mujeres, a la posibilidad de ser femenina, delgada y atractiva); b) autoestima; las chicas con baja autoestima tienen más probabilidades de empezar a fumar; c) disponibilidad de medios económicos d) conocimientos, creencias y actitudes respecto al tabaco. Probablemente hay cuatro razones fundamentales por las que actualmente las mujeres se inician más en el tabaquismo o tienen alguna dificultad añadida en dejarlo: 1) asociación con estados de ánimo negativos (depresión, estrés ?mayor trabajo, mayor sensibilidad y expectativas, mayores dificultades a nivel laboral-); 2) peso corporal; 3) publicidad; y 4) sintomatología de abstinencia.

Palabras clave: mujeres, tabaco

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¿Por qué ahora las mujeres fuman más?

Begoña Alonso de la Iglesia; Miriam Otero Requeijo; Mª Jesús García Blanco.

Dirección General de Salud Pública. Consellería de Sanidad. Xunta de Galicia. España.

Resumen

En las sociedades occidentales, de seguir la actuales tendencias de consumo, en pocos años, el tabaquismo pasará a ser una enfermedad predominantemente femenina, contrariamente a lo que ha sido a lo largo de su historia. En general, las mujeres fuman por los mismos motivos que los varones, aunque existen determinados factores socioculturales, personales y/o ambientales que puedan afectar en ocasiones de manera diferenciada entre ambos sexos. Entre los factores socioculturales que influyen en el consumo se encuentran: a) aceptabilidad social, (muy importante en las mujeres jóvenes); b) influencia de los padres, mayor en el caso de las chicas por el aumento del consumo de las madres; c) influencia de los amigos y presión de grupo, que se considera similar entre varones y mujeres y d) otros factores: nivel cultural y educativo, poder adquisitivo, modelos sociales e ídolos y actitudes y creencias religiosas. En cuanto a los factores personales destacamos: a) imagen de sí mismo (fumar frecuentemente se asocia, en el caso de las mujeres, a la posibilidad de ser femenina, delgada y atractiva); b) autoestima; las chicas con baja autoestima tienen más probabilidades de empezar a fumar; c) disponibilidad de medios económicos d) conocimientos, creencias y actitudes respecto al tabaco. Probablemente hay cuatro razones fundamentales por las que actualmente las mujeres se inician más en el tabaquismo o tienen alguna dificultad añadida en dejarlo: 1) asociación con estados de ánimo negativos (depresión, estrés –mayor trabajo, mayor sensibilidad y expectativas, mayores dificultades a nivel laboral-); 2) peso corporal; 3) publicidad; y 4) sintomatología de abstinencia.



Introducción

El tabaquismo no es un fenómeno social estático, sino que se ve influenciado por una serie de factores de carácter económico, político y social.

En España, el aumento del consumo de tabaco entre las mujeres es un hecho muy reciente al que debemos prestar una especial atención y que, requiere una intervención urgente y eficaz si queremos evitar que en pocos años las cifras de prevalencia del consumo de tabaco sean similares o superiores a las de los varones, como ya esta ocurriendo para algunos intervalos de edad.

Esta tendencia ya observada en otros países industrializados hace que en la actualidad tengamos que enfrentarnos a este problema de salud pública con enfoques ligeramente diferentes.

El tabaco no afecta diferenciadamente a mujeres y varones. En ambos sexos es tóxico y adictivo de una forma similar. La forma de incorporación al consumo y los mecanismos de deshabituación son relativamente similares en ambos sexos. A pesar de esto, se aprecian diferencias que pueden tener relevancia tanto a nivel preventivo (desarrollo de programas de prevención) como clínico (deshabituación) para mujeres y varones. Por ello, se debe emplear un enfoque de género específico, con el fin de conseguir que no dé lugar a una aplicación menos eficaz.

En los países anglosajones y del norte de Europa el tabaquismo femenino empezó a aumentar a partir de los años 40, al tener que ocupar las mujeres los lugares de trabajo de los varones durante la Segunda Guerra Mundial.  

La industria tabaquera jugó un papel fundamental para que el tabaquismo se asociara al trabajo fuera del hogar, la independencia económica y la liberación femenina (figura 4).

 


Figura 4. Ejemplos de anuncios de tabaco dirigidos a un público femenino


En los países mediterráneos este incremento no se produjo hasta finales de los años 60. Con el desarrollo económico de esa época y la posterior reimplantación de la democracia en nuestro país, se produce un mayor acceso femenino a la universidad y una mayor emancipación, circunstancias que fueron utilizadas también por la industria del tabaco con el fin de conseguir una tardía pero importante incorporación de la mujer española al consumo tabáquico.

