Las enfermedades mentales son más comunes en personas con déficit intelectual que en la población general. Realizar diagnósticos psiquiátricos precisos es difícil debido a las dificultades de comunicación inherentes al retraso mental, por lo que los fármacos se pautan de forma génerica para alteraciones de conducta y síntomas objetivos observables. Los efectos secundarios descritos en esta población son mayores que en p