Última actualización web: 14/04/2021

Delirios sistematizados de los degenerados.

Autor/autores: V. Magnan , P. Sèrieux
Fecha Publicación: 04/05/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

Nos proponemos examinar ahora en qué elementos clínicos hemos de apoyarnos para trazar una línea de demarcación entre el delirio crónico y las psicosis sistematizadas propiamente dichas de los degenerados. Esta distinción, delicada en ciertos casos, merece llamar la atención del médico, no solamente desde el punto de vista de la determinación precisa de la especie patológica que tiene ante sus ojos, sino por el resultado en el pronóstico del estado delirante y del porvenir reservado al sujeto. Pasaremos revista sucesivamente a los diversos puntos que deben hacer distinguir estos dos grandes grupos clínicos.

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REVISTA ELECTRÓNICA DE PSIQUIATRÍA
Vol. 1, No. 4, Diciembre 1997
ISSN 1137-3148

ARTÍCULO HISTÓRICO

Delirios sistematizados de los
degenerados.
V. Magnan, P. Sèrieux
Comentario del prof. D. Barcia
Catedrático de Psiquiatría. Universidad de Murcia.
Jefe de Servicio de la Unidad Docente de
Psiquiatría.
E-mail: Barcia@hgum.sms.carm.es

V. Magnan, P. Sèrieux
Delirios sistematizados de los degenerados
Capítulo V de "El Delirio Crónico" de V. Magnan y P. Sèrieux; 1882.

Nos

proponemos examinar ahora en qué elementos clínicos hemos de apoyarnos para
trazar una línea de demarcación entre el delirio crónico y las psicosis sistematizadas
propiamente dichas de los degenerados. Esta distinción, delicada en ciertos casos, merece
llamar la atención del médico, no solamente desde el punto de vista de la determinación
precisa de la especie patológica que tiene ante sus ojos, sino por el resultado en el
pronóstico del estado delirante y del porvenir reservado al sujeto. Pasaremos revista
sucesivamente a los diversos puntos que deben hacer distinguir estos dos grandes grupos
clínicos.
Como ya hemos visto, el estudio del pasado en las enfermedades aporta útiles indicaciones,
y dándonos la clave de los fenómenos delirantes presentes, instruye para lo venidero. Ya
sabemos que la historia de un degenerado no es la de un delirante crónico: en este último,
recordémoslo, los antecedentes hereditarios faltan, o si existen, no han tenido una
influencia claramente degenerativa; están limitados a realizar un estado de predisposición
latente mucho tiempo. No volveremos a tratar de la existencia en los degenerados de
estigmas físicos y psíquicos, por los que se revela el defecto original: su desequilibrio
mental los predestina al delirio, y, además, a un delirio especial que se presenta con rasgos
característicos, a pesar de sus múltiples formas.
Si, en efecto, comparamos las psicosis de los degenerados con el delirio crónico, veremos
cuán numerosas son las diferencias que se observan desde el punto de vista de la edad en
que aparece su el delirio, su principio, su aspecto sintomático, su evolución y su
terminación. Respecto al primer punto, como sabemos, el delirio crónico comienza en la
edad adulta; La psicosis del degenerado puede presentarse en cualquiera, hasta en la

