Última actualización web: 27/05/2020

`El ser humano tiene grandes mecanismos de defensa y capacidades ante estas situaciones´

Noticia | Psiquiatría general | 27/03/2020

RESUMEN

Para Jerónimo Saiz, patrono de la Fundación Española de psiquiatría y Salud Mental, mantener un espíritu positivo es fundamental durante el período de cuarentena decretado por el coronavirus. El experto es consciente de la preocupación que esta situación provoca a diferentes niveles como el de la salud o el económico. Pero, a pesar de ello, anima a pensar en las altas capacidades que tiene el ser humano a nivel de resistencia propia desde el punto de vista psicológico y social. Por ello, insta a confiar en que vamos a superar esta situación para sobrellevar mejor el tiempo de confinamiento.

Pregunta. ¿Qué carga mental tienen este tipo de cuarentenas?
Respuesta. La cuestión es que no es igual para todo el mundo. Hay unos problemas que derivan de la situación en sí misma y afectan a todas las personas. Pero también hay algo más particular que es cómo afecta a aquellas personas que tienen un factor predisponente o agravante, que son las que tienen problemas previos de salud mental.

Luego están las personas a las que estos problemas les afectan de una manera más directa, como el personal sanitario, de seguridad o abastecimiento y las personas cercanas a las víctimas ya sea fallecidos o personas que estén en tratamiento, personas infectadas. En cada caso las circunstancias son diferentes.

P. ¿Qué afecciones pueden empeorar a raíz de esta situación?
R. En ese capítulo, en cómo puede afectar a las personas que ya tienen un problema de salud mental hay dos grandes apartados.

En primer lugar  están los problemas de salud mental “comunes”, en el sentido de que son muy frecuentes como la ansiedad o la depresión, que son muy prevalentes. Pero de estos tenemos la experiencia de que en situaciones de crisis vitales como guerras, epidemias o grandes problemas del entorno disminuyen, pasando a un segundo plano.

También nuestro organismo y nuestros mecanismos de defensa tienen un orden de prioridades, unas jerarquías. Y cuando lo que está en riesgo es la propia vida, entonces todo pasa a tener una importancia relativa según lo que ocurre. Puede ser incluso que disminuya su incidencia, su frecuencia y su trascendencia.

En aquellos que tienen enfermedades mentales crónicas y con síntomas persistentes como una esquizofrenia de mala evolución o crónica, un trastorno bipolar u otras entidades con trascendencia lo que hay que asegurar es que no se deje de recibir el tratamiento adecuado. En otras grandes crisis mundiales como pandemias o guerras el problema es que si los enfermos dejan de recibir tratamiento los síntomas evidentemente se disparan y todo se complica, pero no es que tenga una injerencia directa en la propia patología.  

P. ¿Y qué problemas puede generar este confinamiento en personas sin afecciones de salud mental diagnosticadas?
R. Esa es otra situación, la de las personas sin patologías previas pero que sometidas a este estrés, a esta incertidumbre, a esta frustración, a este cambio de hábitos… pueden desarrollar una serie de síntomas. Estos pueden ser  ansiedad, ira, aburrimiento, irritación o no tolerar la situación. Esto tampoco es que sea tan frecuente, hay unos factores que pueden agravar o favorecer que la repercusión sea mayor. Por ejemplo, la soledad. No es lo mismo estar aislado solo que con otras personas, como la familia. También influyen otras circunstancias. No es lo mismo estar encerrado en un chalet con piscina y terraza que en un piso de 40 metros cuadrados. Además, también difiere en función de la situación económica, no es lo mismo estar en paro o que te falten recursos, lo que aumenta la inseguridad y también te hace más vulnerable.  

La duración es uno de los factores que puede ser más importante. Por ejemplo, las antiguas cuarentenas que se hacían antes con las epidemias durante la edad media se establecían en 40 días, 15 o los que fueran. Pero aquí estamos con amenaza de que se pueda prolongar, no tener un límite al no tener una situación bien conocida. Son factores que pueden Son factores que pueden conducir al estrés, a la desmoralización, y a unas conductas un poco descontroladas. Un ejemplo es la acumulación en los supermercados sin haber problemas de suministro. Otro problema es que hay personas que se pueden ver en situación de riesgo, valorar un riesgo desproporcionado o hacerse realmente mucho más refractarios, negándose a aceptar la situación. También se puede magnificar el estigma de pensar que alguien te puede contagiar, y protegerse de más.

