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Naturaleza biológica versus psicológica de los trastornos mentales: ¿falacia o sesgo de perspectiva?

Autor/autores: M. Bousoño , Mª Teresa Bascarán, P. Saiz, P. González, J. Bobes
Fecha Publicación: 10/05/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Los modelos que intentan explicar el funcionamiento de la mente humana, condicionan la forma en que se interpretan los resultados de la investigación en psiquiatría, y la misma orientación de los estudios que se realizan en este campo. El presente artículo aborda las dificultades de los actuales modelos biológicos o psicosociales de la enfermedad mental y propone profundizar en una solución integradora, que permita la evolución y el progreso en esta área de la ciencia.

Palabras clave: Perspectiva biopsicosocial; Investigación; Psiquiatría.

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REVISTA ELECTRÓNICA DE PSIQUIATRÍA
Vol. 2, No. 2, Junio 1998
ISSN 1137-3148

Naturaleza biológica versus psicológica
de los trastornos mentales: ¿falacia o
sesgo de perspectiva?
M. Bousoño, Mª. T. Bascarán, P. Saiz, P.
González, J. Bobes
Área de Psiquiatría. Universidad de Oviedo.
España.



ARTÍCULO ORIGINAL
[Resumen] [Abstract]
Introducción
¿Objetividad o pasión científica?
Solución a la controversia bio-psico-social.
Implicaciones clínicas.
Conclusión.

Introducción

La ubicación conceptual de los Trastornos Mentales, ha sido siempre objeto de
especulación, desde las primeras hipótesis hipocráticas que hablaban de un
desequilibrio de los humores corporales, pasando por la afirmación de Griesinger
de que las enfermedades mentales eran enfermedades del cerebro, o las teorías
psico-dinámicas en boga a principios de siglo, hasta la situación actual de
predominio casi absoluto de las hipótesis más biologicistas.
En algunas formulaciones diagnósticas actuales como el DSM-IV o la CIE-10, se
huye sin embargo de postulados etiopatogénicos, al objeto de encontrar el
necesario consenso, imprescindible por otra parte para que los resultados de las
investigaciones realizadas puedan ser comparables entre sí. La especulación
acerca de la naturaleza de los Trastornos Mentales no es sin embargo gratuita.
Mas bien al contrario resulta muy necesaria. Debemos saber en que consiste una
enfermedad, que factores intervienen en su génesis, desencadenamiento, y
perpetuación, al objeto de contrarrestar en la medida de nuestras modestas
posibilidades las influencias patogenéticas, y así avanzar en la terapéutica.
Es ahí donde comienza el debate de las llamadas ideologías psiquiátricas, y de
donde nace el impulso babélico y disgregador. Al amparo de profundizar en el
estudio en un cierto nivel de conocimiento, llámese biológico, psicológico o
social, se pierde la necesaria perspectiva integradora. ¿Es que acaso un fenómeno
"social", no acaba traduciéndose en otro nivel en un acontecimiento psicológico, o
si se quiere en una determinada actividad neuronal o incluso neuroquímica?. Por
el contrario ¿No determinan los genes, aspectos psicológicos relevantes para el
individuo que a su vez se traducen en un cierto comportamiento social?. ¿De
donde nace por tanto la aparente confrontación?. ¿Porqué resulta tan frecuente que
autores por otra parte de prestigio se muestren escépticos respecto a los factores
que no se corresponden con su orientación sea biológica, psicológica o social?

Dicho lo anterior pudiera pensarse que el conflicto se origina en la importancia
relativa que las distintas escuelas dan a los factores que intervienen en la
etiopatogenia de las distintas enfermedades. Un ejemplo de ello lo proporcionan
los estudios con gemelos. Si una enfermedad tiene una concordancia del 50 % en
los homocigotos y del 1 % de los dicigotos, los biologizantes dirán que está
determinada genéticamente ­lo cual probablemente es cierto respecto a que no
puede aparecer sin la participación genética­, mientras que los psicologizantes
insistirán en que no aparece en el otro 50 % debido a factores protectores de tipo
ambiental, o que si aparece en el 50 % en que lo hace es por la existencia de
factores ambientales que actúan como favorecedores o desencadenantes. Ambas
interpretaciones pueden ser parcialmente ciertas aunque parezcan contradictorias.
Lo que lleva al sesgo de interpretación es sin embargo la actitud apriorística del
científico, que llevado de su ardor investigador en un área específica de la
disciplina que le ocupa, pierde la necesaria objetividad.