infancia. En el delirante crónico encontramos un período largo de incubación contrastando
frecuentemente con el estado mental anterior del sujeto; el principio de la psicosis en el
degenerado es tan pronto brusco (delirio d´emblée) como insidioso. En la primera forma
nada se asemeja al primer período por que pasa el delirante crónico. El degenerado no
conoce las excitaciones, las incertidumbres, las meditaciones de este último; no tiene
necesidad de una larga preparación para delirar: gracias á sus aptitudes, todas especiales,
sistematiza en pocos días sus ideas delirantes. Estas psicosis, evolucionando sobre un
terreno de degeneración en extremo favorable, realizan con prontitud esas perturbaciones
alucinatorias intensas, esas alteraciones de la personalidad que en el delirante crónico han
necesitado para manifestarse una elaboración larga; en algunas semanas, en algunos días, el
degenerado pasa por las etapas que para recorrerlas el delirante crónico ha necesitado años.
De pronto, formula estas ideas ambiciosas, que no aparecen en el otro sino después que la
resistencia cerebral ha sido vencida por una psicosis ya antigua. Así se explica, hasta cierto
punto, la fragilidad y brevedad frecuentes en el delirio del degenerado; esto es un verdadero
acceso delirante, una obra efímera que, no descansando sobre bases lentamente edificadas,
corno el delirio crónico, se derrumba tan pronto como se ha elevado.
Por el contrario, en otros casos el comienzo se presenta de una manera insidiosa: el delirio,
ya se trate del ambicioso, místico o de persecución, se instala sin ruido, y algunas veces
desde la infancia.
Sin embargo, además de las particularidades relativas al desarrollo de las concepciones
delirantes, hay otros caracteres de los más importantes que pertenecen a los delirios de los
degenerados en su período de estado: éstos son, por un lado, las; frecuentes variaciones en
las formas del delirio y, por otro, la coincidencia posible de varias ideas delirantes. Las
psicosis degenerativas son, en efecto, irregulares, múltiples, polimorfas: las ideas de
grandeza pueden ser contemporáneas de las de persecución, y esta coexistencia es
particularmente frecuente; pueden asociarse, además, á los delirios místicos, eróticos,
hipocondríacos, a los estados maniáticos o melancólicos. Estas diferentes formas coexisten,
se reemplazan, desaparecen para reproducirse enseguida, sin que se pueda nunca hacer
constar una sucesión evolutiva determinada; un enfermo que era ayer ambicioso es hoy
perseguido; dentro de poco será hipocondríaco. Es evidente el contraste entre la
irregularidad, el polimorfismo de estas psicosis y el orden, lamarcha metódica del delirante
crónico. En fin, en el degenerado, durante el curso del delirio pueden manifestarse
impulsiones, obsesiones varias, que son otros tantos síndromes episódicos de su estado de
degeneración mental.
Los degenerados presentan, además, otras modificaciones delirantes que no pueden estar al
lado del delirio crónico. Ya sabemos la importancia,en esta última forma, de las
alucinaciones en la marcha progresiva y en la sistematización. En los degenerados, los
delirios de persecución ó de grandeza, que deben ser distinguidos de los del delirio crónico,
pueden manifestarse, unos porque los sujetos no presentan perturbaciones sensoriales, los
otros porque los fenómenos alucinatorios, por su intensidad y su multiplicidad, traen un
estado de confusión, una obnubilación de la conciencia que es un obstáculo para la
sistematización del delirio.
Examinemos ahora las formas no alucinatorias. Si al principio el delirio crónico es
intelectual, poco tiempo después es a la vez intelectual y sensorial, y el papel que juegan las
alucinaciones en la génesis y la sistematización de las ideas delirantes es de los de más
importancia. En los degenerados está bien lejos de ser así constantemente; hay muchos
casos en que las alucinaciones, poco numerosas, no son más que un elemento agregado; en
otros, el examen más cuidadoso no puede descubrirlo. El delirio, en estas formas clínicas
no alucinatorias, es puramente intelectual; importa poco que se trate de ideas sistematizadas
de persecución o ambiciosas; estas psicosis no alucinatorias tienen otros elementos más
característicos, que el color del delirio. Pueden aparecer desde la infancia, a los ocho o diez
años de edad (originare Verruchtheit de los alemanes), denunciando así de una manera

innegable la degeneración hereditaria. Las ideas delirantes que traen su origen de un pasado
tan lejano, quedan sólidamente implantadas; se imponen invenciblemente al espíritu del
enfermo y pueden persistir por toda la vida sin ninguna transformación, lo que las separa
enteramente del delirio crónico con evolución sistemática. Desde el punto de vista de su
génesis, pueden ser consideradas; en ciertos casos como ideas dé obsesión sin la
intervención de alucinaciones. En otros enfermos que entran en el mismo grupo, las
concepciones delirantes descansan exclusivamente sobre un vasto andamiaje de ilusiones, y
ante todo, de múltiples interpretaciones falsas que son suficientes, sin que haya
perturbaciones sensoriales, para laformación de una novela delirante bien acabada.
Agreguemos que en algunos de estos sujetos pueden aparecer las alucinaciones; pero
entonces son secundarias, episódicas. Estos fenómenos alucinatorios, cuya manifestación es
siempre secundaria,no dejan de hacer alguna vez inseguro el diagnóstico, hasta que un
examen más completo haya demostrado como base única ysuficiente del delirio una idea de
obsesión ó de interpretaciones delirantes. Causa admiración, al, examinar estos enfermos, el
ver que los acontecimientos más insignificantes, un choque o encuentro fortuito, una frase
ambigua, han sido suficiente; para producir el delirio; una niña a quien su padre llamaba
"mi reinecita" tuvo en esta frasee el origen.
Para la manifestación del delirio ambicioso; otra, á quien su madre corregía, exclamando:
"pero si ésta no es mi hija, me la han cambiado", basaba todo su delirio en estas palabras.
Para comprender tal desproporción entre la causa y el efecto, es necesario admitir, como
confirma la observación, la existencia en estos sujetos de un cerebro que, preparado de
antemano el delirio por herencia psicopática, no busca más que un pretexto para elaborar
toda suerte de concepciones delirantes. La concepción errónea favorecida por la edad en la
infancia, que es la labor de un cerebro averiado, queda bien pronto profundamente impresa
en el espíritu del niño; lasdiarias interpretaciones delirantes la confirman como otras tantas
pruebas. Cuando se examina al enfermo en la edad adulta, se encuentra un sujeto en que,
por su manera de ser, parece a primera vista normal; su lucidez es perfecta. Gracias a su
memoria, con frecuencia muy ejercitada, a su dialéctica, puede defender su convicción
delirante con apariencias de razón; acumula pruebas sobre pruebas, para cada objeción
tiene siempre preparada una respuesta, y durante la discusión aporta datos con una
precisión asombrosa; presenta dilemas, se apodera del hecho más insignificante y le adapta
con habilidad á sus deseos. Se le contradice abiertamente, se trata de demostrarle sus
errores, y contestando con una sonrisa irónica, como convencido de que los hechos que él
expone no tienen contestación, permanece inalterable. Alguna vez ocurre que, estos
degenerados, con delirio sistematizado ambicioso o persecutorio toman de los perseguidosperseguidores la forma de reacción; entonces, con una tenacidad, con un encarnizamiento
característico, persiguen a los que sus interpretaciones delirantes, sus ilusiones, los
designan como enemigos, y se transforman así en verdaderos perseguidores.
Hemos observado en el asilo de Santa Ana a una mujer de treinta años, en la cual, desde la
infancia, se habían manifestado las ideas ambiciosas y de persecución. Estaba persuadida
de que era hija de un obispo, que los que la habían dado el nombre no eran sus padres, y
que éstos habían hecho perecer a su verdadero padre; afirmada en su convicción por
incesantes interpretaciones de delirio, resistía como los perseguidos-perseguidores de que
antes hemos hablado. Durante toda su existencia no ha cesado de perseguir con odio á sus
padres, y exasperada, ha terminado por disparar un tiro de revólver contra su padre para
llamar la atención de la justicia. El análisis de los elementos constituyentes de su delirio no
nos demuestra otra cosa que una idea errónea, instalada desde la más tierna infancia en un
cerebro desequilibrado, que se había impuesto por la serie de adquisiciones hechas por el
dominio de la edad, y que había provocado, sin la intervención de perturbaciones
sensoriales, todo un encadenamiento de interpretaciones delirantes.
Además de estas formas no alucinatorias, hemos visto que pueden presentarse siempre, en
lo degenerados, formas alucinatorias agudas con ideas de persecución e indicios de

