El Trastorno de Identidad Disociativo (TID) es una condición psiquiátrica compleja con un impacto significativo en la vida de quienes lo padecen. Su fuerte asociación con traumas tempranos lo convierte en un problema de salud mental que requiere atención especializada y un abordaje terapéutico adecuado. A pesar de su baja prevalencia, su diagnóstico sigue siendo un tema de debate dentro de la comunidad científica, con posturas que van desde su reconocimiento como una entidad clínica legítima hasta su posible origen iatrogénico o sociocultural.En la actualidad, la difusión del TID a través de los medios de comunicación y las redes sociales ha generado tanto un aumento en la visibilidad del trastorno como una posible distorsión de su verdadera naturaleza. El fenómeno del autodiagnóstico y la viralización de síntomas en plataformas digitales han planteado nuevos retos en su evaluación y tratamiento. Sin embargo, esto no invalida la existencia de casos genuinos que requieren intervenciones adecuadas para mejorar su calidad de vida.