La intervención de los padres puede reducir los síntomas autistas antes del primer año de vida del niño

Noticia | Tratamientos | 2017-04-21

  • Título original: Randomised trial of a parent-mediated intervention for infants at high risk for autism: longitudinal outcomes to age 3 years
  • Fuente: Journal of Child Psychology and Psychiatry
RESUMEN

Si bien el diagnóstico de autismo no se establece hasta que el niño ha cumplido la edad de 2 años y en ocasiones, hasta los 4, los padres pueden hacer mucho por ayudar a sus hijos antes de que cumplan su primer año de edad. De hecho, un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Manchester (Reino Unido) muestra cómo una ‘intervención formativa’ dirigida a los progenitores no solo minimiza la gravedad de los síntomas emergentes del trastorno cuando el bebé no ha alcanzado los 12 meses, sino que reduce la probabilidad de que desarrolle las dificultades características del autismo en los siguientes años de la infancia. Como explica Jonathan Green, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of Child Psychology and Psychiatry», «lo realmente novedoso de nuestro trabajo es cuán precoz podemos iniciar la intervención. Ya sabíamos que intervenciones similares durante fases más avanzadas de la infancia pueden tener efectos a largo plazo. Y ahora, lo que demostramos es que realizar la intervención durante el primer año de vida puede conllevar mejoras muy importantes en el desarrollo a medio plazo del bebé. Unas mejoras que, además, se mantienen una vez la terapia ha concluido. Se trata de un resultado muy prometedor que establece una excelente base para la realización de ensayos clínicos más grandes utilizando la intervención en fases muy tempranas del desarrollo». En el estudio, los autores emplearon una versión adaptada del Vídeo Interactivo para el Programa Parental de Promoción Positiva (VIPP) del Estudio Británico de Autismo en Hermanos Pequeños (iBASIS). Y lo que hicieron fue utilizar esta versión para mostrar, durante un mínimo de seis visitas domiciliarias, a 28 parejas de padres cómo comprender y responder al estilo individual de comunicación de sus bebés para, así, mejorar su atención, comunicación, desarrollo del lenguaje e interacción social. Concretamente, la intervención se llevó a cabo durante un periodo de cinco meses –desde que el bebé contaba con nueve meses hasta que alcanzó la edad de 14 meses–. Y con objeto de analizar su eficacia, los autores evaluaron a los bebés a las edades de 15, 27 y 39 meses. Los investigadores compararon los resultados logrados con la intervención con los de 26 niños cuyos padres no fueron ‘formados’ mediante el VIPP-iBASIS. Y lo que observaron es que los bebés de las familias que recibieron la terapia audiovisual mostraron una mejoría en los comportamientos, emergentes y tempranos, asociados al autismo. La mejoría se amplió durante el desarrollo posterior del niño una vez se había finalizado la terapia, resultando especialmente significativa en las interacciones entre los niños y sus padres.

Sin embargo, y a pesar de que los resultados son ciertamente prometedores, parece que aún habrá que esperar antes de que esta intervención pueda aplicarse en el mundo real. Y es que como reconocen los propios autores, hacen falta estudios más grandes que permitan establecer unas conclusiones definitivas y evalúen los efectos a largo plazo de esta intervención. Como indica Jonathan Green, «si la intervención continúa mostrando estas mejorías en los futuros ensayos clínicos, entonces tendría un potencial uso real para las familias en el momento que afloran las primeras preocupaciones o que cuentan con hijos en riesgo genético de desarrollar autismo». Sea como fuere, apunta Kathryn Adcock, co-autora de la investigación, «si bien el nuestro es un estudio pequeño y, por tanto, no puede ofrecer una respuesta definitiva, también es verdad que muestra unos beneficios muy prometedores de la intervención precoz». Acceso gratuito al texto completo.



PRÓXIMOS CURSOS ONLINE
Más Cursos Online Inteligencia emocional