ambición; lo que dijimos en el capítulo anterior nos dispensa de repetir aquí su descripción.
En estos casos, no hay sistematización, sino por el contrario, una confusión extrema en las
ideas, secundaria a la invasión de la conciencia por múltiples alucinaciones; nada, en suma,
que se asemeje al encadenamiento lógico de las ideas en el delirante crónico. Veremos
después un caso agudo de esta naturaleza que se manifestó en un degenerado durante el
curso de un delirio de persecución, y del que bien pronto fue curado.
También demostraremos que, verdaderamente en ciertos casos, el degenerado puede ser
confundido algún tiempo con el delirante crónico, si sólo se mira el aspecto exterior del
enfermo; Pero en numerosos sujetos no es posible la duda. Esto, sobre todo, ocurre en los
débiles, que el deliro (de persecución o de grandeza) reviste caracteres casi
patognomónicos; señala, exagerándolos, todos los defectos de la inteligencia. Inocente,
pueril, mal coordinada, lleva la impresión del estado mental inferior que le ha dado origen y
que pasa al descubierto la debilidad mental del sujeto. En ocasiones el enfermo parece no
estar convencido de su delirio; titubea, lo que no hace el delirante crónico. Los defectos
hereditarios, las perturbaciones emotivas, las deformaciones físicas del cuerpo, la
disposición general del delirio revelan una forma degenerativa. Clínicamente, es imposible
confundir las elucubraciones delirantes de estos enfermos de la inteligencia, con el delirio
bien coordinado y lógicamente defendido del delirante crónico.
Al lado de estos diferentes delirios de persecución y de grandezas, cuyas formas especiales
no permiten que se las confundan con el delirio crónico, hay otras que, consideradas solo en
su periodo de estado, sin tener en cuenta el principio de la afección y su evolución, pueden,
revestir las apariencias del segundo o tercer período del delirio crónico. Verdaderamente,
por lo general, el delirio del degenerado no se presenta con esa sistematización completa,
esa convicción profunda que una psicosis ya antigua ha realizado en el delirante crónico.
Estos signos sin duda alguna tienen su valor; pero en ciertos casos pueden faltar, y entonces
es delicada la distinción. En los perseguidos de esta especie, son iguales las ilusiones o
interpretaciones delirantes y las perturbaciones sensoriales, y, salvo ligeras modificaciones,
son también las mismas alteraciones de la personalidad, los mismos neologismos las
mismas reticencias. De igual manera que en los delirantes crónicos, pero con menos
frecuencia, se puede hacer constar el predominio de las alucinaciones del oído (Monólogos,
diálogos, eco del pensamiento); además de las perturbaciones de la sensibilidad general, se
presentan alucinaciones é ilusiones del sentido genital, del Olfato, de la vista, alucinaciones
motrices verbales. Estos delirios de persecución y de grandezas en los degenerados, podrán,
como señala Briand, hacer creer en la existencia del delirio crónico, del mismo modo que el
histerismo puede tener, rasgo por rasgo, todos los caracteres más típicos de las afecciones
orgánicas medulares o cerebrales. Recientemente hemos observado en una enferma de,
veintitrés años que, después de haber tenido durante dos días silbidos en los oídos, vino a
ser alucinada: "repiten todo lo que ella hace"; cuando va á acostarse, las voces dicen:
"Anda, se muda de camisa, etc." En algunas ocasiones hay tres voces, una de las cuales
toma su defensa, las otras la obligan á ejecutar actos que le causan repugnancia (comer
carbón, robar, etc.); la amenazan de muerte.
No puede hablar ni hacer nada sin el permiso, de madame la sonámbula, a quien se dirige
para cualquier asunto que se la presenta. Además, ésta la hace hablar «con el corazón», esto
es, «por una voz interior» (alucinaciones motrices verbales). Tiene también esta enferma
alucinaciones de la vista muy activas (nada de alcoholismo), penosas alucinaciones del
olfato, del gusto, perturbaciones de la sensibilidad general. Luego oye voces, consoladoras:
"se alaba su buen corazón, se la recompensará" Antes de terminar los tres meses de su
entrada, la enferma sale curada completamente, sin que quede ningún resto de los
fenómenos alucinatorios tan marcados que habían representado por algún tiempo el cuadro
del segundo período en el delirante cónico. La edad del sujeto (veintitrés años), el principio
brusco del delirio, su rápida evolución, que terminó por una curación completa, son otras
tantas diferencias que justifican la descripción aislada de estos fugaces delirios de
persecución que si, en un momento dado, pueden simular el delirio crónico, se separan en