¿Objetividad o pasión científica?
La objetividad parece de este modo, oponerse a la necesaria pasión que mueve a
los científicos a investigar. La pasión resulta por un lado necesaria toda vez que la
investigación obliga a un esfuerzo continuado, tedioso y repetitivo, mal
remunerado socialmente, que agotaría rápidamente a quien lo intentase si no fuera
porque es llevado por la pasión investigadora. Ejemplos de tal pasión con pérdida
de la objetividad, los podemos observar en ámbitos no solo psiquiátricos, y así el
famoso Premio Nobel Linus Pauling, ha sostenido las virtudes de las megadosis
de vitamina C, sin tener el necesario respaldo de trabajos científicos que
demuestren su utilidad.
La objetividad es sin embargo imprescindible si el científico quiere avanzar en el
camino hacia la verdad, si es que la verdad existe en el campo de la ciencia. Las
ideas de Popper (1) en este sentido apuntan a que lo máximo que un científico
puede esperar obtener con sus investigaciones, es demostrar como falsas las
hipótesis o teorías existentes, y a proponer a su vez nuevas teorías que las
sustituyan, para a su vez ser posteriormente falsadas en un proceso que se antoja
interminable, pero que no tiene porqué serlo.
¿Cómo compaginar pues la objetividad y la pasión?. La primera no deja de ser
una virtud utópica a la cual el científico debe aspirar, pero que probablemente no
alcance, y es mas una disciplina de autocrítica necesaria, y una obligación de
desnudar ante los demás los métodos empleados en una investigación, al objeto de
que sean analizados y discutidos, y finalmente o bien reproducidos o bien
falsados, pero que no tiene en cuenta la naturaleza humana que obligadamente
impregna al científico de carne y hueso. Así lo normal es reaccionar a las críticas
con pasión, replicando al adversario con saña y defendiendo las ideas propias con
fiereza. Raramente se intenta entender la posición inquisitorial del crítico, y
resulta excepcional que alguien acepte públicamente que se ha equivocado, y que
el crítico tenía razón. El empecinamiento ­a veces hasta la muerte- de algunos
investigadores es mas revelador de la verdadera naturaleza humana del mismo,
que todas las investigaciones psicológicas al respecto.
Sucede también que los críticos adolecen de idénticos defectos, y así disienten
desde el desprecio, critican desde la postura doctrinal y argumentan en ocasiones
con la demagogia. Muchas veces detrás de las posturas enfrentadas no hay
argumentos racionales, y si defensa de intereses que no por legítimos dejan de

desvirtuar la postura científica. Esto es probablemente consustancial con la
naturaleza humana, y si bien es cierto que la crítica científica constructiva existe,
no lo es menos que convive con el negro panorama que se acaba de exponer.
La conclusión obvia a la contraposición entre objetividad y pasión, es la necesidad
absoluta de objetividad, aún reconociendo la imposibilidad de su consecución ­la
perfección no existe al menos en este mundo­, y la concesión a la necesaria
pasión, consustancial a la naturaleza íntima del ser humano, que requiere por tanto
de la comprensión del científico respecto a sus inconvenientes, y de la tolerancia
de todos, para tener en cuenta los criterios necesarios a la hora de establecer
sistemas de crítica constructiva y debate científico.