El mantenimiento e incremento del tabaquismo en nuestro entorno se ha visto favorecido también por la presencia de una baja percepción social del problema. Este hecho se agrava particularmente en el caso de las mujeres, en quienes, por llevar menos tiempo fumando, todavía no se han manifestado gran parte de las consecuencias perjudiciales del tabaquismo sobre su salud.

En la mayoría de países desarrollados las tasas de prevalencia del tabaquismo femenino se mantienen elevadas, aunque su evolución varía según se trate de países anglosajones o mediterráneos. En los países en los que las mujeres se incorporaron al tabaco en los años 50 se observa, ya en las mujeres, los excesos de mortalidad atribuidos al tabaco; en aquellos en los que la incorporación femenina al tabaco se realizó sobre los años 70, no se han manifestado todavía claramente los incrementos de mortalidad derivados del consumo de tabaco, aunque están aumentando en los últimos años y se calcula que su punto de inflexión se va a producir en breve.

En la actualidad, en todos los países de la Europa Occidental, así como en Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda; se observan dos constantes en los patrones de consumo tabáquico: por un lado, las chicas fuman en mayor proporción que los adolescentes varones; y por otro, las mujeres cercanas a los 40 años tienden a dejar el tabaco en menor proporción que los varones de su misma edad. Si bien éstas acuden y solicitan con mayor frecuencia servicios especializados con credibilidad para dejar de fumar, da la impresión de que encuentran más dificultad o presentan menos motivación para dejar el consumo de tabaco. Todo esto hace prever que, como se ha señalado anteriormente, en un futuro no muy lejano, en la sociedad occidental el tabaquismo va a pasar a ser una enfermedad predominantemente femenina.  

Una constante que también se observa en las sociedades desarrolladas es que el tabaquismo ha pasado a ser una actividad fundamentalmente, tanto de varones como de mujeres, pertenecientes a los niveles socioeconómicos más desfavorecidos. Se desconoce porqué esto es así, pero es claro que: 1) bien son más susceptibles a las diversas presiones de la industria (publicidad, promoción y creación de un clima social favorable al consumo); 2) o lo son menos a las diversas campañas preventivas y educativas (que inconscientemente pueden estar sesgadas a segmentos más favorecidos de la población); 3) o ambos factores pueden contribuir a este fenómeno altamente regresivo.

En los países con economías en vías de transición y en los países en vías de desarrollo el tabaquismo femenino sigue siendo minoritario frente al masculino, pero está creciendo a un ritmo cada vez mayor. De hecho, son las mujeres de estos países, aunque no sólo ellas, uno de los objetivos prioritarios de la industria tabaquera, en un momento como el actual en el que las posibilidades de expansión del mercado en las sociedades occidentales están muy mermadas debido, en parte, a las medidas de control que se están llevando a cabo.

En España (ENS, 2003), los patrones de consumo de tabaco varían considerablemente según el sexo y la edad, situándose el porcentaje de fumadores diarios en el 34, 15% en los varones y en el 22, 39% entre las mujeres. En la evolución de los últimos años, observamos un descenso importante entre los varones en contraposición al aumento experimentado entre las mujeres.

Mientras entre los varones se incrementa el porcentaje de ex fumadores 24, 67%, el porcentaje de mujeres solo alcanza el 10, 37%.

La tendencia esperada es que continúe aumentando el consumo de tabaco entre las mujeres, incrementándose en los próximos años las enfermedades asociadas a su consumo y la mortalidad atribuible al mismo.  

La evolución del consumo en Galicia ha sido similar al de otras regiones de España, con un cierto retraso en la incorporación de las mujeres. Según los datos de la última encuesta realizada a la población gallega con edades comprendidas entre los 16 y 74 años, en el año 2005 por la Dirección General de Salud Pública, la prevalencia de tabaquismo entre la población se sitúa en torno al 29, 01% (24, 99% fumadores diarios (FD) y 4. 02% fumadores ocasionales (FO)), siendo en las mujeres un 23, 18% (20, 23% FD y 2, 95% FO) (figura 1).

 


Figura 1. prevalencia de tabaquismo de las mujeres gallegas en 2005


Si analizamos la prevalencia por grupos de edad y sexo, observamos en el grupo de 16 a 24 años las siguientes cifras: en los varones el 31, 24% son FD y el 7, 38% son FO; en las mujeres el 29, 66% son FD y el 6, 61% son FO, existiendo menos de dos puntos entre ambos sexos en los fumadores diarios. Sin embargo, esta diferencia es mucho mayor en los otros grupos de edad (25 a 44 años, FD 37% varones vs. 30% en mujeres y en la población de 45 a 74 años en donde los FD están en un 22, 63% de varones frente a un 8% en las mujeres), estos datos nos confirman el inexorable ascenso del consumo de tabaco en el sexo femenino.

