Una de las ocasiones privilegiadas en las que el grupo interno se pone de manifiesto es en el vínculo transferencial, no como algo que antes estuviera oculto ? ya decía Freud que en la vida cotidiana se producen transferencias- sino como muestra del estilo relacional de la persona. Este modo de vincularse en la terapia suministra una información preciosa al terapeuta sobre la estructuración de la personalidad del paciente. No obstante, desde la perspectiva relacional, conceptos como transferencia y contratransferencia se diluyen en el más amplio campo relacional que se forma entre paciente y terapeuta, co-construido por ambos. Por tanto, parecería difícil establecer generalidades sobre el tratamiento relacional de los trastornos de la personalidad ? o sobre la personalidad sin más ? puesto que cada terapeuta partirá de sus propias características personales en la creación del campo relacional. Pero partiendo de la ficción de un terapeuta neutro ? neurótico equilibrado ? y la importancia del diagnóstico dinámico del paciente que comienza su tratamiento, existe un margen quizá amplio para diseñar la actitud que debemos adoptar en la producción de diversos campos relacionales. Por ejemplo, recuperamos las orientaciones de Bjørn Killingmo (1989, 2000) cuando sugiere que la tarea del analista es diferente ante sujetos que padecen una patología de conflicto, frente a los que padecen una patología por déficit.