PUBLICIDAD

Última actualización web: 05/08/2021

Terapéutica farmacológica de los desordenes de la personalidad.

Autor/autores: Néstor M. Koldobsky
Fecha Publicación: 02/06/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN

-----

VOLVER AL INDICE

Url corta de esta página: http://psiqu.com/1-6127

Contenido completo: Texto generado a partir de PDf original o archivos en html procedentes de compilaciones, puede contener errores de maquetación/interlineado, y omitir imágenes/tablas.

Terapéutica farmacológica de los desordenes de la personalidad.
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM. 2002; 6(4)

Néstor M. Koldobsky.
Director Instituto Argentino para el Estudio de la Personalidad y sus Desórdenes (IAEPD)
E-mail: luminar@infovia.com.ar
Artículo publicado con el consentimiento del autor por Janssen-Cilag, Argentina.

Introducción
El propósito de este trabajo es establecer las bases generales para una acción terapéutica psicofarmacológica de
los desórdenes de personalidad (DP), que se sustente en el enorme desarrollo que va alcanzando la investigación
de la etiología, la clínica y la terapéutica de estos desórdenes.
Hay cambios significativos en el tratamiento de los DP. Mientras la psicoterapia orientada a la introspección se
destina a enfocar las dimensiones del carácter, ésta tiene muy poco o ningún impacto en el temperamento
(Sperry. 1999). La farmacoterapia de los DP se dirige a las bases biológicas del temperamento, dado que las
dimensiones de la personalidad son mediadas por variaciones en la fisiología de los neurotransmisores. Aspectos
del temperamento tales como los estilos cognitivos y perceptuales, la regulación de los impulsos, del afecto, del
alerta y de la inhibición, parecen estar biológicamente mediados y permiten una intervención farmacológica.

Los últimos modelos teóricos de la etiología y el tratamiento de los DP, integran factores genéticos, biológicos,
psicológicos y sociales, los que tratan de clarificar las contribuciones particulares de cada uno de esos elementos
(Paris, Zweig Frank, & Guzder. 1996).
Hay una transición desde la búsqueda de los correlatos biológicos específicos de los DP como una totalidad, a una
aproximación menos global, donde se explora las dimensiones, características clínicas o rasgos que están en la
base de cada DP. Se ha propuesto que estas dimensiones tienen una unión específica con la neuroquímica y la
neurofisiología del cerebro (Silk. 1998) ( Cuadro I).
Cuadro I
1. Unos autores enfocan el rol de la medicación, por medio del examen de drogas específicas y tipos de drogas, a
través de su acción en un espectro de desórdenes (Soloff. 1993a; Coccaro EF. 1991).
2. Otros han señalado la eficacia de varias drogas para un desorden particular de la P.
Las recomendaciones para la intervención farmacológica se basan en parte en una significativa comprensión de
los mecanismos biológicos subyacentes.
Como señala Soloff (Soloff. 1993a; Soloff. 1991) la farmacoterapia de los desórdenes borderline, concepto que
podemos hacer extensivo a todos los desórdenes de la personalidad, ha dejado de ser objeto de una controversia
teórica utópica, para tener aceptación como área de investigación clínica. Se ha progresado en este aspecto, si se
considera que en todos los desórdenes de personalidad y en especial en los pacientes borderline, hay dos
vertientes, una vulnerabilidad biológica (descontrol afectivo y conducta impulsiva) y una patología caracterológica
central (lo interrelacional).
Hoy día las drogas psicoactivas son una parte importante del plan de tratamiento de los pacientes con desórdenes
de la personalidad (Soloff. 1993a; Stone MH . 1990a) (Gardner. 1989) (Coccaro. 1991) (Paris J . 1993; Coccaro.
1991; Stein G . 1992; Paris. 1993) (Joseph. 1997) (Soloff. 1990) (Stein G . 1992) y los pacientes portadores de
un DP que consultan, casi siempre los vemos medicados con uno o más fármacos.
La psiquiatría requiere la comprensión de los síntomas, como mediados por el cerebro, más que cómo síndromes
que existen independientemente de la química de cerebro. Esta base biológica se ve confirmada, entre muchos
otros aspectos, por los cambios de personalidad que ocurren después de una injuria cerebral.