realidad por caracteres clínicos de la mayor importancia.
Todavía hallamos otro ejemplo de estos delirios bruscos, con evolución rápida, en la
observación de un degenerado cuyo delirio de persecución desapareció á los dos meses. Se
trata de un desequilibrado emotivo, extravagante, pero inteligente é instruido (una tía suya
alineada). A causa de unas habladurías, se presenta un acceso delirante con ideas de
persecución y alucinaciones del oído. Nuestro enfermo oye injurias como un delirante
crónico; en todas partes se habla de él; por la noche han hecho un taladro en el techo de su
habitación desde donde se le injuria; oye que en la habitación inmediata hablan de
arrestarle.
Se lamenta de que le hipnotizan, adivinan su pensamiento; por sugestión, sabe que han
robado el cepillo de una iglesia, y le obligan a callarlo; le cloroformizan, le magnetizan, le
hacen ver monstruos rojos, blancos, azules. De vez en cuando, oye palabras simpáticas:
"podrá hacerse pagar caro; esto es una difamación", y habla de, de pedir 200.000 francos
por daños y perjuicios. Después de unos días de remisión, las perturbaciones alucinatorias
aumentan en su intensidad, se generalizan, realizando así esta perturbación profunda de la
conciencia, esta multiplicidad de ideas delirantes que caracterizan las formas alucinatorias
agudas (Schüle, Krafft Ebing, Rosenbach).
El enfermo está pálido, 'sus rasgos están profundamente señalados, tiene el aspecto de
cansancio; pretende que han estado hipnotizándole toda la noche; llora: le han dicho que su
cabeza caerá. Sin cesar grita: "Al hipnotizador" ¡A la fantasmagoría!", señalando un punto
de su celda. Es presa de una multitud de perturbaciones de la sensibilidad que despiertan en
él la serie, correspondiente é incoherente de ideas delirantes. Pasa alternativamente del
abatimiento con temores hipocondríacos a la excitación, con ademanes y extensión brusca
de los miembros.
Alguna vez dice que se siente morir, y a continuación suelta una carcajada estridente.
Tiene, alucinaciones de la vista, tan pronto espantosas, como agradables; se extasía
mirando al sol, después le entra la melancolía. Como en los delirantes crónicos típicos,
hallamos en este sujeto ideas sistematizadas de persecución, alucinaciones, algunas ideas
ambiciosas; pero se trata de un individuo manifiestamente desequilibrado y en el que el
principio de la afección ha sido brusco; no ha tenido fase de incubación que recuerde el
primer período del delirio crónico; antes de los dos meses de su entrada en el asilo el
enfermo está tranquilo y se ríe cuando se le recuerda su delirio. En resumen: lo mismo aquí
que en las observaciones precedentes, los antecedentes hereditarios, los personales, el
principio y la terminación del acceso delirante, todo viene a demostrar que, á pesar de las
analogías sintomáticas superficiales, encontramos una especie clínica muy diferente del
delirio crónico.
Lo que distingue en todos estos casos al degenerado del delirante crónico es la irregularidad
del delirio del primero comparada con la marcha clínica, con la evolución siempre igual de
la psicosis del segundo.
El delirio del degenerado, que, como sabemos, se presenta tan pronto sin previa incubación,
como, aunque con menos frecuencia, a continuación de tendencias delirantes muy antiguas,
puede terminar bruscamente por la demencia o disiparse rápidamente, y en algunas
ocasiones puede desvanecerse por tiempo indeterminado para reproducirse de nuevo con
forma idéntica a la primera ó en un aspecto completamente distinto. El delirio crónico
progresa fatalmente, se transforma con lentitud, cada día se implanta con más solidez en la
conciencia del paciente, sin esperanza de cura, o de una moratoria de alguna duración; la
curación posible de la psicosis del degenerado no es una de las particularidades menos
importantes que legitiman la distinción, de las dos formas clínicas con pronóstico tan
diferente. Sinogwitz (citado por Griesinger), ha hecho hace ya tiempo la observación de un
megalómano, de treinta años de edad, que se creía coronel, ayudante de general, distinguido