En líneas generales podemos afirmar que aunque los varones siguen siendo todavía la población donde encontramos más fumadores, las mujeres están igualando el consumo, llegando en algunos casos a tener el primer contacto con el tabaco antes incluso que los adolescentes varones y si no actuamos con rapidez en los próximos años las mujeres seguirán incorporándose masivamente al consumo de tabaco, mientras que en los varones la tendencia es la contraria, encontrándonos con una situación completamente opuesta a la vista hasta ahora.

La figura 2 muestra las diferencias de prevalencia de consumo en los adolescentes españoles. La figura 3 muestra las prevalencias de consumo según edades en las adolescentes.

 


Figura 2. Consumo de tabaco en el último mes, según sexo y edad, en estudiantes españoles



Figura 3. Prevalencias de consumo de tabaco de las adolescentes según edad


Patología derivada del consumo de tabaco en la mujer

El tabaco afecta a ambos sexos de manera parecida. Los cigarrillos presentan en las mujeres una relación dosis-respuesta similar a los varones; por ello, las mujeres que fumen de forma análoga a los varones experimentarán tasas de mortalidad similares a éstos. En el caso de las mujeres, fumar representa no sólo estar expuesta a las mismas enfermedades que el varón, sino que además conlleva patologías adicionales específicas de su sexo, así como alteraciones propias en su función reproductora.

A. PATOLOGÍA NO ESPECÍFICA DE GÉNERO

Al igual que en los varones, fumar ocasiona en las mujeres problemas a nivel cardiovascular (infarto de miocardio, accidente cerebro-vascular, . . . ), enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y diversos cánceres (pulmón, vejiga, laringe, …). En un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 1992 sobre mortalidad femenina atribuible al tabaco en mujeres de países desarrollados se observó que el 41% de muertes se debían a enfermedades cardiovasculares; el 21% a cáncer de pulmón; el 18% a EPOC; el 11% a otras causas; el 6% a otros cánceres; y el 3% a otras enfermedades.

Estos datos muestran claramente que la mortalidad femenina por tabaco no se deriva fundamental o primariamente de patologías específicas de género, sino todo lo contrario.  

En diversos países, el cáncer de pulmón ya ha superado al cáncer de mama como primera causa de muerte debido a esta patología en las mujeres. En Estados Unidos, la tasa de cáncer de pulmón se ha multiplicado por siete en los últimos años, mientras que en España apenas ha aumentado todavía, aunque se empieza a apreciar el incremento. Por otro lado, se ha incrementado notablemente la morbimortalidad femenina por enfermedades cardio y cerebro-vasculares atribuibles al tabaco, incremento que es mayor si a la conducta de fumar se asocia el consumo de anticonceptivos orales, especialmente los de alto contenido estrogénico.

B. PATOLOGÍA ESPECÍFICA DE GÉNERO

El tabaquismo puede también ocasionar diversas patologías género-específicas (patología del tracto genital y en la reproducción), así como afectar diferentemente a mujeres y varones en otros aspectos (osteoporosis, tabaquismo pasivo).

Problemas en la menstruación. En fumadoras la regla es más irregular y es más frecuente la presencia de dismenorrea. Debido probablemente al efecto antiestrogénico del tabaco, la menopausia está adelantada 2-3 años en las fumadoras, lo que agrava el riesgo de osteoporosis.  

Cánceres específicos. Las fumadoras presentan doble riesgo relativo de desarrollar cáncer de cérvix. Por el contrario, probablemente por la propia acción antiestrogénica, tienen un 30% menos de probabilidades de padecer cáncer de endometrio.  

Osteoporosis y densidad ósea. Las mujeres fumadoras presentan más problemas de osteoporosis y, en consecuencia, un mayor porcentaje de fracturas, lo cual afecta notablemente a la calidad de vida y al grado de invalidez, que es mayor en las fumadoras. El problema es especialmente relevante tras la menopausia, donde una reducción en la densidad ósea de un 10% incrementa el riesgo de fractura 1, 5-2 veces, y una reducción del 20%, 3-4 veces.  

Efectos estéticos. La halitosis y las manchas en los dedos y en los dientes, aunque no son efectos específicos de género, preocupan más a las mujeres. El consumo de tabaco es la segunda causa de arrugas en las mujeres; también da a la piel un aspecto mucho más apagado, debido a la mala oxigenación tisular, disminuyendo además la acción de los productos cosméticos.  