La investigación biológica futura de los DP se orienta hacia una mayor comprensión de las funciones de
neurotransmisión y de la recepción, a través del uso de las neuroimágenes, de tomografía por emisión de
positrones (TEP) y de radioligandos específicos para determinados receptores.
El desafío para la farmacoterapia de los DP es la discriminación de las patologías biológicas de las interpersonales,
no biologizar todas las conductas (Soloff. 1997).
La neurobiología de los DP provee un marco teórico para el diseño del estudio y el tratamiento farmacológico en
pacientes con DP (Soloff. 1997). La mediación de la neurotransmisión, en dimensiones tales cómo búsqueda de
novedades, impulsividad, esquizotipia, etc., sugiere la utilidad de una medicación altamente selectiva, como
tratamiento clínico de estos desórdenes. Simultáneamente, el uso de psicofármacos y su acción específica, se
constituyen en un test confirmatorio de las hipótesis sobre las bases neurobiológicas de las dimensiones de la
personalidad.
El acercamiento ideal está dado por el uso de medicación para el tratamiento de los síntomas y luego o junto a
esto, la psicoterapia para trabajar los aspectos psicosociales y los conflictos, los que pueden causar los síntomas o
ser causados por estos.
La búsqueda en la base de datos Medline (1965 ­ 2000) del tema Farmacoterapia y Desórdenes de Personalidad,
revela la presencia del siguiente número de trabajos: Esquizoide 5, Esquizotípico 18, Paranoide 4, Borderline 77,
Narcisista 4, Histriónico 10, Antisocial 11, Dependiente 1, Obsesivo-Compulsivo 20, y un que responden a la
palabra clave, pero no referidos a ningún DP específico, lo que hace a un total de 679 trabajos. Diferentes clases
de psicofármacos han sido empleados para los síntomas afectivos, cognitivos y conductuales, se incluyeron
neurolépticos (típicos y atípicos), antidepresivos ( tricíclicos (TC); inhibidores de monoaminoxidasa (IMAO) e
inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) ), anticonvulsivos, ansiolíticos y carbonato de litio (Li). En
general la estrategia estuvo destinada a los síntomas agudos. Es importante reconocer que un vasto orden de
patologías de la personalidad no tienen todavía indicación farmacoterapéutica.
A pesar de los avances, hay aún una falta de un sistema teórico comprensivo, sin embargo los ensayos empíricos
de la farmacoterapia han producido evidencia de su eficacia en el dominio específico de síntomas de los DP
(Soloff, Lis, Kelly, Cornelius, & Ulrich. 1994)
"La experiencia clínica me ha convencido que muchos de los DP pueden, ...ser tratados integrativamente y
mejoran con medicación" (Joseph. 1997).

Tratamiento de dimensiones o características clínicas especificas con posible origen biológico
El futuro brindará la posibilidad de enfocar intervenciones farmacológicas para dimensiones específicas de los DP,
con una completa comprensión de sus bases psico-biológicas. Sin embargo, a pesar que este acercamiento ha
tenido enormes avances en los últimos años, todavía requiere un extenso cuerpo de investigación, para lograr las
conexiones significativas entre estas dimensiones y los resultados clínicos. En el momento actual el plan
farmacológico debe ser realizado no sólo orientado a las bases biológicas sino predominantemente enfocado en
los resultados, los que incluyen conducta, función, calidad de vida (CV) y las relaciones con el Eje I.
La psiquiatría biológica está dominada por el modelo médico. Surge entonces la pregunta ¿qué corresponde a lo
biológico y qué a lo aprendido? Si analizamos la baja autoestima de los borderline vemos que ésta se aprende en
las experiencias tempranas de la niñez. Surge una evidencia empírica que señala que el desarrollo de los sistemas
biológicos de respuesta, mediados por la neuroquímica, pueden estar permanentemente alterados o reorganizarse
como una adaptación a las experiencias traumáticas en la niñez.
Estudios de adolescentes abusados muestran alteraciones crónicas en las respuestas neuroendócrinas a agentes
que la desafían, mucho después de los acontecimientos (las jóvenes diagnosticadas como padeciendo un
Desorden por Estrés Post Traumático (DPEPT), el que puede expresarse cuando avanza su desarrollo como un DP,
presentan síntomas del DPEPT).
Los estudios en primates muestran alteraciones del sistema serotoninergico en respuesta al trauma que sufrieron
durante el desarrollo infantil. Gunderson y Sabo (Gunderson JG. 1993), sugieren que estas alteraciones son
defectos neurofisiológicos adquiridos, los que se vuelven parte del temperamento biológico. Por el contrario la
psicoterapia, en su influencia sobre el SNC puede alterar el proceso biológico de las enfermedades.
La vulnerabilidad a la depresión comórbida en los DP surge en la dinámica interpersonal de la desesperanza, de la
pérdida objetal y de la severidad de un parentazgo crítico. El rol del temperamento seguramente contribuye a la