jugador de billar, jinete extraordinariamente hábil, en el cual la curación sobrevino a los
pocos meses. También hemos observado nosotros un antiguo alumno de la Escuela
Politécnica, de veinticinco años de edad, megalómano sistematizado, alucinado, que tenía
toda la manera de ser de un delirante crónico en el tercer período. Se consideraba
emperador, hijo de príncipe, y recibía a su madre con altanería, porque no era - decía él -,
más que su madre adoptiva. Se mostró ambicioso desde el principio de la enfermedad; este
delirio de grandezas duró dos años, después cesó bruscamente y el enfermo pudo volver al
seno de la familia. Pero este megalómano curado, era un degenerado, como lo demuestran
sus antecedentes personales (carácter sombrío, excentricidades, instabilidad mental), así
como sus antecedentes hereditarios (numerosos alienados y desequilibrados en las familias
de sus padres).
Como se ve, el degenerado megalómano no ha tenido que pasar por largas etapas,
interpretaciones delirantes, ideas de persecución; las ideas de grandeza se han mostrado
desde el principio y no han cambiado de carácter; no hay nada en él que recuerde la fatal
evolución del delirio crónico.
Para descubrir los diferentes rasgos del delirio crónico y del delirio de persecución en los
degenerados, nada es más propósito que la historia de la "locura comunicada", del "delirio a
dos". Los hechos á que hacemos alusión demuestran que si hay formas que pueden
disimular el delirio crónico, éstas no son más que una semejanza superficial. Conocemos la
lenta incubación del delirio crónico, su marcha progresiva, su sistematización, la lucidez
del paciente y el carácter verosímil de sus recriminaciones; así se explica que esta afección
pueda (por lo menos en los periodos de incubación y persecución) comunicarse a los que
viven en intimidad constante con el enfermo, que luego toman parte en sus inquietudes,
después, insensiblemente, se asimilan las ideas de persecución y, por último, contribuyen
en la medida de sus fuerzas a la elaboración de las concepciones delirantes.
No es esto decir que se trate, en estos casos en que el delirio crónico se refleja sobre un
segundo personaje, de un delirio crónico a dos, en el que cada uno lleva su piedra al
edificio lentamente construido de la psicosis progresiva. En efecto para unir las
concepciones delirantes de otro se necesitan aptitudes especiales; no es suficiente oponer al
delirio una fuerte resistencia; en la mayor parte de los casos se ve un elemento activo,
inteligente, que ha creado el delirio crónico, y un elemento pasivo, generalmente débil de
espíritu, que le ha sufrido y le repite como si fuera el eco. No ha habido colaboración entre
los dos enfermos; todo se ha limitado a la copia, a la caricatura, por el segundo, del original
sugerido por el primero. En nuestras lecciones clínicas hemos presentado el ejemplo de una
mujer de cincuenta y dos años con delirio crónico desde hacía tres años, y éste repercutió
en su hija, que tenía un nivel mental muy débil. Debemos añadir que si la psicosis del uno
es incurable, se ve, por el contrario, desvanecerse rápidamente en el segundo, una vez que
los enfermos son separados, y esto no nos admira, puesto que se trata de un degenerado
cuyas ideas de persecución le han sido impuestas por el autor del delirio.
La distinción fundamental que queremos establecer entre la locura de los degenerados y el
delirio crónico, ha encontrado elocuentes defensores en la importante discusión que ha
seguido al notable discurso de P. Garnier en la Sociedad médico-psicológica. Camuset se
une por completo a nuestra opinión, y concluye así: «Existe una clase nosológica
compuesta de un gran número de psicosis análogas que principian y evolucionan según una
regla invariable, y que no se observa más que en los sujetos no degenerados y normales
hasta el principio de su afección». Propone el término de delirio crónico regular para no
confundirle con la locura de los degenerados, de la que "difiere en un todo". Marandon de
Montyel acepta igualmente, salvo algunas reservas sobre puntos de importancia secundaria,
la síntesis denominada delirio crónico, que no solamente responde á la realidad de los
hechos clínicos, sino que está conforme con todas las grandes leyes de la psicología normal
y morbosa.