Solución a la controversia bio-psico-social.
Cuando uno realiza un análisis histórico de posiciones científicas enfrentadas en
el pasado, llega a la conclusión que la evolución natural en la mayoría de los
casos, es a la solución por uno de los tres procedimientos siguientes:
A. Imposición de la verdad de uno de las posturas, al demostrarse
repetidamente el error cometido por el otro o los otros.
B. Solución del conflicto por que se demuestra que todas las posturas estaban
en el error, y aparecen nuevas teorías y postulados.
C. Se llega a una situación de síntesis de las diversas posiciones, en forma de
nuevas teorías que integran a las anteriores superando los aparentes
conflictos.
El primero de los casos tuvo lugar por ejemplo en el enfrentamiento entre las
posiciones de Cajal y Golgi respecto a la neurona. El avance científico permitió
demostrar la mejor concepción de Cajal. El segundo de los casos ha sido frecuente
a lo largo de la historia de las ciencias, y ahí están los cadáveres científicos de
numerosas teorías: La Hipocrática de los humores, la localizacionista de Gall, la
del magnetismo animal etc. La tercera situación se observa también de forma
frecuente, y además cuanto más avanza la ciencia, tiende a ser la solución natural,
ya que el avance científico y la depuración de su método, han uniformizado tanto
las posiciones que es rara la persistencia de alguna teoría que no contenga al
menos parte de verdad, por lo que el avance siempre incorpora dicha parte en sus
nuevas formulaciones.
De ahí que la propuesta natural de solución de la aparente dicotomía biológicapsicosocial, tenga como natural fin la asunción por parte de todos, de la realidad
psiquiátrica en toda su compleja estructuración, que necesariamente se ve que
debe ser Bio-psico-social, aunque la formulación de dicho vocablo no sea el
hallazgo lingüístico más sutil.

Implicaciones clínicas.
Kuhn (2) denominaría nueva cosmovisión a esta nueva forma integrada de
entender la enfermedad mental. Y así como en su día la formulación de Griesinger
resultaba obvia, al afirmar que las enfermedades mentales son enfermedades del
cerebro, ¿De dónde si no?. Así la formulación de esta cosmovisión resulta
diáfana: Las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro, debidos a
múltiples factores tanto endógenos como exógenos, psicológicos, sociales y

biológicos.
Pero si la formulación resulta obvia y hasta antigua, hasta el punto de parecer
simplista, las implicaciones clínicas de la misma ya no lo son tanto, y contrastan
con posturas hasta hace bien poco ­ayer o quizás hoy mismo- defendidas con
pasión, y carentes de objetividad, veamos los corolarios clínicos de lo antes
expuesto:
A. Las terapias "psicológicas" pueden ser eficaces en los Trastornos
"biológicos".
B. Los tratamientos "biológicos" pueden ser eficaces en los T. "psicológicos".
C. La combinación de tratamientos "psicológicos" y "biológicos" debe dar
resultados superiores en la mayoría de los casos, a la aplicación de uno solo
de los métodos.
D. La distinción entre lo psicológico y lo biológico es tan solo útil a efectos
explicativos.
Permítaseme para corroborar la veracidad de lo antes afirmado, el citar dos
trabajos que demuestran por un lado la eficacia de un método psicológico en la
modificación de factores biológicos, y por otro lado la eficacia de un tratamiento
farmacológico en la modificación de factores aparentemente psicológicos. En
primer lugar Baxter y cols. (3), encontraron que el tratamiento cognitivoconductual modificaba el metabolismo alterado de los ganglios basales en casos
de Trastorno Obsesivo-Compulsivo (T.O.C.). Por su parte Knutson y cols.(4), han
encontrado que un ISRS puede modificar factores de personalidad en sujetos
sanos.
Cabe cuestionarse acerca de la naturaleza psicológica o biológica del T.O.C. o de
si el tratamiento cognitivo-conductual es realmente psicológico. Cabe argumentar
de igual manera respecto al otro ejemplo, y al fin y al cabo dos ejemplos no
demuestran nada. Pero resulta evidente que de ser cierto lo anterior, se tendrán
que revisar ciertos "arquetipos" o "clichés" mentales presentes en algunos medios
profesionales, citaré solo algunos:









"Los tratamientos farmacológicos no "curan" realmente, mientras que los
psicológicos si lo hacen".
"Las terapias psicológicas actúan solo mediante la sugestión".
"Los tratamientos psicológicos y farmacológicos son incompatibles".
"Las terapias psicológicas no son susceptibles de análisis científico respecto
a su eficacia clínica".
"Respecto a las pastillas: cuantas menos mejor".
"Los psicofármacos no abordan el problema de la enfermedad mental y son
solo camisas de fuerza química o todo lo más tan solo posibilitan la terapia
psicológica".

