Actualizado 27/09/2018

La ansiedad sale del armario con los millennial: ya se sabe que es la generación que más la sufre, y no lo esconde

Noticia | Trastornos infantiles y de la adolescencia | 2018-07-06

RESUMEN

Desde el Rubius a Selena Gómez pasando por Emma Stone o Miley Cyrus, muchas celebrities han salido a la palestra para hablar alto y claro de un problema que les complicaba la vida: la ansiedad. ¿Es que ahora hay más personas que la padecen que antes o es que hemos empezado a darle visibilidad? La ansiedad en la generación millenial ha alcanzado su máximo exponente: te cuento qué hace a toda una generación más propensa a padecerla.

Sí, en los últimos tiempos la ansiedad parece ser el común denominador de muchos famosos, pero no tiene incidencia solo en ellos, no: se ha declarado a los Millenials como la generación con más ansiedad de la historia (y no lo digo yo, lo dice la Asociación Americana de Psiquiatría, ahí es nada).

Un poco más de contexto: según la Universidad de Berkeley (California, EEUU): * Solo el 51% de los millennials tienen herramientas suficientes para manejar la ansiedad. * Desde 2007 hasta hoy se ha incrementado la demanda de atención en salud mental en la Universidad de California en un 51%. * Las mujeres son un 60% más propensas que los hombres a padecer ansiedad en algún momento de su vida.

¿Por qué los millennials tienen más ansiedad que otras generaciones?
Como en casi todas las cosas de la vida no hay una única explicación para este fenómeno, sino que se trata de una combinación de factores. Algunos de ellos son:

1. El desastre de la perfección
Un estudio realizado por Thomas Curran y Andrew P Hill para, de nuevo, la APA determinó que la mayoría de los millennials experimentan lo que se denomina "perfeccionismo multidimensional", es decir: presión por alcanzar metas cada vez más altas, medidas con estándares cada vez más altos también. No, no es fácil.

Estos autores encontraron también que tenemos y sentimos la presión de la evaluación de nuestros iguales (amigos, conocidos...), de la gente que nos rodea. Si antes estábamos sometidos al escrutinio directo de 30 o 40 personas, ahora con las redes sociales e Internet la cifra se eleva exponencialmente, y con ella la ansiedad que genera la evaluación de los demás.

2. Las redes sociales
Los propios cerebros tras las redes sociales que nos hacen "adictos" han renegado de ellas. Para Justin Rosenstein, el ingeniero que creó el botón de "Like" de Facebook (Gracias, Justin), "Snapchat es como la heroína", de manera que se ha autoprohibido el acceso a apps sociales.

La necesidad de aprobación, el valor de los likes, el número de seguidores, la obligación de contestar (y rápido)... las redes sociales nos exigen mucho, muchísimo, y eso se puede traducir en mayores niveles de ansiedad.


3. Motivos de peso
El estudio realizado por la APA (Asociación Americana de Psiquiatría) que comentaba al principio reveló, además, algunos de los posibles motivos detrás de esta "plaga":

Nos cuesta más desconectar: la omnipresencia del trabajo gracias al móvil, tablets, etc. hacen que sea complicado separar nuestro tiempo de trabajo del personal).

La promesa de “os vais a comer el mundo” que nunca se cumplió: la publicidad, la sociedad... todo el mundo coincidía en que “los millennials llegarían a donde quisieran”, pero la realidad ha sido otra muy distinta. Esto es algo que ya he visto en consulta ya unas cuantas veces: chicas, chicos, de treinta y tantos, que se sienten estafados, que no entienden por qué si hicieron todo lo que había que hacer, si estudiaron carrera, postgrado, prácticas, idiomas... si "cumplieron con su parte del trato", ¿por qué no han alcanzado la realización laboral que se les prometió? Obviamente entienden que no todo dependía de ellos, pero esa sensación de frustración y de "estafa" genera verdadero malestar.

La cultura de la meritocracia: directamente ligado con el punto anterior se encuentra este. El choque producido entre el mensaje social de "el éxito depende de tus méritos" y una realidad que en muchas ocasiones no ha dado espacio a que los méritos surtan efecto, hace que la ansiedad sea, para muchos, un fondo musical (no deseado, claro).
La imposibilidad de tener casa propia, lo cual sucedía en menor porcentaje en generaciones anteriores (hablamos de tendencias internacionales, obviamente cada país tiene sus características en base a su historia).
Menos sexo que las generaciones anteriores. Como lo oyes: los millennials tienen menos sexo que sus padres.

4. Malos hábitos como compañeros de camino

Además de todo esto, que no es poco, hay una serie de hábitos que no ayudan en nada a combatir la ansiedad. Aquí tienes algunos ejemplos:

Mala (o malísima) higiene del sueño: nos metemos en la cama, dispuestos a dormir. Cogemos nuestro teléfono o la tablet y nos ponemos a repasar redes sociales, las noticias o a ver algún vídeo en Youtube.

Miramos el reloj y han pasado 40 minutos. Intentamos dormir. Nada. Miramos de nuevo el teléfono un ratito. Nada. Y así unas cuantas veces. Y así unas cuantas noches. El uso de pantallas en la cama hace que... sí, lo has adivinado, nos desvelemos. Y si encima para intentar conciliar el sueño (o para pasar el rato) lo que hacemos es volver a coger el móvil ya la hemos hecho completita. Si es tu caso deja las tecnologías y pásate a un formato más analógico: el libro, verás qué pronto se te caen los ojos de sueño.

Y sin ánimo de demonizar a los smartphones, otro de los motivos por los que los millennials presentan mayores niveles de ansiedad es, sí, el uso del teléfono.  Se estima que en España pasamos unas 2 horas y 34 minutos al día mirando el móvil, pero los millennials superan con creces estas cifras. Un estudio realizado por la Baylor Univertity determinó que los millennials americanos pasan alrededor de 9 horas al día con el teléfono en la mano. Sean 9 horas o sean 2, la cuestión es que invertimos gran parte del día con estos aparatos y al parecer esto podría influirnos negativamente: según las útlimas investigaciones los juegos con soporte en pantalla (móvil, tablet, televisión) aumentan la activación del sistema nervioso central, lo que puede disparar más fácilmente la ansiedad. Por otra parte al estar siempre conectados, tenemos un nivel de activación también alto.

Beber café por encima de tus posibilidades: no te descubro nada si digo que la cafeína no ayuda a dormir, ¿verdad?, pero es que tampoco nos viene bien para la ansiedad. Tomamos café porque tenemos sueño, pero curiosamente muchas veces tenemos sueño porque hemos tomado café. Intenta cambiar alguna de las tazas por infusiones sin teína, o agua con trozos de fruta. Además con estas bebidas aseguramos un buen nivel de hidratación, lo cual nos interesa porque cuando el cuerpo siente que le falta agua inicia un despliegue con sensaciones similares (y previas) a la ansiedad.

No hay duda: los millennials tienen una mayor conciencia acerca del impacto de la salud mental en la calidad de vida, en la salud física, en el trabajo y por tanto en la economía. Sí, están más concienciados con lo relativo a la salud mental, han aceptado la existencia de los trastornos y ahora se atreven a hablar de ello.

¿Lo bueno? Que normalizamos, que poco a poco vamos quitando el estigma que acompañaba a todo lo relacionado con la salud mental, y con ello hacemos que cada vez más personas acudan a pedir ayuda cuando la necesitan. A pesar de todo aún queda mucho camino por recorrer, tanto para los millenials como para la concepción social acerca de la ansiedad y de los trastornos psicológicos.

 



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