Falret, en una interesante comunicación que dirigió a la Sociedad médico-psicológica (1),
declara "admitir el principio clínico de esta distinción entre las locuras hereditarias y los
delirios crónicos..." y "aceptar la descripción del delirio crónico en conjunto". Este es, sin
embargo, uno de los puntos en que Falret se separa de nosotros; divide la evolución del
delirio en tres períodos: a un período de incubación sucede otro caracterizado por
alucinaciones auditivas e ideas sistematizadas de persecución; después viene un tercer
período con alucinaciones múltiples, perturbaciones de la sensibilidad general e ideas
estereotipadas de persecución; en fin, sobreviene la metamorfosis del delirio. Para él no es
constante la transformación ambiciosa; el delirio de grandezas no es más que un delirio
sobrepuesto; y, finalmente, el último período del delirio crónico no puede asimilarse á una
verdadera demencia.
Las consideraciones que hemos hecho sobre los caracteres distintivos de las psicosis en los
degenerados y en el delirio crónico, así como sobre la transformación del delirio, nos
dispensan de insistir largamente en los argumentos que presentan algunos adversarios á la
forma estudiada por nosotros. Existen - dicen éstos - perseguidos que no se han convertido
en ambiciosos. Pero ¿á qué clase de perseguidos hacen alusión? ¿Se trata de verdaderos
delirantes crónicos, en el segundo período, o son degenerados, débiles, en los cuales un
delirio de persecución se instala sin que medie preparación? Estos son otros tantos detalles
que tienen su importancia, como hemos visto, y que han olvidado especificar. Pero
admitamos por un instante esta parada del delirio crónico. ¿Es esto decir que la especie
clínica que nosotros estudiamos queda descartada? No lo pensamos siquiera; en efecto,
sabemos la lentitud con que la enfermedad prosigue su marcha. Como esta principia en la
edad adulta y necesita para su evolución veinte, treinta y aun más años, puede ocurrir que el
delirante crónico muera antes de la aparición del delirio de grandezas. Y, por otra parte, ¿es
una hipótesis desprovista de fundamento, suponer que el delirio crónico puede alguna vez
inmovilizarse durante un considerable lapso de tiempo en el periodo de persecución? No es
ejemplo en patología una afección que recorre todos sus períodos, siguiendo una regla
invariable en absoluto. La concepción del marasmo, como hace observar Marandon de
Montyel, está derogada desde que se sabe que la enfermedad se detiene alguna vez en su
fatal evolución y dura quince ó veinte años sin haber presentado tal o cual síntoma cuya
aparición se consideraba antes inevitable.
Asimismo, estos casos de parada del delirio crónico, son verdaderamente mucho más raros
de lo que se imagina: el disimulo del enfermo, que ha llegado al período ambicioso, puede
hacerse pasar por la metamorfosis del delirio: "Sólo una casualidad, dice Dontrebente,
permite alguna vez sorprender la manifestación». Recordemos también la advertencia de
Falret, que confiesa haber vivido durante muchos años al lado de delirantes crónicos
convertidos en megalómanos, sin que se haya dado cuenta del nuevo delirio. Esta
declaración de un clínico tan eminente, debe, según nuestra opinión, no ser olvidada por los
que emplean contra el delirio crónico un argumento tan sujeto á error. Por otra parte,
durante la discusión que tuvo lugar en la Sociedad médico-psicológica, se han citado
ejemplos demostrando la persistencia, por espacio de muchos años, de un delirio de
persecución sin transformación ambiciosa; después, por una desgraciada casualidad, se ha
visto que esta metamorfosis del delirio, cuya ausencia está invocada por nuestros
contradictores, existía en realidad y se había hecho constar de la manera más clara por otros
observadores.
Esta es ocasión de recordar que Falret, en su primer discurso, habiendo fijado en una
tercera parte la cifra de los delirantes crónicos que pasan por el delirio ambicioso, declaraba
en una comunicación ulterior que esta proporción era aproximada: "Las ideas ambiciosas
existen en realidad muchas veces en estado latente o de disimulo en los enfermos; este
hecho puede modidificar grandemente la proporción admitida a priori, y contribuir así á
demostrar que esto puede ocurrir con más frecuencia de lo que se ha creído hasta ahora y
que ha podido pasar inadvertido para los observadores más concienzudos."