Problemas en la reproducción: generales. 1) Aumenta la infertilidad, sobre todo la de origen tubárico, por sufrir las fumadoras más infecciones en los órganos reproductores; la concepción se retrasa de media unos pocos meses; el principal problema se presenta en quienes están en el límite de la edad de fecundidad, que tienen tres veces más probabilidades de tardar más de un año en quedarse embarazadas. 2) Existe un mayor riesgo de embarazo ectópico, mayor riesgo de aborto y parto pretérmino (O. R. 1´4). 3) También existe un mayor riesgo de placenta previa (O. R. 1´5), desprendimiento prematuro de la placenta y un descenso del peso placentario; el riesgo de placenta previa es dosis-dependiente.


Problemas en la reproducción: bajo peso. Lo más destacable, cara a las consecuencias de morbimortalidad perinatal y postnatal que ocasiona el tabaco, es la reducción en el peso del recién nacido, que viene a ser de unos 150-200 gramos (figura 5). Es una reducción en el peso, sin retraso en la madurez; su riesgo de aparición desaparece si la madre renuncia al tabaco en el primer trimestre de la gestación e incluso en estadios más tardíos del embarazo.

 


Figura 5. Porcentaje de niños con bajo peso al nacer (< 2500 g) según el número de cigarrillos fumados al día por sus madres durante el embarazo

Tabaquismo pasivo en el niño: síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL). El hecho que la madre fume durante el embarazo aumenta un 50% las probabilidades de que el niño desarrolle el SMSL. Este riesgo se incrementa si después del parto la madre sigue fumando. En este último caso influye también que el padre sea fumador, pero es mayor la influencia de la madre, probablemente porque los niños pequeños siguen pasando más tiempo con sus madres. Por este último motivo, los efectos en niños pequeños que se derivan de la exposición al humo de tabaco ambiental (como aumento de otitis, infecciones respiratorias, crisis asmáticas y absentismo escolar) son también mayores cuando la madre es fumadora.

Tabaquismo en el embarazo. El embarazo es un momento de especial motivación para que la mujer deje de fumar, ya que a los efectos nocivos sobre la propia persona, se suman los efectos sobre un tercero. Además, los efectos sobre la salud del bebé, aunque repercuten primariamente sobre él, secundariamente recaen sobre los progenitores y, en especial, sobre la madre. Por ello, a todas las embarazadas fumadoras se les debería aconsejar firmemente la cesación, y ofrecerles ayuda al respecto.  

Alrededor del 20% de las embarazadas de nuestro entorno dejan de fumar espontáneamente antes de contactar con los servicios sanitarios, aunque en estas cifras hay notables diferencias según el nivel socioeconómico. Un porcentaje elevado de quienes han dejado de fumar durante el embarazo recaen en el primer año tras el parto, gran parte de ellas en el primer mes. Esto sugiere que no valoran suficientemente las consecuencias del tabaco sobre su salud, y/o desconocen o minusvaloran la influencia del humo del tabaco ambiental sobre la salud de los niños. Por ello, el diagnóstico de embarazo, o el hecho de pensar en su posibilidad, es una circunstancia especialmente oportuna, no sólo para que la mujer deje de fumar durante el embarazo, sino para que realice un cambio de conducta permanente en su vida.

Quienes no dejan de fumar durante el embarazo, frecuentemente refieren reducir el consumo de cigarrillos o, en ocasiones, cambiar a una marca light, pensando quizá que así dañan menos al bebé. Quienes de un modo más real o más ficticio reducen su consumo, tras el parto suelen volver al nivel previo.

Algunos profesionales sanitarios piensan que para que la relación de la madre con el feto no se vea afectada, es preferible que fume hasta cinco cigarrillos al día, en lugar de que “esté deprimida y ansiosa”. Este consejo denota una grave falta de formación profesional y el desconocimiento de lo que es una adicción. Con ello no se consigue ni una reducción de la ansiedad ni una reducción significativa de la toxicidad materno-fetal, ya que se produce un efecto compensador, al ser fumados estos cigarrillos con mayor intensidad. Lo que sí se consigue es reducir significativamente las probabilidades de hacer un intento serio de cesación: se impide dejar de fumar a muchas mujeres que si fueran plenamente conscientes del grado de nocividad del consumo de tabaco, y en especial durante el embarazo, libremente decidirían abandonarlo.


¿Por qué ahora las mujeres fuman más?

La OMS estima que el número de mujeres fumadoras se triplicará en la próxima generación, superando los 500 millones de fumadoras.

Hay cuatro motivos para que actualmente las mujeres fumen cada día más: la publicidad, la depresión, el estrés y el miedo al sobrepeso. Muchas mujeres fuman para hacer frente a la soledad, la tristeza, la presión laboral…, utilizan los cigarrillos como recompensa y liberación. A continuación intentaremos analizar en profundidad cada uno de estos factores determinantes en el consumo.

A lo largo de los años, se han intentado conocer los mecanismos de adquisición de la dependencia tabáquica.  

