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Nuevas evidencias demuestran la relación entre el microbioma intestinal y el comportamiento



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Noticia | 28/05/2024

 


Científicos de la Universidad de Utah (Estados Unidos) se suman a la creciente evidencia de que los microbios que viven en los intestinos influyen en el comportamiento, lo que explicaría que el estreñimiento, la diarrea y el dolor abdominal acompañen las limitaciones sociales y los comportamientos repetitivos característicos de las personas con autismo.


Este fenómeno observado en personas con autismo ha llevado a muchos investigadores a cuestionar si los problemas gastrointestinales se originan a partir de las características conductuales o sensoriales del autismo, o si podrían estar contribuyendo a estas características.


Recientemente, un equipo de investigadores ha encontrado que en ratones, los problemas gastrointestinales frecuentes pueden disminuir la interacción social, un efecto que se mantiene incluso después de que los síntomas gastrointestinales hayan desaparecido.


Además, descubrieron que era posible aliviar tanto los síntomas gastrointestinales como los cambios de comportamiento asociados mediante la introducción de ciertas especies de bacterias en el sistema digestivo de los animales.


Este avance, publicado en la revista Nature Communications, sugiere que es factible influir en la salud y el comportamiento a través de la manipulación controlada del microbioma intestinal.


"Creo que este es un paso realmente significativo desde el punto de vista terapéutico, porque ahora podemos comenzar a desarrollar una terapia con organismos que sabemos que son seguros", comentó la Dra. June Round, microbióloga de la Universidad de Utah (U of U Health) y líder del estudio.


Vínculo entre el intestino y el comportamiento


A medida que los investigadores continúan explorando cómo los problemas gastrointestinales afectan los comportamientos vinculados al autismo, Round y su equipo decidieron estudiar el efecto de los trastornos intestinales en el comportamiento de los ratones. El Dr. Garrett Brown, un postgraduado, examinó a ratones afectados por una enfermedad inflamatoria conocida como colitis, que provoca dolor, diarrea y daño intestinal.


Después de varias incidencias de colitis y una vez que los síntomas se atenuaron, se realizaron pruebas comportamentales. Los ratones que habían experimentado colitis se desplazaban normalmente y no exhibían signos de ansiedad o depresión. No obstante, interactuaban menos con ratones desconocidos en comparación con aquellos que no habían sufrido de colitis. "No es que los ratones estén tan adoloridos que no puedan hacer nada", señaló Brown. "Podría ser algo específicamente relacionado con la sociabilidad", agregó.


La reticencia a socializar observada en los ratones evocaba las dificultades sociales típicas del autismo. Ante la posibilidad de que los trastornos intestinales pudieran alterar el comportamiento social, el equipo se cuestionó si los microbios intestinales —que varían entre personas autistas y neurotípicas— podrían tener un papel en ambos fenómenos.


Para indagar más, Brown recolectó muestras fecales de personas autistas y de sus parientes o hermanos neurotípicos y las transfirió al sistema gastrointestinal de ratones.


Al inducir colitis en estos animales, aquellos con microbios de individuos autistas sufrieron daños intestinales más severos y perdieron más peso que aquellos con microbios de personas neurotípicas, sugiriendo un efecto protector de los microbios neurotípicos.


Identificación de protectores microbianos


El ecosistema microbiano en el intestino humano es tan diverso que las muestras utilizadas en los experimentos podrían haber incluido cientos de tipos de bacterias, virus y hongos. Round y Brown se propusieron determinar cuáles miembros de esta comunidad ofrecían protección contra los problemas intestinales.


Comparando los microbios intestinales de individuos autistas con los de familiares neurotípicos, y los de ratones a los cuales se les habían transplantado estas comunidades microbianas, Brown buscó microbios protectores que estuvieran subrepresentados en personas autistas. Halló algunos prometedores.


"Logramos identificar ciertos microbios que parecen jugar un papel crucial en la resistencia contra la colitis severa", explicó Brown, ahora en el Centro Clínico de los Institutos Nacionales de Salud.


Dos tipos destacaban en particular. Las bacterias de la especie Blautia eran más prevalentes en individuos neurotípicos que en sus familiares autistas. En ratones colonizados con microbios de personas autistas, una especie llamada Bacteroides uniformis era abundante en aquellos con casos menos severos de colitis.


Se sabe que el B. uniformis está subrepresentado en personas con síndrome del intestino irritable y enfermedad de Crohn, indicando un papel en la salud intestinal.


Tras identificar estos grupos bacterianos, Brown los administró a ratones antes de inducirles colitis. Tanto la Blautia como la Bacteroides uniformis mitigaron los problemas intestinales, y la Blautia también influyó en el comportamiento social. Los ratones que recibieron esta bacteria mostraron mayor tendencia a interactuar con ratones desconocidos después de la colitis.


 


 


Palabras clave: intestino, comportamiento, cerebro, alimentación
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