P. ¿Estos procesos pueden desencadenar procesos de ansiedad o depresión en personas más vulnerables?
R. Desde luego. Yo diría que todo esto es un proceso normal dentro de lo que estamos viviendo. Realmente estamos en los primeros días de un confinamiento, veremos a ver lo que pasa en diez días y no digamos nada si se prolonga más. Todo el mundo va a sufrir más o menos por ello y la propia incertidumbre por los cambios de hábitos. Lo que más hemos recomendado como fomento de la salud mental es la comunicación, el ejercicio físico y salir y hacer vida normal. El trabajo es un factor positivo, pero estos dos últimos puntos ahora no se pueden llevar a cabo.

Otra cosa es aceptar que esto hay que hacerlo, que no es algo que nos hayan impuesto. No tomarlo como un niño al que le hayan quitado un juguete, sino que estamos haciendo lo que hay que hacer y lo que claramente es necesario hacer. Cuanto peor vayan las cosas, más claro va a quedar que es lo que hay que hacer. Por ello hay que aceptarlo y asumirlo como algo propio, incluso pensando que aunque no hubiera policías por la calle que nos obligarán a hacerlo lo haríamos por propia voluntad porque esto ayuda. Lo mismo que las iniciativas de solidaridad, las redes sociales, el teléfono… ¿Qué pasaría con esto hace 50 años? Si no se tuviera esta posibilidad de estar en contacto unos con otros sería muy diferente.

P. ¿Afecta esta situación a algún grupo en mayor medida?
Hay un factor que es que los de mayor edad están en más riesgo, son más vulnerables, están más solos, son más dependientes y necesitan más ayuda… Sin embargo los más mayores suelen tener una mayor estructura de resistencia, porque ya han vivido mucho y han pasado por otras situaciones. Nada parecido a esto pero los más mayores sí han pasado una guerra. Digamos que están en más riesgo evidentemente, en más precariedad y hay que acordarse de ellos. Creo también que las personas que están en soledad, también es un factor, o aquellos que están lejos de su entorno como inmigrantes, lejos de su red de apoyo. Sin embargo aquellas familias que tienen más de tres hijos, aunque esto podría ser un factor de estrés, realmente lo llevan mejor.  

Una cosa muy importante es la información. Toda la información que se está dando, sobre todo a través de los medios de comunicación, porque en redes muchas veces se ve información tóxica que es mejor que no se diera, es relevante. Estar informado, saber lo que pasa y que esa información sea transparente. Porque este tipo de situaciones induce a la desconfianza, puede dar por pensar que unos se están librando de lo peor y a ti te toca todo lo malo, por ejemplo. Pero todas esas circunstancias son negativas y no conducen a nada bueno, además de que no son verídicas ni justas. En ese sentido la información objetiva es muy importante.

P. ¿Puede quedar algún tipo de secuela a nivel mental cuando acabe este confinamiento?
No lo sabemos. Esto es nuevo, todo es inédito, no ha habido una crisis de este calibre desde hace muchos años. Se habla de que la gripe española hace 100 años, que fue algo parecido pero la sociedad era muy diferente a la nuestra.

El problema de ahora es que creíamos que teníamos todo resuelto y todo seguro y de repente todo esto se ha venido abajo, por lo que es fácil que todo eso luego sea distinto. Pero no solo a peor, sino también a mejor. En alguna medida podemos sacar de la crisis, una vez se supera, consecuencias positivas. Podemos también tener experiencias en torno a cómo ha respondido el resto de la gente y uno mismo, y sustentar un poco nuestra confianza y nuestra seguridad en que hemos podido superar una situación extrema. Pero evidentemente va a haber un antes y un después.

P. ¿Hay algún tipo de rutina o actividad que se pueda realizar para “reducir el sufrimiento”?
Hay que ser positivo, es necesario transmitir ese mensaje. Se dice que no sabemos hasta donde podemos soportar y la verdad es que sobre esa confianza, esa resiliencia y psicología positiva tenemos experiencias parciales. Nosotros, a nivel de nuestra experiencia personal hemos vivido la terrible situación de los atentados del 11M, que fue algo mucho más parcial. O en Estados Unidos, los atentados de las torres gemelas que parecía que iban a dejar unas secuelas imborrables. Pero al final, esto se ha limitado más a las víctimas, a su entorno y hemos podido recuperar toda nuestra capacidad.

La verdad que el ser humano tiene grandes mecanismos de defensa, grandes capacidades y creo que eso es lo que hay que fomentar, la capacidad de ayudarnos unos a otros. Por eso se mantienen también las personas que están en primera línea como los sanitarios o todo aquel que esté implicado en esto sabiendo que ayuda a la comunidad. Así que seguro que sobre esto se puede construir algo bueno, y lo podremos recordar como algo que superamos.  



Fuente periodística: Gaceta Médica
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