La diferenciación entre síntomas psicóticos y disociativos presenta desafíos significativos debido a su solapamiento clínico, particularmente en individuos con antecedentes de trauma infantil. Ambos fenómenos comparten mecanismos neurobiológicos y pueden coexistir, complicando así la evaluación diagnóstica.Eugen Bleuler, quien acuñó el término esquizofrenia, definió este trastorno como una fragmentación de la personalidad o la psique (“Spaltung”), caracterizada por síntomas tales como alucinaciones y delirios, lo que despertó un creciente interés en la investigación de las experiencias disociativas de esta población.La evidencia indica que un porcentaje considerable de las personas con un diagnóstico psicótico ha experimentado traumas en la infancia, lo que se asocia a un incremento de la sintomatología disociativa a través de interrupciones en la memoria, la identidad y la percepción. Prueba de ello es que investigaciones recientes señalan una relación estrecha entre los síntomas positivos de la esquizofrenia y la disociación.En este contexto, algunos autores abogan por la creación de un subtipo específico de esquizofrenia que incluya los síntomas disociativos como una dimensión diagnóstica fundamental. Esta propuesta cobra importancia debido a las diferencias considerables en las estrategias de tratamiento para los trastornos disociativos y psicóticos, tanto desde el enfoque psicoterapéutico como farmacológico Por lo tanto, la evaluación de síntomas disociativos y experiencias traumáticas en población con un diagnóstico del espectro psicótico es esencial para el desarrollo de un plan de tratamiento que se ajuste a las necesidades específicas de cada persona.