vulnerabilidad a través de modelos genéticos de respuesta afectiva, percepción, procesado de la información,
impulsividad e inhibición .
Para poder avanzar en la comprensión del enfoque terapéutico de los DP se hace necesario tener en cuenta a las
clasificaciones de la personalidad, las que son cada vez más útiles y complejas. Dos grandes métodos
clasificatorios son los más utilizados para los DP: el categorial y el dimensional. El categorial, está caracterizado
por una suma de rasgos que constituyen un prototipo de desorden de personalidad, es útil desde el punto de vista
clínico, pero es muy difícil encontrar las bases biológicas de un desorden categorial (P. Ej. borderline, narcisista).
Se hace necesario entonces basarse en las características clínicas, como fue sostenido por Siever (Siever LJ.
1991) o en la clasificación dimensional, la que tiene como tipos más característicos a los "Big-five" de Costa y
McCrae (Widiger & Costa, Jr. 1994) o a las 7 dimensiones establecidas por Cloninger (Nixon SJ. 1989) (Otter,
Huber, & Bonner. 1995) (Cloninger, Svrakic, & Przybeck. 1993).
Muchas de las categorías diagnósticas se superponen y tienen que ser validadas. En el DSM IV se logra una
adecuada validación de los desórdenes ezquizotípico y borderline. Como vimos los acercamientos neurobiológicos
y psicofarmacológicos se realizan en relación con dimensiones o clusters. Los clusters de agrupamiento de los DP
en el DSM IV pueden corresponder con dimensiones más elementales como el extraño o grupo A con la
desorganización cognitiva; la dimensión dramática o grupo B a la inestabilidad afectiva y a la impulsividad, y la
dimensión ansiosa o grupo C a la dimensión ansiedad.
Coccaro (Coccaro & Kavoussi. 1991) estableció la necesidad de actuar sobres tres aspectos sintomáticos, para el
tratamiento farmacológico de los DP., la labilidad afectiva , la impulsividad-agresividad y los D psicóticos
transitorios.

Cloninger
Cloninger (Cloninger. 1988) (Nixon SJ. 1989; Lamparski, Roy, Nutt, & Linnoila. 1991), quien desarrolla un muy
importante sistema clasificatorio, hace derivar las dimensiones de búsqueda de novedad, evitación de daño y de
la dependencia de la recompensa (tres dimensiones temperamentales, de las siete dimensiones que establece
para la personalidad) de modelos animales con características de estímulo-respuesta. Estos rasgos son atribuidos
a la mediación dopaminérgica, serotoninérgica y noradrenérgica respectivamente. Si la teoría es válida, la
respuesta a las drogas puede predecirse cundo nos apoyamos en los aportes de la investigación de la P. La
dimensión de búsqueda de novedad y sus rasgos asociados: la impulsividad, la excitabilidad y la rápida aparición
de mal carácter, pueden responder a los neurolépticos, en especial los de nueva generación (risperidona y
olanzapina). La disminución de la influencia serotoninérgica debería ser beneficiada, en los pacientes con excesiva
evitación del daño y sus rasgos asociados temor, timidez e inhibición, por la acción de los ISRS. La disminución de
la influencia NA podría modificar la dependencia a la recompensa, la sensibilidad social, y la excesiva necesidad de
agradar a otros.
Cloninger reconoce una compleja interacción entre rasgos y neurotransmisores requeridos para producir la
conducta humana actual (Por Ej. la impulsividad sugiere alta búsqueda de novedad y baja evitación del daño).
Frente a esto la elección de la farmacoterapia se volvería menos clara y más compleja, pero posible.
Siever
Siever desarrolla un modelo psicobiológico de los DP consistente en la consideración de cuatro dimensiones, las
que están en la base de muchos de los DP: la organización cognitivo/perceptual, la impulsividad/agresividad, la
inestabilidad afectiva y la ansiedad/inhibición.
El trabajo empírico de Siever (Siever LJ. 1991) (Kavoussi RJ & Coccaro EF. 1995) (Weston & Siever. 1994) y
colegas, quienes usaron en los DP el desafío con drogas altamente selectivas, para caracterizar las respuestas de
los neurotransmisores. La psicobiología de las características clínicas y/o dimensiones de la P puede ser aclarada
por el desafío de las respuestas neurofisiológicas, mediadas por neurotransmisores específicos, usando agentes
altamente selectivos y correlacionando la respuesta con la presencia de dimensiones discretas de la personalidad.
Una consideración interesante de esta estrategia, es que la función de los neurotransmisores forma parte del
cerebro, y puede ser entonces medida indirectamente, por las respuestas centrales a los neurotransmisores, vía la
activación del eje Hipotálamo-hipófiso-suprarrenal (HPA), de la hormona del crecimiento (GH) y de la
corticotropina (ACTH), con un desafío farmacológico selectivo.
Se ve entonces que el apagamiento de la respuesta a la prolactina se encuentra en los pacientes agresivos
impulsivos, como respuesta al desafío con agentes serotoninérgicos tales como d.l. fenfluramina, buspirona, y mCPP, pruebas que sugieren una disminución de la función de la neurotransmisión central serotoninérgica, en esta
dimensión de la P. El aumento de la GH por el agente noradrenérgico clonidina puede relacionarse a la

