Última actualización web: 17/05/2021

Comunicar malas noticias clínicas. Hacer de la necesidad virtud. Protocolos de actuación

Autor/autores: Teresa Sánchez Sánchez.
Fecha Publicación: 16/01/2017
Área temática: Atención primaria .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Según un estudio publicado en European Journal of Public Health (2005, 15, pp. 355-360), los médicos que poseen más habilidades comunicativas son los suizos (87%9, y los que menos, los polacos (53%), situándose los españoles en una posición intermedia (76%). En situaciones de emergencias causadas por desastres, accidentes u otros imprevistos naturales, industriales o fortuitos, la comunicación de malas noticias deviene una tarea regular. Por ello, el personal sanitario debe estar adiestrado en las habilidades necesarias para realizar una tarea siempre penosa y traumática de la forma menos iatrogénica posible.
La mala noticia tiene un componente objetivo y otro subjetivo derivado de la inoportunidad, del momento vital personal en que se produce, de las consecuencias que acarree, de la frustración de expectativas que causa, de la merma de autonomía que a menudo acarrea. No pueden darse pautas universales ni plantear protocolos válidos siempre puesto que la diversidad de personas, escenarios y variables implicadas lo imposibilita. Sin embargo, sí va aumentando la sensibilidad hacia la importancia que tiene la forma de la noticia más allá del alcance de su contenido estricto. La habilidad del comunicante va a evitar el deterioro cognitivo y emocional del impacto en sí.
La relación con la verdad ha cambiado en los últimos años, también debido al cambio en la percepción del profesional de la salud1. Actualmente no se evalúa a éste como un gurú poseedor de la omnisciencia y la omnipotencia en cuyas manos cabe abandonarse y dejarse proteger y cuidar, sino que ha pasado a considerarse que tanto su sabiduría como su poder son más relativos y falibles. Por tanto, ha de ser cada individuo quien preserve y retenga la última palabra y decisión referente a su propia salud. Esta neo-actitud perfila el rol del sanitario como alguien que debe ayudar, pero no suplir la voluntad y libertad individual, alguien que deposita en mí los instrumentos y recursos que posee, incluidos los intelectuales, al servicio de mis necesidades e intereses. ..

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