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Las habilidades sociales, base de la convivencia

Autor/autores: Sami El-Mimeh García
Fecha Publicación: 11/04/2012
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Las piedras coexisten, las personas convivimos. Esta inevitable relación es fuente de posibilidades y fuente de conflictos, contradictorio manantial de dichas y desventuras. Nuestro proyecto de felicidad es siempre privado, pero necesita integrase forzosamente en un proyecto de felicidad compartida. Por eso hay que aprender a convivir, es decir, a aumentar las alegrías y disminuir las asperezas de la convivencia. La calidad de nuestra vida va a depender del sistema de relaciones que consigamos establecer, y trenzarlo bellamente es el arte supremo.  Créditos de la imagen: f is for friends, por _Libby_, en Flickr.

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El-Mimeh García S. SaludMental.es. 2012; 1:2.
http://hdl.handle.net/10401/5484

Las habilidades sociales, base de la
convivencia
Sami El-Mimeh García1*
* Correspondencia: elgeniecillodelagua@yahoo.es
1
Maestro. Casa de Niños "Y Colorín, Colorado...". Parla (Madrid)

Las piedras coexisten, las personas convivimos. Esta inevitable
relación es fuente de posibilidades y fuente de conflictos,
contradictorio manantial de dichas y desventuras. Nuestro proyecto
de felicidad es siempre privado, pero necesita integrase forzosamente
en un proyecto de felicidad compartida. Por eso hay que aprender a
convivir, es decir, a aumentar las alegrías y disminuir las asperezas
de la convivencia. La calidad de nuestra vida va a depender del
sistema de relaciones que consigamos establecer, y trenzarlo
bellamente es el arte supremo.
Aprender a convivir es un arte en el que la psicología, la cultura y
la ética van a intervenir y a interferirse continuamente.

SaludMental.es ­ ISSN: 2254-3481
© 2012 El-Mimeh García S.

El-Mimeh García S. SaludMental.es. 2012; 1:2. - http://hdl.handle.net/10401/5484

Pero, ¿quién puede enseñar a convivir sin caer en una
presunción ridícula?. El comportamiento de los adultos demuestra
que lo hacemos muy mal. Hay demasiados conflictos, agresividad,
fracasos afectivos, falta de compasión y malentendidos en nuestra
vidas como para sentar cátedra de sabios. Unos adultos
desconcertados tienen que enseñar a vivir a unos niños y niñas, y tal
vez aquí radique el problema. "El Roto", un filósofo gráfico, presenta
en una de sus viñetas a dos jóvenes, uno de los cuales dice:
"Nuestros padres no nos entienden porque pertenecen a otra
degeneración". También los adultos tendríamos que aprender a
convivir, porque somos fuente de conflictos, los conflictos de la
convivencia evolucionan y, por ello, tenemos que estar aprendiendo
siempre.
Si hay una etapa evolutiva con mala prensa esa es la
adolescente. Sin embargo, no debemos olvidar que el adolescente no
es un ser muy diferente al niño que fue hace unos años, a pesar de
que la etapa adolescente es un momento evolutivo de cambios, prima
más la continuidad que la ruptura con el mundo anterior del chico o la
chica.
En la actualidad, la adolescencia es una etapa ambigua en el
curso vital. A los adolescentes no se les considera completamente
adultos, pues no pueden votar ni conducir un automóvil hasta los 16
o 18 años; no se espera de ellos independencia económica, pero
tampoco se les ve como niños/as; tienen cuerpos y hábitos de
adultos, pero se les considera sin experiencia.
Las teorías convencionales sostienen que la adolescencia es un
periodo de tormentas y tensiones. El adolescente típico es caprichoso,
rebelde y egocéntrico. Los adolescentes, según estas teorías,
intentarán cualquier cosa para impresionar a sus iguales y para
perturbar a sus padres. Margaret Mead fue una de las primeras en
oponerse a la idea de que el modelo de tormentas y tensiones de la
adolescencia sea "natural". Esta antropóloga estudió conductas de
niñas adolescentes en la isla de Samoa, en el Pacífico, y encontró que
la transición de la niñez a la edad adulta era gradual y tranquila. Sus
conclusiones fueron cuestionadas, pero estudios posteriores han
permitido afirmar que ella sea aproximó más a la verdad que muchos
de sus contemporáneos. Numerosas investigaciones se aproximan
más a las ideas de Mead que a las ideas de crisis. Los resultados de
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esos estudios sobre los comportamientos de adolescentes se pueden
resumir así:
1. Son propensos a alta y bajas emocionales de breve duración
2. Afirman que son felices la mayor parte del tiempo
3. Se llevan bien con sus padres y sus iguales
4. Dicen ser capaces hacer frente a sus problemas
5. Su actitud respecto a su futuro es positiva
6. Tienden a arriesgarse, a probar los límites de sus habilidades
7. Pueden desarrollar el mito o la creencia de que son, de algún modo,
protegidos mágicamente de las consecuencias de sus acciones
8. Suelen ser activos en actividades comunitarias
9. Valoran positivamente las relaciones con los iguales
10. La gran mayoría respetan a sus padres