Como otras adicciones, las investigaciones se sitúan entre los factores psicosociales, conductuales y biológicos. Ninguno de ellos puede explicar por si solo el que una persona llegue a ser consumidora regular de tabaco. La implicación de todos ellos parece ser la más aceptada.

En general, puede decirse que las mujeres fuman más o menos por los mismos motivos que los varones. Esto no quiere decir que no existan determinados factores socioculturales, personales y/o ambientales que puedan afectar de una manera diferenciada, en ocasiones, extremadamente diferenciada, a ambos sexos.  

A. INFLUENCIAS INESPECÍFICAS DE GÉNERO

El proceso de convertirse en fumador/a es complejo y está intrínsecamente relacionado con motivos sociales e individuales. La mayoría de los jóvenes empiezan a fumar por diversas razones, que suelen ser hábilmente explotadas por los promotores del consumo de cigarrillos. Entre éstas diversas razones se encuentran: estímulo y desafío (rebelión contra los padres o la sociedad, curiosidad, emoción); formación de la propia identidad y necesidad de autoestima (sentirse bien, parecer más adulto y moderno, tener mejor apariencia); pertenencia a un grupo (necesidad de ser aprobado y aceptado, y de evitar desaprobación o rechazo) y desconocimiento o infravaloración de los riesgos que conlleva el tabaco para su salud.

Entre los factores socioculturales que influyen en el consumo se encuentran: 1) la aceptabilidad social, que ha aumentado últimamente en el caso de las jóvenes y mujeres; 2) la influencia de los padres, mayor en el caso de las chicas y que es mayor ahora que muchas madres fuman; y 3) la influencia de los amigos, que se considera similar entre varones y mujeres. También cabe destacar la función de los educadores que juegan un importante papel modélico junto al de los padres a estas edades, ambos son los responsables de la “percepción de normalidad” que tienen los menores ante el hecho de fumar.

Entre los factores personales que influyen en el consumo se encuentran: 1) la imagen de sí mismo (fumar es frecuentemente presentado como un medio de alcanzar la madurez, la edad adulta y la popularidad, de ser moderno, sociable y, en el caso de las mujeres, femenina, delgada y atractiva); 2) la autoestima: al igual que en el caso de los varones, las chicas con una baja autoestima tiene mayores probabilidades de empezar a fumar; de hecho, entre las adolescentes está extendida la creencia de que fumar calma los nervios, alivia el estrés y controla el estado de ánimo; 3) disponibilidad de medios económicos: la prevalencia de tabaquismo se asocia directamente con la cantidad de dinero semanal disponible; y 4) conocimientos, creencias y actitudes respecto al tabaco.


B. INFLUENCIAS ESPECÍFICAS DE GÉNERO

Probablemente hay cuatro razones fundamentales por las cuales actualmente las mujeres se inician más en el tabaquismo o tienen alguna dificultad añadida en dejarlo.  

 

1. - ASOCIACIÓN CON ESTADOS DE ÁNIMO NEGATIVOS

Cuando se analiza las diferencias en la conducta tabáquica entre mujeres y varones, se observa que en general ésta es muy similar, encontrándose diferencias solamente en dos aspectos: 1) en el grupo de grandes fumadores (los que fuman más de 30 cigarrillos/día) está básicamente integrado por varones; 2) en general, las mujeres fuman menos cantidad de cigarrillos y su motivación y forma de consumo es diferente, tienden a fumar más por el componente de sedación (asociación de la conducta de fumar con estados de ánimo negativos -tristeza, ansiedad, soledad, incertidumbre, . . . -).

Fumar y depresión. Algunos fumadores refieren que fumar les mejora la depresión y otros trastornos afectivos; de hecho, algunas personas presentan episodios depresivos al dejar de fumar. Esto puede tener una explicación neurobiológica ya que algunos de los efectos neuroquímicos de la nicotina (como liberación de monoaminas cerebrales) se asemejan a los de los antidepresivos.  

Epidemiológicamente, se sabe que las personas depresivas fuman más, y a su vez las personas con un alto consumo incrementan las posibilidades de padecer una depresión. Dado que los trastornos depresivos son más frecuentes en el sexo femenino, un pequeño porcentaje de la mayor prevalencia de tabaquismo en mujeres podría venir explicado por este factor.  

Fumar y estrés. A pesar de que muchos fumadores refieren que fumar les calma o les relaja, la nicotina no puede ser considerada como una sustancia relajante o ansiolítica. Hay muy pocos datos que sugieren que fumando se consiga –salvo a muy corto plazo- una disminución del estrés: es más, los fumadores puntúan más que los no fumadores y que los ex-fumadores en las escalas generales de estrés y en las de estrés percibido. Por ello, hoy en día no se admite que el tabaco sea ansiolítico, sino que más bien se considera que muy probablemente sea todo lo contrario, ansiogénico. Se piensa que los efectos tranquilizantes del tabaco son debidos más bien, a la reversión de una sintomatología leve de abstinencia o a su utilización como mecanismos cristalizados de enfrentamiento al estrés.