extroversión y la toma de riesgo. Este paradigma experimental sugiere ensayos farmacológicos en las
dimensiones de la P asociadas con una respuesta específica al neurotransmisor (P. ej. ISRS para la agresión
impulsiva).

Los ensayos farmacológicos en los DP han estado históricamente dirigidos a los aspectos agudos de los síntomas,
más que a los rasgos de vulnerabilidad crónica. Se trata de los síntomas cognitivos, afectivos y conductuales
expresados durante una descompensación aguda. Los rasgos persistentes o crónicos reflejan variaciones
biológicas subyacentes, que pueden ser también influidas por el tratamiento psicofarmacológico.
La organización cognitiva es la capacidad individual para atender y seleccionar información relevante del medio,
organizarla en relación a experiencias pasadas, y formular estrategias apropiadas para interactuar con ese medio.
Las alteraciones van desde la psicosis a los síntomas de tipo psicótico y los deficit más sutiles de interpretación de
los indicadores sociales.
Los que presentan impulsividad (se ve en el borderline, el histriónico, y el antisocial), tienen un umbral bajo para
la acción motora, en particular la agresiva, en respuesta a estímulos del medio. También tienden a externalizar
sus problemas y reaccionan en forma extrema a los acontecimientos del medio.
La inestabilidad afectiva (se ve en el borderline, el histriónico y el narcisista), se caracteriza por cambios rápidos
de la excitación en el afecto, oscilando entre ira y frustración. Estos cambios ocurren en horas. Los cambios
afectivos son exquisitamente sensibles a modificaciones en el medio, como la separación o la frustración.
La ansiedad refleja una alta disposición a anticipar el castigo o las consecuencias aversivas de su conducta,
asociada al alerta autonómico (por el temor). Puede inhibir una variedad de conductas, que se perciben como
potencialmente asertivas o competitivas. Estos individuos temen por las consecuencias de su conducta.

Los disturbios a nivel cognitivo
Los síntomas cognitivos más frecuentemente encontrados en los DP son los pensamientos auto referenciales, las
ilusiones, la desrealización, la despersonalización y la ideación paranoide. Hay también intensos episodios
micropsicóticos. Los esquizotipicos tendrían síntomas crónicos de bajo nivel psicótico, como aislamiento,
abandono, ilusiones recurrentes y extravagancias. Los borderline tendrían disturbios agudos, dramáticos,
micropsicóticos caracterizados por ansiedad desesperada en respuesta a estresores, en especial las pérdidas, o en
relación al grado de labilidad afectiva (Soloff. 2000).
Los disturbios cognitivos, las distorsiones perceptuales, el aislamiento social, la ansiedad debilitante de los
esquizotípicos, borderline, paranoides y por evitación, pueden ser susceptibles de tratamiento con neurolépticos.
Estas indicaciones terapéuticas surgen asociadas al concepto de utilización en cuadros que no pertenecen
estrictamente a una nosología.
Las bajas dosis de neurolépticos actuarían en las ilusiones recurrentes, el pensamiento autorreferencial y la
ansiedad fóbica (Gunderson JG. 1991) (Stone MH . 1990b); aunque sin lugar a dudas se debe también incidir en
los estresores desencadenantes del cuadro. Debe ponerse especial interés en las formas de disminución y
suspensión del fármaco.
Es creciente el interés en el tratamiento de los síntomas de tipo psicótico porque:
- su presencia es frecuente, a veces de suma intensidad (P. Ej. en el borderline);
- Porque estos síntomas son muchas veces refractarios a la psicoterapia;
- Por la convicción de la existencia de una base biológica.