Quien piense que lo anteriormente expuesto es tan obvio, que no resulta útil
exponerlo, olvida la necesidad periódica que tiene el auténtico científico de
cuestionarse acerca de los métodos que usa y la perspectiva que adopta ante un
determinado problema; en este sentido ya hemos mencionado en alguna ocasión
(5 ), que incluso el denominado método científico está permanentemente en
revisión. No en vano filósofos como Feyerabend (6), han llegado a proponer que
NO hay un método científico. La contraposición de posturas entre lo psicosocial y
lo biológico, no es por tanto una cuestión baladí, y premios Nobel como Francis
Crik junto con Christof Koch (7) han llegado a plantear la existencia de una

neurobiología de un constructo tan "psicológico" como el de la conciencia.
Ha de llegar por tanto el momento en que desde una postura de análisis
integradora, se investigue cual es el substrato biológico de aquellas partes de las
teorías psicoanalíticas y psicodinámicas, que sobrevivan a un análisis científico
objetivo y desapasionado.

Conclusión.
El estado actual de conocimientos acerca del funcionamiento del sistema nervioso
humano, permite ser optimista respecto a la posibilidad de llegar a conocer por
ejemplo cuales son las bases biológicas que sustentan la eficacia de los
tratamientos psicológicos, o determinar que mecanismos biológicos se suscitan
ante determinados estímulos psicológicos. Los avances en este campo común,
ayudarán sin duda a despejar gran parte de los malentendidos, que han plagado la
investigación en varias áreas complementarias de la psiquiatría y de la psicología.
Mientras se llega a esta situación utópica, solo cabe esforzarnos todos aún mas, en
limar las diferencias que separan la cosmovisión biológica de la psicológicosocial. Refugiarnos en la objetividad, y reservar la pasión para el esfuerzo
investigador y no para el enfrentamiento dialéctico.
REFERENCIAS
1. Popper C. Conjetures ans refutations. London: Routledge; 1963.
2. Kuhn T. The structure of scientific revolutions. Chicago: University of
Chicago Press; 1962.
3. Baxter LR, Schwartz JM, Bergman KS, Szuba MP, Guze BH, Mazziota
JC, et al. Caudate glucose metabolic rate changes with both drug and
behavior therapy for obsessive compulsive disorder. Arch Gen Psychiatry
1992;49:681-9.
4. Knutson B, Wolkowitz OM, Cole SW, Chan T, Moore EA, Johnson RC,
et al. Selective alteration of personality and social behavior by
serotoninergic intervention. Am J Psychiatry 1998;155:373-9.
5. Bousoño García M, Bascarán Fernández MT, Saiz Martínez PA, González
G-Portilla P, Bobes García J. Psiquiatría y farmacología I: antidepresivos
y antipsicóticos, nuevos paradigmas en psicofarmacología. En: Pichot P,
Ezcurra J, González-Pinto A, Gutierrez Fraile M. Psiquiatría y otras
especialidades médicas. Farmaprés (Grupo Aula Médica S.A.); 1998.
6. Feyerabend P. Against method. London: Verso; 1993.
7. Crick F, Koch C. Toward a neurobiological theory of consciousness.
Semin Neurosci 1990;2.

Referencia a este artículo según el estilo Vancouver:
Bousoño M, Bascarán MT, Saiz P, González P, Bobes J. Naturaleza biológica versus psicológica de los trastornos
mentales: ¿falacia o sesgo de perspectiva? Psiquiatría.COM [revista electrónica] 1998 Junio [citado 1 Jul 1998];2(2):
[11 pantallas]. Disponible en: URL: http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol2num2/art_4.htm

NOTA: la fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.

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