Pero ¿qué se hace, dicen enseguida, de los enfermos en que el delirio ambicioso ha
comenzado de pronto, se ha revelado desde la infancia o sobreviene periódicamente? En
todos estos alienados no se encuentran señales de ideas de persecución anteriores; ¿qué
viene á ser entonces la evolución del delirio crónico? La contestación es fácil: estos sujetos
megalómanos de pronto no son delirantes crónicos; la especie clínica de que aquí nos
ocupamos, no tiene otra razón de ser que separarlos de otros enfermos que presentan una
evolución característica en las cuatro etapas que hemos descrito. Estos megalómanos de
pronto, éstos con accesos periódicos, son degenerados, y las observaciones con que se nos
hace oposición, son para nosotros más que argumentos que vienen a confirmar la tesis que
defendemos.
El delirio de persecución, agregan todavía, puede terminar por curación sin haber pasado el
periodo ambicioso. Precisamente, la terminación, especial es la que nos ha conducido á
distinguir estos casos con pronóstico favorable de los degenerados, de los del delirio
crónico con evolución sistemática y marcha funesta.
No hay, dicen por último, verdadero período, de demencia. No podemos hacer más que
agregar, a lo que antes hemos dicho de esté último período del delirio crónico, las opiniones
emitidas por Griesinger, Baillarger, Schüle, y, finalmente, el examen de los mismos
enfermos. Dagonet, para quien la megalomanía es una entidad morbosa, ha hecho
observaciones de las que resulta que la enfermedad no termina por la demencia. Pero de su
lectura se ve que no se trata, en manera alguna, de delirantes crónicos. Esta mujer, que
desde hace veinte años pretende ser el príncipe imperial; este enfermo que desde hace una
veintena de años es atacado súbitamente cada dos o tres años de un acceso ambicioso que
dura tres meses, son degenerados; estos no han pasado por los diferentes períodos del
delirio crónico, y no nos causaría admiración el ver que no terminaban en la demencia.
Estas mismas observaciones las consideramos como demostración de la necesidad en que
se encuentra el clínico de distinguir en la megalomanía, donde queda confundidos, por una
parte, los megalómanos del delirio crónico que, después de pasar por un período de
persecución terminan en la demencia y por otra, los megalómanos degenerados, en los que
la evolución, la génesis y el pronóstico del delirio son por completo diferentes.
Ciertos autores han manifestado temores de todo punto ilusorios. Falret se pregunta si el
delirio crónico no reúne hechos desatinados y estados muy diferentes. La descripción que
hemos hecho de esta psicosis demuestra, por el contrario, que deja fuera los hechos no
semejantes que engloban el delirio de persecución y la megalomanía. Se teme vernos unir
al delirio crónico la melancolía ansiosa y la pseudo-megalomanía, que alguna vez le es
consecutiva; pero basta tener presente la evolución de los cuatro periodos del delirio
crónico, para convencerse de que los estados melancólicos no podrían entrar en esta última
forma. Igualmente ha habido el temor de que, colocando en el mismo cuadro "Los
demonópatas, los poseídos, los hechizados", por una parte; "los electrizados, envenenados,
espiados" por la otra no comprendíamos todos los místicos y todos los perseguidos en el
delirio crónico.
A esto respondemos que es necesario hacer una elección: los demonópatas, los condenados,
del delirio crónico, han tenido, como los perseguidos, un período de incubación, y lo
mismo que ellos tendrán una evolución ulterior que los conducirá a las ideas de la grandeza
(demonolatría, teomanía para los primeros, megalomanía para los segundos), y en seguida á
la demencia.
Antes de terminar este capitulo, tratemos de resumir en pocas líneas los principales rasgos
que deben hacer distinguir el delirio crónico con evolución sistemática de las otras psicosis.
Para mayor claridad presentaremos al enfermo en cada uno de los períodos de la afección.
En la fase de incubación el sujeto podrá ser tomado por un hipocondríaco o un enfermo
atacado de depresión melancólica. Pero el hipocondríaco no hace suposición ninguna, no
interpreta falsamente los hechos y gestos de los que le rodean; se siente enfermo y no se

ocupa más que de él mismo; en cuanto al melancólico, su sufrimiento es ante todo moral, la
vida no tiene para él ningún atractivo; se desespera, se acusa él mismo; el delirante crónico,
por el contrario busca de dónde le llegan sus nuevas sensaciones y halla la explicación en la
intervención de otro. En fin, los indicios facilitadas por la edad (la enfermedad es una
psicosis de la edad adulta), por los antecedentes hereditarios (que faltan son poco
abundantes en los delirantes crónicos), por el estado mental anterior (en ellos habitualmente
indemne), serán ,otros tantos elementos que habrá necesidad de tener en cuenta.
En el período persecutorio se recordará que todo delirio de persecución, en el que no hay
alucinaciones, no puede considerarse como perteneciente al delirio crónico- Estas psicosis
no alucinatorias son de los degenerados: eliminamos los perseguidos-perseguidores, y los
perseguidos con ideas sistematizadas de persecución, base de interpretaciones delirantes. Si
las formas no alucinatorias del delirio persecutorio están fuera del cuadro del delirio
crónico, los tipos clínicos caracterizados por una considerable producción, de
perturbaciones sensoriales, que presentan una obnubilación más o menos completa de
laconciencia y de los estados melancólicos, ó de los delirios de persecución, no podrían
entrar en el delirio crónico. Estos accesos alucinatorios agudos, estos delirios de pronto que
se presentan en los sujetos predispuestos, no ofrecen nada que se parezca a la
sistematización del delirio crónico, y son, por lo general, curables. Lo mismo ocurre con los
delirios tóxicos. En cuanto a delirios de persecución en los degenerados, que por su aspecto
sintomático pueden simular durante algún tiempo el segundo período del delirio crónico, se
encontrarán las bases del diagnóstico y del pronóstico, profundizando el estudio del delirio
y del enfermo mismo. Los defectos hereditarios del degenerado, sus lagunas psíquicas, sus
estigmas físicos, la existencia de síndromes episódicos de ladegeneración, la edad precoz
en que aparece la psicosis, su comienzo sin incubación previa, la coexistencia pasajera o
permanente de otras ideas delirantes (ambiciosas, hipocondríacas, místicas, eróticas, etc.),
serán otros tantos signos de diferencia con el delirio crónico.
En las dos últimos fases de la enfermedad el diagnóstico no ofrece, en general, dificultades.
En el período ambicioso, el conocimiento de una fase anterior de persecución aclarará la
situación é impedirá que se confunda el delirio de grandezas no alucinatorio, fijo, sin
evolución, análogo á una idea de obsesión, con los soplos delirantes, habitualmente
polimorfos, de los degenerados.
En el cuarto período, los conmemorativos, la reconstitución de la historia delirante del
sujeto con sus fases sucesivas, demostrará, en el estado de debilidad intelectual, otro estado
secundario que no es más que el epílogo de una psicosis antigua.
Referencia
1. "Anales médico-psicológicos". Marzo, 1887

