Que la sexología, a lo largo de los últimos decenios, ha contado con importantes aportaciones es indiscutible: Kinsey, Masters y Jonson o Helen S. Kaplan, entre los cincuenta y los setenta del siglo pasado; y en el siglo XXI, Francisco Cabello Santamaría, quien definió la eyaculación femenina, no como una leyenda, o “una micción involuntaria” donde escondían la realidad de la eyaculación femenina, tan antigua como el sexo, pero