Las enfermedades mentales son más comunes en personas con déficit intelectual que en la población general. Realizar diagnósticos psiquiátricos precisos es difícil debido a las dificultades de comunicación inherentes al retraso mental, por lo que los fármacos se pautan de forma génerica para alteraciones de conducta y síntomas objetivos observables. Los efectos secundarios descritos en esta población son mayores que en población general, por lo que es preciso utilizar la mínima dosis efectiva y realizar titulaciones lentas. Presentamos el caso de una paciente afecta de síndrome Down remitida por alteraciones de conducta tendencia al aislamiento y soliloquios. La importancia del caso radica en la dificultad diagnóstica y la dificultad de pautar un tratamiento efectivo ya que los distintos psicofármacos utilizados produjeron efectos secundarios, algunos de ellos no descritos en ficha técnica.