Psicobiología de los síntomas tipo psicóticos
Los borderline y los desórdenes esquizotípicos tienen a veces rasgos genéticos relacionados con la esquizofrenia:
movimientos oculares característicos y la vulnerabilidad familiar para la esquizofrenia.
El esquizotípico es el más caracterizado y grave de los D de este grupo.. Presentan desvinculación social y
síntomas correlacionados específicamente con los de la Esquizofrenia (corresponde al "espectro esquizofrénico").
Los síntomas cognitivos presentes en los DP reciben el nombre de síntomas tipo-psicóticos. Los más
característicos son el pensamiento mágico, las ideas de referencia, la distorsión perceptual. Presentan en la base
un aumento de la actividad de la dopamina. Hay aumento del ácido HVA en algunos tipos de P paranoide, y una
disminución en presencia de los síntomas tipo déficit (aislamiento social por desinterés en los esquizotípicos).

Esto mismo se ve en la esquizofrenia, la que presenta hip-dopaminergia cortical frontal, e hiper-dopaminergia en
las areas subcorticales.
El HVA tienen su origen en muchas regiones del SN, tanto cerebrales como de la periferia. Está aumentado en el
LCR de esquizotípicos selectos (aquellos con síntomas de tipo psicóticos), si se los comparan con individuos
normales.
Estos síntomas tipo psicóticos responden a la medicación antipsicótica, y sufren el efecto psicotomimético
(negativos y positivos) de la anfetamina, y de los neurolépticos, particularmente los de nueva generación
(risperidona, olanzapina y clozapina), en especial cuando estos síntomas están presentes en pacientes Borderline,
Esquizotípicos y Paranoides. Sin embargo, en otros estudios, con este tipo de pacientes, los neurolépticos no se
han mostrado efectivos. Los pacientes que responden, son aquellos que presentan psicoticismo y síntomas
esquizotípicos severos.

Los síntomas relacionados con el déficit o el aislamiento social
Los esquizoides presentan como rasgo central el aislamiento social, con desinterés para lograrlo.
Los individuos con diátesis para esquizofrenia, muestran un deterioro en el desarrollo de la satisfacción, lo que
también se ve en los individuos que presentan la dimensión búsqueda de sensaciones, o presentan déficit de la
dimensión búsqueda de recompensa.

Déficit de información
En aquellos individuos con síntomas tipo psicótico hay disminución de los índices del tono de actividad de la
dopamina, especialmente los receptores D1, en áreas corticales frontales (necesarios para la integridad de la
memoria de trabajo y otras funciones cognitivas ejecutivas). Hay, también, desmejoramiento de la actividad
cortical de los indicadores interpersonales complejos, así como déficit de la conducta de vínculo.

Relaciones interpersonales
Las relaciones interpersonales estables dependen de la selección de una apropiada información, de indicadores
referidos a las otras personas, y de que se sincronizen las respuestas en forma recíproca. El modelo interaccional,
vincular o attachment, determinado en la infancia, puede alterarse si hay una inmadurez neurológica.
En los parientes de Esquizofrénicos hay una inmadurez amplia del desarrollo, esto se ve también en los
Esquizoides y Esquizotípicos, corroborado por un desmejoramiento de los movimientos oculares de rastreo.

Anormalidades neuropsicológicas
En los DP con trastornos cognitivos hay anormalidad en las pruebas Continous Performance Task (CPT)
(evaluación de la atención sostenida) y en el Backward Masking Task (evaluación para problemas de
procesamiento de la información visual). Se encuentran también anormalidades EEG y alteraciones en los PE
(alteración de la onda P300, seguida a estímulos), anormalidades galvánicas de la piel y anomalías en el tiempo
de reacción visual.