Comentario del prof. D. Barcia

Como es bien conocido, una de las aportaciones más interesantes y consistentes de la
Psiquiatría francesa se refiere a la descripción de los Delirios crónicos. A mitad del S. XIX
se consolidó la distinción entre delirios agudos y crónicos, que había sido iniciada por
Guislein (1852).
A partir de aquí fueron precisándose las características de los delirios crónicos
describiéndose una serie de ellos: Delirio de persecución de evolución progresiva, aislado
por Laségue y también estudiado por su discípulo Legrand du Saule(1871);delirio de
grandeza de Foville (1871); deliro de negación de Cotard (1882),etc.
Pero fue Magnan quién con Serieux organizan los delirios crónicos ordenándolos en dos

grupos: Los delirios crónicos de evolución sistemática y el delirio polimorfo de los
degenerados.
A nuestro juicio el trabajo de Magnan importa por no menos de dos razones: La primera en
haber insistido en la necesidad de analizar la evolución de los cuadros delirantes para
caracterizarlos. Frente a los puntos de vista de Laségue y Legrand du saule, que atendían
principalmente en 1 comienzo y primeros signos de la enfermedad, Magnan había escrito
que "mas que poner la atención en los aspectos externos y en la conducta del paciente,
había que atender a la patogénesis y a la evolución de la enfernedad".
Esta idea del estudio logitudinal, que en realidad había tomado de su maestro Morel, sería
lo que sirvió a Kraepelin para ordenar y caracterizar las psicosis endógenas, es decir, la
aplicación del criterio patocrónico.
El segundo hecho que puede ser destacado del trabajo de Maguan se refiere a haber
caracterizado como cuadro independiente los que llamó el delirio polimorfo de los
degenerados, es el origen de los Bouffees delirantes que con posterioridad reelaboraría
H.Ey y que es el origen de las Psicosis Marginales de Kleist.
Con posterioridad, en Francia los delirios crónicos se ordenan no por la "temas" o por la
evolución sino por el mecanismo: delirio de interpretación (Serieux y Caugras,1909)
delirio
alucinatorio
crónico
(Gilbert
Ballet,1911),delirio
de
imaginación
(Dupré,1925),delirio pasional (G de Cierambault),pero muchos de estos cuadros en
realidad deben incluirse entre los delirios de los degenerados de Magnan (S. de
Lassenesse, 1964,Barcia 1995)
La ordenación alemana de Kraepelin reduciría considerablemente esta nosología y
especialmente a partir de E. Bleurer, la mayoría de estos cuadros pasarían a engrosar el
cuadro de la esquizofrenia, que dejó poco campo a la Paranoia.
El trabajo de Magnan que publicamos es el Capítulo V de la Monografía titulada "El
Delirio crónico" escrito junto con Serieux de 1882. Este artículo es importante en el marco
de la Historia de la Psiquiatría, porque, como decimos es el origen de las Psicosis cicloides,
una entidad más conocida y de la cual nos hemos propuesto ir dando a conocer los hechos
básicos de la misma. Así en un número anterior publicamos un importante trabajo de Kleist
en donde se caracteriza lo que llamó Psicosis marginales. Aunque con posterioridad se
hicieron precisiones clínicas (Leonhard, Perris, Fukuda, etc.), en el artículo de Magnan
se encuentran reunidos los hechos más importantes de estas formas delirantes.
Demetrio Barcia Salorio
Catedrático de Psiquiatría

Referencia a este artículo según el estilo Vancouver:
Magnan V, Sèrieux, P. Delirios sistematizados de los degenerados. Psiquiatría.COM [revista electrónica] 1997 Diciembre
[citado 1 Ene 1998];1(4):[22 screens]. Disponible en: URL: http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol1num4/art_8.htm
NOTA: la fecha de la cita [citado...] será la del día que se haya visualizado este artículo.

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