Es de noche, estás cansada y solo ibas a mirar el móvil "un momento". Media hora después sigues deslizando el dedo por la pantalla, encadenando titulares alarmantes, conflictos y catástrofes, con una sensación rara en el cuerpo: no te aporta nada, pero tampoco puedes parar. Si te resulta familiar, probablemente conozcas de cerca el doomscrolling. Entender por qué tu cerebro se engancha a las malas noticias es el primer paso para recuperar el control. En...
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Universidad de Salamanca