Hay aumento del tamaño ventricular, asociadas a una disminución del ac. HVA y a síntomas de tipo deficitario. La
disminución ventricular se ve unida a la hipodopaminergia. La RM muestra una disminución del tamaño del lóbulo
frontal. Esto también se ve por las alteraciones de los test de función prefrontal. El compromiso cortical no sería
global.
El ac. HVA en plasma está negativamente relacionado con síntomas tipo déficit; también se ve relacionado con
incremento del abandono social y con el afecto restringido.
El sistema dopamínico está implicado en la memoria de trabajo, vía los receptores D1, de la corteza frontal; esto
permite especular que la disfunción cortical está asociada a disfunción dopaminérgica, que es la base
psicopatológica central, relacionada con el déficit en el espectro esquizofrenico.
Otros factores pueden determinar la evolución a la esquizofrenia. Los pacientes Esquizofrénicos con síntomas tipodéficit representan la expresión más común de una suceptibilidad genética para el desarrollo de una alteración del

neurodesarrollo, que resulta en un malfuncionamiento cortical.

Psicofarmacología de los síntomas deficitarios
El déficit en la función cortical y social puede ser mejorado con agentes que mejoran la actividad dopaminérgica
(no todos de valor terapéutico), anfetamina, inhibidores de la recaptación de dopamina (maxindol),
psicoestimulantes; L-Dopa; IMAO y agonistas D1 selectivos, cuando estén disponibles. Así como por los
antagonistas serotoninérgicos (nuevos neurolépticos).

La conducta impulsiva/agresiva
La Impulsividad es un rasgo definido del borderline (B), es prominente en el antisocial (A), y está presente en
menor grado en el histriónico (H) y en el narcisista (N). Sus rasgos y síntomas más característicos son las
amenazas suicidas, las conductas parasuicidas, la agresión impulsiva, el asalto, la destrucción de la propiedad, las
conductas de "embriaguez" (drogas, alcohol, sexo o alimento), la impulsividad cognitiva por baja tolerancia a la
frustración y las crisis temperamentales y berrinches.
Son pacientes que actúan sin reflexionar, particularmente cuando expresan agresión. Se irritan fácilmente y
adhieren con frecuencia a conductas agresivas, abuso de sustancias, autodaño, y promiscuidad. Los rasgos
impulsivos pueden ser causa de la inestabilidad de las relaciones y de la tendencia a la presentación dramática del
cuadro. La impulsividad puede presentarse en forma distinta en los diferentes desórdenes: en el B la impulsividad
se asocia a la inestabilidad afectiva, reaccionan con agresividad o impulsividad a la disforia engendrada por la
pérdida o la separación; en los antisociales las conductas antisociales e impulsivas son mucho más persistentes.
La impulsividad parece parcialmente heredada. Se ve en gemelos B, criados aparte. El B corre en familias,
mientras que impulsividad y agresividad son independientes de las familias, pero éstas, con sus conductas
disfuncionales, darían las bases para el desarrollo del desorden B. La presencia de un sustrato heredable da las
bases para pensar en un correlato biológico.
Los borderline, los histriónicos y los narcisistas, tienen impulsos, frente a afectos de carácter intenso, en especial
las pérdidas y ante las crisis de angustia, de tipo irracional. Hoy día hay optimismo en cuanto a la terapéutica
psicofarmacológica de estos episodios.
Muchos desórdenes antisociales o borderline tienen factores biológicos asociados: ondas lentas y agudas en el
EEG., respuesta galvánica de la piel, vulnerabilidad a la deshinibición del S. N. autónomo y del sistema muscular
voluntario. También habría factores biológicos en la base de la impulsividad del desorden histriónico.
En muchos de los desórdenes de personalidad hay antecedentes de Disfunción Cerebral Mínima (DCM),
Desórdenes de Déficit Atencional (DDA) y Descontrol Periódico de los Impulsos (DPI). Cuando están presentes
estos síndromes, algunos desórdenes de la personalidad se benefician con la medicación. Con esta pueden pensar
antes de actuar impulsivamente.
Los neuromoduladores que juegan un rol en la estimulación y la inhibición de la conducta externa, son los
candidatos para ser los sistemas básicos de impulsividad y agresividad. En el sustrato de la agresión impulsiva
participan, entre muchos otros (Oquendo & Mann. 2000):
·
·
·
·

