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El Ministerio debe contar con las principales sociedades científicas y no solo con las que le son afines



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Noticia | 19/06/2024

 


Este periódico habla con Guillermo Lahera sobre la Psiquiatría y la salud mental en España, sus asignaturas pendientes y el papel de los profesionales en el Plan de Salud Mental.


Eliminar los abusos en la infancia podría reducir entre un 20% y un 40% la prevalencia de trastornos mentales y en un 40% las tasas de suicidios, según un reciente metaanálisis realizado en Australia y publicado en la revista Jama Psychiatry. Este estudio fue destacado por Guillermo Lahera durante el XXII Seminario Lundbeck Trauma y depresión, evento que tuvo lugar el pasado viernes en Sitges y que exploró el impacto del trauma psicológico y la depresión asociada, caracterizada por una sintomatología compleja y un alto riesgo de suicidio.


Lahera, jefe de sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Príncipe de Asturias y profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá, quien también está adscrito al Cibersam y fue miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, resalta el papel crucial de la investigación y la divulgación en estos temas. Además, subraya la importancia de los medios en la prevención del suicidio.


En conversaciones fuera del seminario, se discutieron temas como la situación de la psiquiatría y la salud mental en España, los retos pendientes en esta área y el rol de los profesionales en la implementación del Plan de Salud Mental. Estos diálogos reflejan el compromiso continuo con la mejora de la atención en salud mental y la protección de la infancia frente a abusos.


Pregunta.En el seminario de Lundbeck dio datos sobre cómo el trauma psicológico, además de aumentar el riesgo de depresión y de suicidio, influye en patologías físicas (obesidad, biomarcadores de inflamación...). ¿Hay otros problemas de salud mental que también afecten directamente a enfermedades físicas?


Respuesta.Por supuesto que sí. En la inmensa mayoría de enfermedades médicas hay una dimensión psicológica que influye profundamente. El estrés y el trauma psicológico influyen en parámetros como la presión arterial, los marcadores inflamatorios o el desarrollo de patología cardiovascular, e incluso hay estudios que los asocian a algunos procesos tumorales, lo que obliga a tener una visión amplia y holística de la medicina. 


No hay un organismo humano independiente de su mente, su cultura y su contexto, todo está relacionado. En la depresión, aparte de los síntomas afectivos, son muy importantes los síntomas somáticos, como las alteraciones del sueño, del apetito o de la esfera sexual, o todo lo que está relacionado con la percepción del dolor y los estímulos interoceptivos. Eso explica gran parte de la llamada patología psicosomática.


Hay enfermedades, como por ejemplo la fibromialgia u otras, donde se ve claramente esta encrucijada entre los aspectos reumatológicos o inmunológicos y psicosociales.Por otro lado, los trastornos mentales graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, tienen una influencia muy negativa en la esperanza de vida de los pacientes, llegando a acortarse entre un 10 y un 20%. Esto se debe a muchos factores, pero uno de ellos es esta afectación sistémica o global de los trastornos mentales.


P.¿Por qué si cada día hay más evidencias de la relación entre salud física y salud mental, incluso espiritual como se mencionó en el seminario, seguimos teniendo una medicina que separa y no trata de una forma integrada? ¿Cómo se puede cambiar esto?


R.A mi juicio, después de un boom de la superespecialización y de la fascinación por las pruebas complementarias, actualmente vivimos un desarrollo de la medicina que, con ayuda de la tecnología, se orienta a una mirada más integral, incluyendo los aspectos no puramente somáticos de la enfermedad. Cada vez tienen lugar más encuentros, por ejemplo, entre neurólogos y psiquiatras, entre inmunólogos y psicólogos, entre oncólogos y expertos en la vivencia de la enfermedad, entendiendo que los médicos tenemos que ser expertos en las enfermedades pero también en las vivencias subjetivas que tienen nuestros pacientes.


Este camino puede conducir a una mayor coordinación entre las especialidades y que la atención se oriente más al paciente y esté menos compartimentalizada.Respecto a la dimensión espiritual, en Estados Unidos es algo muy asumido, pero no en nuestro medio. Es una dimensión más del ser humano, que en algunos casos es enormemente beneficiosa, canalizada de forma religiosa o no.


En enfermedades terminales, en el dolor crónico, en situaciones de angustia vital, algunos pacientes pueden cultivar esta dimensión y favorecer su estado de salud. Esto no quiere decir que el médico o el profesional tenga que hacer proselitismo de sus posturas existenciales, sino respetar y en ocasiones promover el ansia espiritual que puede tener el paciente.


P.En estos tres años en los que se ha puesto el foco en la salud mental, ¿qué cree que se ha hecho mal y qué bien a nivel de profesionales e instituciones? ¿Cuáles siguen siendo las asignaturas pendientes?


R.Se han hecho bien muchas cosas. La psiquiatría española, en los últimos 15 años, ha experimentado una modernización sin parangón en su Historia, el avance en la investigación e internacionalización ha sido muy importante. Hay psiquiatras españoles en la élite mundial. Creo también que las nuevas generaciones de psiquiatras y psicólogos caminamos hacia una mayor integración conceptual, de manera que evitamos las miradas muy polarizadoras y, por tanto, reduccionistas. Ya no cabe hablar de una mirada puramente biologicista o de una mirada exageradamente social, porque hay que entender la dinámica compleja entre ambos elementos.