La adolescencia es la época de la vida que transcurre entre la
infancia y la edad adulta. Comienza con la pubertad, cuando se
empiezan a dar una serie de cambios físicos que modifican el cuerpo
humano y lo preparan para la reproducción, y suele finalizar cuando
se asumen tareas y responsabilidades propias de la edad adulta o la
juventud como el trabajo, la independencia de los padres, etc. Se
trata de un período marcado por muchos cambios que se reflejan
tanto en la apariencia física como en el pensamiento y la vida social.
Respecto de los cambios físicos, las variaciones hormonales
provocan un rápido crecimiento de los órganos sexuales que permiten
la reproducción ­características sexuales primaria- y de otros órganos
asociados a los hombres y las mujeres aunque no directamente
relacionados
con
la
reproducción
­características
sexuales
secundarias-. Como hemos mencionado, este periodo en el que se
alcanza la madurez sexual y la capacidad de reproducirse se
denomina pubertad y marca el comienzo de la adolescencia. No
obstante, la edad de comienzo de la pubertad varía mucho. Puede
darse entre los ocho y los catorce años y, en general, aparece uno o
dos años antes en las chicas. La nutrición, los factores genéticos y el

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medio social y familiar que pueden retrasar o acelerar la aparición de
la pubertad.
Estos cambios físicos junto con otros cognitivos y sociales
marcan el inicio de una etapa compleja, muy distinta de las
anteriores y con unos rasgos especiales. La maduración sexual, la
importancia de la imagen corporal, las relaciones con padres y
amigos y la nueva forma de pensar son alguno de los elementos
específicos de la adolescencia. Muchos factores influyen en cómo
afrontan tanta novedad: el tipo de relación familiar, la forma de
interactuar con los iguales, la propia aceptación de la maduración y
los valores culturales tienen mucho que ver con la manera de
reaccionar.

A grandes rasgos...

En primer lugar, a medida que el niño o niña se hace mayor,
sus actividades dejan de estar centradas en casa para desplazarse al
grupo de iguales y a la comunidad, por lo que, además del cambio de
las relaciones ya existentes, se produce una ampliación y
diversificación de su red de relaciones sociales, es decir, se exponen
a un amplio abanico de nuevas situaciones sociales durante las cuales
se relacionan con personas desconocidas o no allegadas.
En segundo lugar, adquieren una autonomía cada vez mayor
respeto a sus padres. Este hecho ha dado lugar a que durante años
se considerase la adolescencia una etapa caracterizada por el
conflicto entre los adolescentes y sus padres. Pero la mayoría de los
estudios consideran que estos cambios en la adolescencia no tienen
por qué suponer necesariamente la aparición de conflictos graves:
- La adolescencia temprana es una etapa de perturbaciones
temporales en las relaciones familiares. En esta etapa se vuelven
más asertivos, pasan más tiempo fuera de la casa y disminuye el
número de interacciones positivas con los padres. Los conflictos
suelen relacionarse con aspectos de la vida cotidiana como las
tareas de la casa, las amistades, la forma de vestir o la hora de
volver a casa.

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- Las relaciones entre hermanos tienen una gran influencia porque
proporcionan amistad y compañía y satisfacen mutuamente su
necesidad de contar con relaciones significativas y afecto. Actúan
como confidentes mutuos, comparten muchas experiencias y están
dispuestos a brindarse ayuda en los problemas.

En tercer lugar, a pesar de que la familia sigue ocupando un
papel importante en el contexto socializador, a medida en que se van
desvinculando de sus padres las relaciones con los compañeros ganan
importancia, intensidad y estabilidad y el grupo de iguales se
convierte en el contexto de socialización más influyente. Como
consecuencia de la madurez cognitiva y del tiempo que dedican a
hablar de sí mismos, irán comprendiéndose mejor unos a los otros, lo
que va a repercutir en que las relaciones con los amigos estén
marcadas por la reciprocidad y el apoyo mutuo. También aumentará
sustancialmente la intimidad de las relaciones.
En cuarto lugar, el
experimentar una evolución a
una serie de etapas, desde la
temprana, hasta la aparición
adolescencia media-tardía.