Serotonina
Dopa
NA
Gaba

El sistema serotoninérgico como sistema inhibidor conductual se ha visto implicado en forma creciente en la
impulsividad y la agresividad. Se asocia también la presencia de desórdenes epileptiformes, desórdenes
atencionales, y niveles circulantes elevados de endorfinas y testosterona. Probablemente su acción se da a través
de las proyecciones del núcleo dorsal del rafe a la amígdala, disminuyendo la actividad DA, o por medio de las
proyecciones del rafe medio al área septo-hipocámpica, o a la corteza frontal.
Las vías DA mesolímbicas que modulan las respuestas afectivas al medio se involucran en la agresión. El aumento
de la actividad DA aumenta la agresión irritativa y desciende el índice de habituación a las crisis agresivas.
El incremento o la disminución de la actividad NA, también aumenta la agresión impulsiva.

Las anormalidades en la serotonina es el hallazgo mejor documentado en relación con la impulsividad y la
agresividad de los DP. Los agentes que mejoran la actividad serotoninérgica revierten la conducta agresiva e
inhiben la agresividad, ya sea espontánea o inducida. La eficacia anti-impulsiva ha sido demostrada en una
variedad de medicamentos, pero los más específicos son los anticonvulsivantes, ISRS y el Li.

Disturbios del humor
Los síntomas afectivos más frecuentes en los desórdenes de personalidad, en especial en el borderline son: la
inestabilidad del humor, la depresión, la carga de angustia inapropiada, la ansiedad social, la anhedonia, los
sentimientos de vacío y soledad, el aburrimiento.
Los estudios psicofarmacológicos deben afrontar el problema de la comorbilidad (Benjamin & Strand. 1998). La
pregunta es si los pacientes borderline deprimidos tienen uno o dos desórdenes. La mitad de los borderline
asocian un diagnóstico de depresión, ¿cuál es el desorden que responde a la medicación?
Hay un error en biologizar toda la conducta, lo que lleva a ensayos agresivos con medicacion o
electroconvulsoterapia (ECT) dirigidos a los aspectos aprendidos, como la baja autoestima, el desamparo o el
pesimismo. Esto lleva a la refractariedad o a la respuesta parcial a la medicación que se ensaya en la depresión y
en los DP. También se ha comprobado que la respuesta de los DP es independiente de los diagnósticos del Eje I.
La depresión del Borderline es una entidad diferente que el desorden depresivo mayor (DDM), si bien las
dimensiones de la personalidad pueden compartir bases de neurotransmisión comunes con el Eje I.
Así las distinciones entre Eje I y Eje II son no muy relevantes, a veces, en este nivel biológico.
Los DP, en especial los del Grupo B, tienen una alta asociación con los desórdenes afectivos, en especial DDM,
pero también tienen síntomas depresivos caracterológicos como lo son la baja autoestima, el pesimismo, la alta
sensibilidad al rechazo, la ideación suicida crónica, los que no desaparecen, aunque a veces se atenúan, con el
tratamiento del DDM. En los DP hay disturbios en la intensidad y/o la labilidad del humor, muchas veces
confirmados por los marcadores biológicos. Cuando se investiga desórdenes afectivos en forma sistemática en los
D borderline, los pacientes pueden ser diagnosticados con DDM, desorden depresivo atípico (DDA) o disforia
histeroide (denominación antigua, pero que guarda utilidad, la que abarca a las formas atípicas de la depresión
caracterológica).
Soloff (Soloff. 1993a) (Soloff. 1991) señala que deben ser tratados psicofarmacológicamente los cuadros de
severa depresión, que presentan los DP. Es un error no hacerlo, dado que de esa manera se dificulta el acceso a
la psicoterapia y persiste el sufrimiento.
Se deben usar dosis terapéuticas de imipramina (3,5 mg./ kg.) o ISRS. En los cambios rápidos del humor el litio y
en los desórdenes atípícos, los IMAO. Aunque muchos autores sostienen el valor de las dosis bajas de
neurolépticos.
Rifkin (Rifkin, Quitin, & Carrillo. 1972) habló de personalidades emocionalmente inestables, cercanas al borderline
y al antisocial, que se benefician con la asociación de litio y fenotiazinas. Klein (Klein. 1968) ya señalaba que el
cuadro descripto por él como disforia histeroide, caracterizado por gran intolerancia a la frustración afectiva,
síntomas vegetativos, hipersomnia y aumento de la ingesta de dulces y la búsqueda frecuente, en forma
dramática, de comida, es un cuadro que muestra resultados contradictorios ante el tratamiento
psicofarmacológico: unos son más estables y responden mejor, otros más inestables, son difíciles de conducir
( los cercanos al borderline, al narcisista y al histriónico). Klein y Liebowitz (Liebowitz & Klein. 1993) señalan que
cuando estos cuadros tienen síntomas depresivos y una baja vulnerabilidad al rechazo, responden bien a los
IMAO.
Muchos otros cuadros de desórdenes de la personalidad, que según el DSM presentan trastornos del humor y
labilidad afectiva, responderían a dosis bajas de neurolépticos.
Si bien en un porcentaje muy alto los desórdenes de la personalidad se asocian a la depresión y a la depresión
mayor, como vemos surgir de la lista de síntomas ligados a los desórdenes afectivos que describimos en el
párrafo anterior, muchos otros se corresponden con las denominadas depresiones atípicas.
La medicación antidepresiva dramáticamente mejora el funcionamiento autónomo del yo y el de los mecanismos
defensivos del yo. Permite diferenciar entre la percepción de la realidad y la experiencia afectiva de la realidad.
Actúa en la regulación y modulación del afecto, en su intensidad, en la facilidad de evocación del afecto, y en la
barrera a los estímulos emocionales, todas estas funciones autónomas del yo.
Las defensas se vuelven menos rígidas y fijas. Una auto-estima desesperanzada y con tendencia al abandono

