Los pensamientos sexuales constituyen un indicador de salud y bienestar sexual, y resultan fundamentales para comprender la sexualidad humana. El marco conceptual de Renaud y Byers (1999, 2001) integra bajo el término “pensamiento sexual” una variedad de cogniciones que, según su valoración afectiva, se clasifican en pensamientos sexuales positivos (PSP) y negativos (PSN). Ambos tipos se asocian con dimensiones clave de la sexualidad, como el funcionamiento sexual. El Sexual Cognitions Checklist (SCC) es el único instrumento que permite evaluar de forma diferenciada la frecuencia de PSP y PSN. La adaptación española realizada por Moyano y Sierra (2012) redujo el instrumento a 28 ítems y confirmó una estructura tetrafactorial —pensamientos sexuales íntimos, exploratorios, sadomasoquistas e impersonales—, permitiendo evaluar la frecuencia, valencia y contenido de los pensamientos sexuales. Esta adaptación mostró adecuados índices de fiabilidad y validez, resultados que han sido replicados y ampliados en investigaciones posteriores. Sin embargo, estos trabajos se han centrado exclusivamente en población heterosexual y conforme con su género. Más allá de esta línea de trabajo, la evidencia sobre los pensamientos o fantasías sexuales en poblaciones con diversidad de orientación sexual e identidad de género es muy limitada y no contempla la distinción entre PSP y PSN. Solo recientemente se han examinado las propiedades psicométricas del SCC en estas poblaciones, confirmándose la adecuación del instrumento. El SCC constituye una herramienta adecuada en contextos de investigación y práctica clínica, que permite examinar la relación entre pensamientos sexuales y distintos constructos, como el funcionamiento sexual, en diferentes grupos poblacionales.