En general, las mujeres están más preparadas que los varones para afrontar el estrés crónico. Aún así, la presencia de más cantidad de trabajo, mayor sensibilidad o mayores expectativas y/o mayores dificultades, puede hacer que se vean sometidas a un mayor nivel de estrés crónico que sus compañeros varones.

Mayor trabajo. En la actualidad, casi todas las mujeres tienen un doble trabajo: trabajan tanto fuera como dentro del hogar. A pesar de los cambios que se han producido en los últimos años, es innegable que habitualmente en las parejas no se comparten al 50% las tareas del hogar (figura 6). Además, aunque las tareas del hogar se compartan al 50% lo más frecuente es que la preocupación del hogar recaiga siempre o casi siempre sobre la mujer.

Esta preocupación hace que la mujer disponga de menos tiempo dedicado al descanso, con un mayor número de preocupaciones de las que es más difícil desconectar mentalmente.

 


Figura 6. División de las tareas del hogar entre varones y mujeres en España en 2001


A favor de esta hipótesis juega el hecho de que casi todas las mujeres que son cabeza de familia monoparental (madres separadas o solteras con niños pequeños, por ejemplo) fuman: es raro encontrar una mujer en esa situación que no fume.

Mayor sensibilidad y expectativas. Las mujeres jóvenes y de mediana edad presentan una serie de expectativas asumidas que, muy frecuentemente son mayores que aquellas con las que cargan sus compañeros varones. Esto se puede observar sobre todo en el campo familiar y en el estético.

En relación con las expectativas familiares (sean éstas auto-impuestas o meramente sociales) se observa que muy frecuentemente las mujeres tienen la sensación de que podrían o deberían hacer más, de que no cumplen adecuadamente (o no del todo) su función educadora-maternal, teniendo una mayor o menor sensación de culpa por ello. En relación con las expectativas afectivas, el hecho de que las mujeres presenten una vida afectiva con mayor riqueza de registros puede hacerlas más sensibles a las frustraciones derivadas en parte de asumir escalas de valores predominantemente masculinas, que son las que tienden a prevalecer en determinadas relaciones sociales o afectivas y en muchos ambientes laborales.

Mayores dificultades. Aparte de la existencia de un “techo de cristal” en determinadas profesiones y/o de la existencia de un sistema de códigos no verbales que no se transmiten a las mujeres en otros trabajos, no es infrecuente que algunas mujeres refieran una discriminación más sutil –y, por tanto, más difícil de objetivar y de demostrar- en su trabajo profesional: las mujeres perciben que pueden ser consideradas de valía, pero que previamente deben demostrarlo, cosa que no se exige a sus compañeros varones. Trabajar en estas circunstancias implica un mayor estrés laboral. Aparte de estas situaciones más o menos normalizadas, en los países desarrollados se observa que las mujeres sometidas a discriminación u opresión (como mujeres maltratadas, víctimas de agresión sexual, inmigrantes, pertenecientes a minorías o mujeres discapacitadas) son más propensas a fumar.

Todas las circunstancias vitales generadoras de estrés citadas pueden ser responsables de una conducta de fumar mucho más asociada con estados de ánimo negativos, que es utilizada como mecanismo de enfrentamiento a ellos. Esto podría hacer más difícil el desarraigar la conducta de fumar, especialmente si no se desarrollan alternativas.

2. - FACTOR PESO CORPORAL

Las expectativas estéticas, que con mayor o menor presión social, cada persona se auto- impone, suelen ser bastantes diferentes entre los diversos sexos. También lo suele ser la percepción de las consecuencias que se derivan de no obtenerlas. La cuestión del peso corporal -sobre todo, su posible incremento después de dejar de fumar- puede ser el factor más importante de los que subyacen en el actual incremento del consumo de tabaco por parte de la mujer occidental.

En general, en los estudios poblacionales (cosa que no ocurre con adolescentes y personas jóvenes) se ha observado que los fumadores pesan algo menos (unos 3-4 Kg. ) que los no fumadores, esto se explica porque uno de los efectos de la nicotina en el organismo es el aumento del metabolismo basal, que al dejar de fumar se normaliza, lo que conlleva volver al peso real, recuperando esos kilos. El patrón corporal que se adquiere con este incremento de peso es más fisiológico, ya que disminuye el índice cintura/cadera, lo que desciende el riesgo de accidente vascular. No obstante, lo de “volver a su peso” no es fácilmente asumido por muchas personas, dado que “mi peso” suele identificarse con “el peso que me gustaría tener”. Además es difícil hacer comprender a una persona fumadora con un peso estable que “su peso” no es el que realmente ha tenido durante los últimos años, sino uno ligeramente más elevado.


