La terapia electroconvulsiva (TEC) es empleada actualmente para el tratamiento de diversas patologías psiquiátricas. Se trata de un tratamiento rápido, seguro y eficaz gracias a las distintas modificaciones técnicas realizadas y el papel de la anestesia. Se considera tratamiento de primera elección el uso de TEC cuando existe necesidad de respuesta clínica urgente (riesgo suicida elevado, intensa agitación o inhibición psicomotriz), presencia de efectos secundarios importantes e ineficacia/resistencia a psicofármacos así como existencia de buena respuesta a TEC en episodios previos (1). La principal indicación de la TEC son los trastornos depresivos con síntomas psicóticos, inhibición o agitación intensa, con alto riesgo de complicaciones somáticas y en el anciano. También es eficaz en manía y esquizofrenia, así como en el embarazo con alto riesgo de teratogenia por psicofármacos. Otras indicaciones son el trastorno esquizoafectivo resistente a tratamiento, trastorno esquizofreniforme con mala evolución, síndrome neuroléptico maligno o enfermedad de Parkinson, especialmente complicada con episodios depresivos, y con fenómenos on-off. En mi exposición presento el caso de un varón de 28 años ingresado en Unidad de Hospitalización Psiquiátrica por un episodio depresivo con síntomas psicóticos. Tras presentación de complicación orgánica (broncoaspiración e hipoventilación farmacológica) se decide inicio de TEC con recuperación integra y mínimo tratamiento psicofarmacológico al alta. El objetivo de esta comunicación va dirigido a resaltar la importancia y la idoneidad del uso correcto de las terapias biológicas, en este caso la terapia electroconvulsiva, como parte de nuestro arsenal terapéutico.