grupo de iguales también va a
lo largo de la adolescencia, pasando
pandilla unisexual, en la adolescencia
de las relaciones de pareja, en la

Finalmente, durante la adolescencia temprana se produce el
cambio de la institución escolar. Va a suponer una dispersión o
ruptura del grupo de amigos. Esta desestructuración puede repercutir
negativamente en la adaptación a la nueva situación. Además, con la
llegada al instituto, se van a producir cambios importantes en el
funcionamiento de las aulas: papel más activo y participativo, se
hacen conscientes de facetas relacionadas con la autoimagen,
autoidentidad adquiriendo gran relieve y motivo de preocupación
aspectos relativos a la apariencia física, la competencia social y el
miedo a la evaluación negativa que pueden hacer los demás. La
maduración cognitiva proporciona que se vuelva más sensible que
antes a lo que piensan otras personas, y las necesidades de
pertenencia al grupo hacen que se preocupe de causar buena
impresión. Además, este desarrollo cognitivo permite ser mucho más
consciente de la discrepancia entre cómo se ve a sí mismo y cómo
cree que lo ven los demás.

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El estudio de las habilidades sociales es una de las áreas de
investigación más fecundas en la psicología contemporánea. Varias
son las razones por las que el tema de las habilidades sociales está
cobrando una dimensión extraordinariamente importante en distintos
contextos. Las razones las podemos clasificar en:
1. Relaciones entre la habilidad social y los trastornos comportamentales
2. Los programas de entrenamiento en la población infantil y juvenil
3. Ampliación de las áreas de aplicación. Por ejemplo, en el ámbito
estrictamente laboral, relaciones familiares...
4. Funcionalidad de las habilidades sociales: mayor y menor conocimiento
de uno mismo, mejora autoestima, aprendizaje de la reciprocidad, de
roles, control de situaciones, comportamientos de cooperación,
autocontrol y regulación de la conducta, apoyo emocional de los iguales...

Se podría afirmar sin temor a equivocarnos que todos sabemos
lo que significa el constructo de las habilidades sociales pero no
damos una definición correcta que satisfaga a todos y este libre de
controversia. Se puede decir que en la comunidad científica todavía
no existe un acuerdo universalmente aceptado por lo que se refiere a
una definición de la expresión habilidades sociales. Ante este
semejante estado son muchas las expresiones empleadas para hacer
referencia al tema de las habilidades sociales. De todas ellas, tres
rivalizan con mayor frecuencia en lo referido a sus definiciones y
aplicación: competencia social, habilidades sociales y asertividad.
A nivel coloquial podrían definirse como la forma en que nos
comportamos y lo que decimos cuando estamos con los demás ó
como un conjunto de comportamientos eficaces en las relaciones
interpersonales.

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Por lo que se refiere a cómo se aprenden las habilidades sociales,
la infancia es un período crítico para su adquisición. Los mecanismos
de aprendizaje son: reforzamiento directo (el individuo con su experiencia
directa incorpora a su repertorio conductual aquellas destrezas sociales que han
sido reforzadas), aprendizaje por observación o modelado (observación de modelos
reales y/o simbólicos para ser socialmente competente), retroalimentación
(contribuye decididamente a adquirir destrezas sociales) y las expectativas
cognitivas (son predicciones sobre la probabilidad percibida de afrontar con éxito
una determinada situación).