A nivel asistencial, se ha llevado a cabo un desarrollo de la red de salud mental, que en algunas comunidades autónomas ha sido especialmente reseñable, con los valores de la psiquiatría comunitaria que prácticamente todos defendemos. Sin embargo, esto ha llevado en paralelo a un aumento enorme de la demanda, de manera que en muchos sitios se ha quedado corto. El gran desafío o asignatura pendiente es mejorar la atención al paciente con un trastorno mental, sin recurrir a una psiquiatrización masiva del sufrimiento. Hay que ofrecer psicoterapia en condiciones para aquellos pacientes que la necesitan, sin ofrecer un modelo de 'terapia para todos'.


Para acabar, yo siempre defiendo que la esperanza del paciente con un trastorno mental y sus familias son los avances en el conocimiento. Es necesario impulsar con determinación la investigación sobre el cerebro y sobre todos los elementos que influyen en el desarrollo de psicopatología.


P.¿Cómo valora el Comisionado de Salud Mental que ha creado Sanidad y el plan que tienen en marcha?


R.Yo, en principio, tiendo a ver positivamente la actuación de las personas sin caer en juicios a priori. El Comisionado lleva poco tiempo, apenas una presentación -que fue efectivamente desafortunada-. En principio, la creación de un comisionado específico es una buena noticia si es capaz de liderar y coordinar este complejo campo de la sociedad. Algunos de los objetivos que ha anunciado la persona encargada me parecen loables, como la defensa de los derechos humanos de los pacientes, el énfasis en los determinantes sociales de la enfermedad o la promoción de la psicoterapia. Sería una pena que estos objetivos no se consiguieran por una visión demasiado polarizada o ideológica, poco transversal. Mi mayor deseo es que esto no se produzca.


P.Desde Sanidad se hace mucho hincapié en los determinantes sociales como mecha para sufrir patología mental, además de física. ¿Cómo se mide esto?


R.Hay mucha bibliografía de calidad acerca del papel de los determinantes sociales de la enfermedad mental y física, no puede ser de otra manera. Las situaciones de exclusión social o discriminación influyen de una manera clara en el bienestar del individuo y en su salud. Esto se mide con muchas variables extraídas de bases de datos y registros poblacionales, y hay que introducirlas dentro de la compleja ecuación de la enfermedad. Lo social es importante, aunque obviamente no lo explica todo.


P.¿Cuál debe ser el papel de los profesionales en la puesta en práctica del Plan de Salud Mental?


R.Debe ser decisivo. Cualquier propuesta que se quiera realizar en el campo de la salud mental solo va a ser exitosa si aglutina a las distintas voces que hay en él. El Ministerio debe contar con las principales sociedades científicas y no solo con las que le son afines. Con persuasión y con argumentos racionales creo que se pueden llegar a grandes consensos en el campo de la salud mental. Es el campo perfecto para entender que el otro puede tener argumentos interesantes, que hay que escuchar y no entrar en una dialéctica de buenos y malos.Sería una pena que los objetivos anunciados por el Comisionado de Salud Mental no se consiguieran por una visión demasiado polarizada o ideológica, poco transversal


P.Al haberse hecho más visible la salud mental para la sociedad y para los políticos, ¿se está politizando este tema como ha ocurrido con otros, como la pandemia misma? En este sentido, por ejemplo, podríamos hablar entre otros temas de la polémica ley trans, criticada por muchos profesionales por haber eliminado la evaluación psiquiátrica.


R.En este tema yo siempre defiendo que la polarización nos empobrece, dificulta el diálogo constructivo, alimenta los prejuicios y las etiquetas, y crispa nuestro día a día. Es triste ver como temas de enorme complejidad, como la eutanasia, la ley trans o aspectos de salud mental, son percibidos por algunas personas como una dicotomía 'blanco-negro', en la que uno tiene que rápidamente posicionarse. Sólo avanzaremos si observamos los matices, las contradicciones, la variedad en la casuística y leemos artículos científicos de calidad sobre el tema. En la confusión que a veces tenemos en algunos temas, la ciencia (con sus limitaciones) puede acudir en nuestra ayuda.


P.Y, por último, 'barriendo para casa', ¿cómo deben informar los medios? Porque no siempre se informa con rigor y eso también influye en el estigma y la confusión (que no bulo) de los trastornos mentales...


R.El papel de los medios de comunicación es decisivo en nuestro campo, como vamos viendo en el campo de la prevención del suicidio. Los medios deben informar con rigor, respeto a las personas aludidas y empatía por las personas que puedan compartir el diagnóstico o las características de las personas mencionadas. Las noticias deben siempre orientarse hacia la esperanza, la posibilidad de ser ayudados y en ningún caso movidos por el morbo o la truculencia. 


El buen uso del periodismo es una de las principales medidas preventivas en salud mental porque reduce significativamente el estigma y, en el mejor de los casos, clarifica los conceptos que a veces la población tiene enormemente confusos.


 

Fuente: Diario Médico
Palabras clave: ministerio, sociedades científicas, psiquiatría
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