El incremento de peso que se produce al dejar de fumar no se da en todas las personas; suele ser de unos 3-4 Kg. de media (algo menos en España), pero es bastante difícil evitarlo: algunas personas no engordan en absoluto; más de la mitad no llegan a los 3 Kg. ; sin embargo hay aproximadamente un 15% que puede aumentar 8 o más kg. Esto último se debe muy probablemente a que estas personas desvían hacia la comida los mecanismos habituales de enfrentamiento a las situaciones de estrés. También puede ocurrir que se sustituya la conducta de fumar por la conducta de comer.

Conviene tener en cuenta que una ganancia de peso de 3-4 Kg. en una mujer es objetiva y subjetivamente muy importante. Objetivamente, porque la distribución femenina de la grasa hace que los incrementos de peso se noten más a nivel de las caderas, lo que ocasiona que aquello que para los varones sólo es un agujero más en el cinturón, para las mujeres puede representar una talla más (figura 7). Esto hace que cualquier mujer que haya engordado 1-2 Kg. es plenamente consciente de ello cada vez que se viste y que una ganancia de 3-4 Kg. pueda representar -en el caso femenino- la renovación, total o parcial, de un armario. Subjetivamente, porque existe una notable distorsión en la percepción de cual deberá ser el peso ideal, y la mayor parte de las mujeres con un índice de masa corporal de 22 ó 23 y aunque esto es absolutamente normal, tienen la sensación de que, al menos, “les sobran 2 ó 3 Kg. ”.

 


Figura 7. Distinta distribución de la grasa corporal entre mujeres y varones


La importancia del factor peso corporal a la hora de fumar queda resaltada por el hecho de que los estudios muestran sistemáticamente que: 1) las adolescentes preocupadas por su peso, o que hacen dietas, fuman más (figura 8); y 2) las mujeres preocupadas por su peso dejan de fumar menos, pasándose más frecuentemente a los cigarrillos “bajos en nicotina y alquitrán”. De hecho, el estudio crítico de la publicidad de tabaco permite comprobar cómo algunas campañas utilizan como reclamo publicitario el factor peso corporal.

Una OR de 2 implica que un 100% más de acuerdo con la afirmación; ***: p<0, 001.  

 


Figura 8. odds ratios de estar de acuerdo con las afirmaciones reflejadas en ordenadas (fumadoras vs. no fumadoras) en adolescentes de 13 a 18 años

3. - LA PUBLICIDAD

El análisis de las características intrínsecas y extrínsecas de los anuncios de tabaco muestra que la población femenina ha sido el público diana de una mayoría de éstos (figura 9). Dado que actualmente está fuera de toda duda razonable la influencia de la publicidad sobre el consumo, ésta podría ser responsable del mayor consumo femenino. Esto es evidente, y el estudio de los documentos de la industria tabaquera muestra cómo las mujeres han sido durante muchos años un objetivo específico de la publicidad del tabaco. Sin embargo, hay autores que piensan que actualmente también podría ocurrir lo contrario: el mayor consumo femenino (comparado con el masculino) podría no ser primariamente una consecuencia de la publicidad específicamente dirigida a la mujer, sino que precisamente la publicidad se ha dirigido más al público femenino porque alguna característica de las mujeres occidentales las hace más vulnerables a la experimentación con el tabaco y/o al mantenimiento de su consumo.

 


Figura 9. Ejemplos de anuncios de tabaco dirigidos fundamentalmente a un público femenino


El 1 de enero de 2006 entró en vigor la Ley 28/2005, del 26 de septiembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco. Esta norma cambia de manera radical y definitiva el panorama de la publicidad de los productos del tabaco en España ya que prohíbe toda clase de publicidad y promoción de los citados productos en todos los medios y soportes, incluidas las máquinas expendedoras y los servicios de la sociedad de la información (a excepción de la publicidad que incorporen los equipos participantes en competiciones y eventos deportivos del motor con efectos transfronterizos, que se permite hasta el 31 de diciembre de 2008). Es de esperar, por tanto, que la industria del tabaco busque y utilice, para no perder su cota de mercado (o minimizar en la medida de lo posible esa pérdida), nuevas estrategias de promoción de sus productos, que sin lugar a dudas se irán evidenciando a lo largo de los próximos años.

4. - CIGARRILLOS BAJOS EN NICOTINA Y ALQUITRÁN

La industria tabaquera ha promovido la incorporación de las mujeres al consumo de tabaco, por una parte, y el no abandono del cigarrillo, por otra, al lanzar al mercado formas de fumar “más saludables”: los cigarrillos bajos en nicotina y alquitrán, conocidos como cigarrillos “light”.