Las habilidades sociales constituyen un aspecto fundamental en
el desarrollo infantil, son condiciones que facilitan su crecimiento en
otras áreas cognitivas y afectivas: permiten un aprendizaje significativo
y aprende normas y reglas sociales básicas en su socialización. Por estas
razones es importante iniciar lo antes posible el entrenamiento en
habilidades sociales.
Todo lo que hace un sujeto configura sus comportamientos y
conductas. Las habilidades sociales son conductas aprendidas por eso
es importante ofrecerle modelos adecuados, unicidad en la
accíon de todos los agentes educativos, valorar todas las
conductas positivas, ayudarle a utilizar un pensamiento
divergente
y
proporcionarle
situaciones
variadas
de
aprendizaje social.
La mayor parte de los autores coinciden en señalar que, a partir
de la adolescencia, es preferible utilizar el aprendizaje estructurado
como medio de adquisición o reforzamiento de estas habilidades. Esta
tecnología proviene del campo de la Psicología y de la Pedagogía,
pretende educar en valores y normas para aumentar la competencia
social de los individuos. Se planteo, en principio, como un
procedimiento clínico para resolver y curar conductas asóciales o
antisociales. Pero también se pretende que sirva como mecanismo
preventivo para la aparición de dichas conductas. Es especialmente
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útil con adolescentes, pero puede servir para adultos. La metodología
incluye cuatro momentos con objetivos específicos para cada uno de
ellos:
MODELAMIENTO. Se trata de utilizar modelos adecuados para
enseñar una determinada conducta. Este modelo suele inducir al sujeto a aprender
conductas nuevas por observación, a inhibir o desinhibir otras que el sujeto nunca
ha llevado a cabo, pero conoce, y a facilitar otras positivas que ya están presentes
en su repertorio conductual. El individuo aprende en tres etapas, a saber, atención,
para la que deben existir unas condiciones de motivación adecuadas, retención, que
debe contar con instrumentos de memoria asociados a instrucciones verbales,
autoinstrucciones o representaciones prácticas en simulación, y reproducción, en
condiciones reales, asociadas a reforzadores de conducta, principalmente positivos.
ROLE PLAYING. Es una técnica de animación grupal que consiste en la
simulación de situaciones en las que el individuo debe representar un papel que le
permite representar sobre su actuación, sobre los motivos que la estimulan y sobre
las consecuencias que tiene. Suele utilizarse para el desarrollo de valores y normas
sociales o grupales. Requiere compromiso con las condiciones de actuación y
situación. Unida al modelamiento, trata de que el individuo simule la aplicación de
las conductas aprendidas, situándose en un lugar que no es el suyo propio y
procurando que pase por distintos papeles de la representación para que puede
analizarla desde varios puntos de vista, obteniendo conclusiones de qué hacer y
qué consecuencias tiene lo que hace. Al finalizar se le debe informar para que
pueda retroalimentar su conducta.
GENERALIZACIÓN DEL APRENDIZAJE. Se trata de que aplique lo
aprendido en distintas situaciones, con sentido discriminativo: no todas las
situaciones son iguales y nuestra conducta no puede ser la misma.
ENSEÑANZA
DE
LAS
HABILIDADES
EN
RESOLUCÍON
DE
CONFLICTOS. Se basan en al consideración
de que las habilidades sociales
deficitarias son el resultado de estrategias cognitivas inapropiadas que aplican en
situaciones interpersonales. Ello mejora la adaptación social

Durante los últimos veinte años, ha habido una gran
proliferación de programas de entrenamiento en habilidades sociales,
aprendizaje estructurado, habilidades de solución de problemas
sociales, autocontrol emocional, etc., encaminados a corregir y/o
prevenir dificultades interpersonales de los adolescentes. El trabajo
inicial en este campo se centró principalmente sobre adolescentes con
trastornos externalizantes (agresividad, conducta antisocial) e
internalizantes (timidez, fobia social) en contextos residenciales tales
como internados, psiquiátricos, centros de menores, etc., aunque en
los últimos años ha aumentado, de manera significativa, el número
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de intervenciones diseñadas con el fin de promover la competencia
social de los adolescentes en contextos educativos.
Algunas de las habilidades para trabajar con adolescentes
serían:
Escuchar
Empatizar
Mostrar interés
Ser positivo y recompensante
Enviar mensajes yo o en primera persona
Hacer frente a obstáculos
Ayudar a pensar y hacer preguntas
Hacer reír
Defender los derechos propios
Recibir críticas

En nuestro país contamos, hoy día, con varios programas de
enseñanza de habilidades sociales y competencia social para niños y
niñas en edad escolar, aunque aún son escasos los esfuerzos
realizados para mejorar las habilidades
interpersonales de los
adolescentes en el ámbito educativo. Con el objetivo de dar respuesta
a esta necesidad presentó, a continuación, el PROGRAMA DE
REFUERZO
DE
HABILIDADES
INTERPERSONALES
PARA
ADOLESCENTES: PEHIA
Es un programa de enseñanza directa y sistemática de
habilidades interpersonales cuyos objetivos generales consisten en
potenciar relaciones interpersonales adecuadas y prevenir problemas
desadaptativos, así como eliminar y/o reducir posibles dificultades
interpersonales durante la adolescencia.
Todos los seres humanos desarrollan, a lo largo de su vida,
capacidades que les permiten relacionarse con los demás de forma
adecuada. Estas habilidades comienzan a formarse en la infancia,
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pero es en la adolescencia cuando se produce su manifestación más
intensa y su fijación. Su aprendizaje es una constante a lo largo de la
vida.

Cite este artículo de la siguiente forma (estilo de Vancouver):
El-Mimeh García S. Las habilidades sociales, base de la convivencia.
SaludMental.es [Internet]. 2012 [citado 04 Abr 2012];1:2. Disponible
en: http://hdl.handle.net/10401/5484

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