Desde la antigüedad, las artes escénicas han mostrado a la persona que padece de diferentes formas, ya sea como héroe o como villano. En el caso del cine, el papel de la enfermedad mental se ha movido entre dos polos opuestos: por un lado, se ha elogiado y mitificado la genialidad creadora y su vinculación con la locura, mientras que en otros casos se ha presentado al enfermo mental como alguien desagradable y peligroso. Afortunadamente, fuera de esta polaridad sensacionalista, existen ejemplos de películas en las que se ha tratado de una forma humana, realista y sin prejuicios la enfermedad mental, ayudando al espectador a comprender e interesarse por ese campo. Es importante por parte de la comunidad científica y de las instituciones promover un acercamiento más realista y empático a la patología mental, sin que ello vaya en detrimento de su calidad artística.