La nicotina produce una adicción intensa. Se ha comprobado que los fumadores que cambian su consumo a cigarrillos denominados bajos en nicotina y alquitrán, “compensan” el cambio dando caladas más profundas y más intensas ya que de esta forma, buscan mantener el nivel de nicotina en sangre a los que están habituados en su consumo diario.
La diferencia entre ambos tipos de cigarrillos: light y normales son mínimas. Los cigarrillos son absolutamente iguales en su estructura y composición: lo único que diferencia a ambos es que, mientras que los cigarrillos normales sólo presentan una línea de agujeros en el filtro, los light presentan dos (tres los ultralight).  

Siempre y cuando se fume en condiciones estándar, esto permite una mayor ventilación en los cigarrillos light (27. 3%) que en los otros (12, 6%); cabe la posibilidad de cubrir –consciente o inconscientemente- el filtro con los dedos o con los labios, lo que disminuiría la ventilación en todos los casos. Así mismo, cabe la posibilidad de no fumar de la manera que en las máquinas de prueba se considera estándar: es decir, se puede dar un mayor número de caladas a cada cigarrillo, cada una de éstas pueden ser más profundas, etc.

Que los propios fumadores desconozcan lo propiamente esencial de un tipo de cigarrillos con alta cuota de representación en el mercado sugiere que probablemente este desconocimiento –o encubrimiento empresarial intencionado- puede no limitarse simplemente a esta área. Por otra parte, justifica el porqué la Unión Europea obliga a eliminar la utilización de las denominaciones light, ultralight, mild, etc. , términos a los que considera cuanto menos engañosos.

5. SINTOMATOLOGÍA DE ABSTINENCIA

Numerosos estudios muestran que, al dejar de fumar, muchas mujeres presentan una mayor intensidad en los signos y síntomas de abstinencia, especialmente en lo que se refiere al estado anímico (irritabilidad, depresión y mayor apetito, por ejemplo). No sólo los síntomas son mayores, sino que responden peor al tratamiento farmacológico (figura 10). Esto puede ser una de las causas que originan un mayor porcentaje de fracasos en el proceso de deshabituación en las mujeres y puede exigir la aplicación de programas más personalizados y específicos.

 


Figura 10. Evolución diferencial en varones y mujeres de la intensidad de la sintomatología de abstinencia nicotínica en personas que utilizaban chicle de nicotina


Otro aspecto recogido en los estudios, es la presencia de una mayor sintomatología de abstinencia, observándose una cierta correlación entre los síntomas de tensión premenstrual y los de abstinencia nicotínica; de hecho, la sintomatología de ambos es bastante solapable: ansiedad, irritabilidad, depresión, disminución de la concentración, problemas de sueño, cambio de peso… 

Como hemos dicho a lo largo del artículo, los motivos por los que fuman las mujeres (sedación, recompensa, . . . ) son diferentes de los de los varones, por ello es imprescindible que en el tratamiento de deshabituación sean especialmente tenidos en cuenta para poder abordarlos de una forma adecuada.  

De manera similar, las consecuencias derivadas de un posible incremento en el peso corporal representa para la mayoría de las mujeres un importante problema que puede llegar a producir un rechazo a la hora de plantearse dejar de fumar o ha provocar un fracaso en el intento de abandonar el consumo de tabaco, por lo que siempre el profesional debe valorar este aspecto y tratarlo de forma adecuada para intentar minimizar su posible efecto negativo en el proceso de deshabituación.


Conclusiones

Aunque el tabaco afecta de forma similar a varones y a mujeres, las diversas razones por las que se fuman y su importancia en la conducta adictiva no tiene porqué ser similar en ambos sexos. No abordar las especificidades de las mujeres puede tener un coste significativo, reflejado en la menor eficacia de las campañas preventivas y/o de los tratamientos de cesación.

Entre los componentes específicos de género que pueden ser especialmente relevantes, tanto en la prevención como en el tratamiento del tabaquismo femenino, se encuentran aquellos que hacen énfasis en la gestión del propio estilo de vida, en la percepción y afrontamiento del estrés y en la repercusión del control del peso corporal. Por lo tanto, enfoque de género implica reconocer que, por las circunstancias que sean, varones y mujeres se ven afectados de una manera distinta, y consecuentemente reaccionan también de un modo diferente, a un determinado problema.  

El enfoque de género es especialmente relevante en los trastornos conductuales (donde se encuadran las adicciones), ya que, sea por circunstancias genéticas, hormonales o ambientales, es en la conducta donde mayores diferencias se observan entre mujeres y varones.


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