puede volver a alcanzar, con el tratamiento, un enfoque de sí mismo más realista. Las respuestas conductales y
emocionales, con los antidepresivos, se hacen menos abruptas, menos monótonas, menos fijas y más adaptadas.
Los estabilizadores del ánimo tales como el litio actúan sobre el componente maníaco y la labilidad afectiva que
acompaña a muchas DP. El componente hipomaníaco, cuando es de mediana intensidad, puede ser
medianamente funcional, pero cuando aumenta su intensidad, puede rigidizar las defensas, hacer superficial la
relación con la realidad e "inflar" artificialmente la auto-estima.
El tratamiento de ambos estados puede mejorar rápidamente la eficacia y la rapidez con la que puede actuar la
psicoterapia.
Así como nadie duda de la base biológica de la depresión, se ve el peso que tienen las diversas situaciones
emocionales y eventos de vida para disparar una depresión. Esto sería posible por la vulnerabilidad emocional. Se
basaría, como dice Marcus (Pitt B, 1991), en la predisposición psicológica a la depresión, factor que permitiría
explicar la frecuente asociación de algunos desórdenes de personalidad con depresión.
Los pacientes narcisistas sufren depresión cuando se desarman sus fantasías grandiosas. Para Marcus (Pitt B,
1991), los antidepresivos permitirían "reinflar" las fantasías grandiosas, prematuramente descendidas en la
psicoterapia, hasta que se de la posibilidad de una reestructuración total de la personalidad.
Las personalidades obsesivas se asocian frecuentemente con depresión. En los episodios de depresión se ven con
más facilidad conflictos tales como la agresión, la venganza y la mortificación, usadas para dominar a los otros.
La asociación de personalidad histérica y depresión es observada desde antiguo. Cuando se asocian
personalidades histéricas a las borderline, la depresión se puede relacionar con un incremento en la demostración
de crisis temperamentales y la ruptura del vínculo, en las fases tempranas del tratamiento. La medicación ayuda
mucho a las P histéricas-borderline. Reduce su irritabilidad y angustia y ayuda a disminuir la rigidez de sus
defensas. Otras dos personalidades que se asocian a depresión son la paranoide y la sadomasoquista.
Para muchos autores las fases de depresión que se asocian a los desórdenes de personalidad son de mucha
importancia para el tratamiento psicoterapéutico, ya sea porque en ellas aparece material subyacente, ya sea
porque las defensas son menos rígidas.
Se podría decir en síntesis que los cuadros de depresión atípica, con tendencia al suicidio, humor depresivo,
anhedonia, sensibilidad al rechazo e impulsividad se benefician con IMAO, así como con ISRS. La depresión
subjetiva se beneficia con tricíclicos, siempre que se tenga cuidado del incremento de la agresividad y el impulso
suicida, que estos producen a veces, o con ISRS. Los depresivos hostiles y agresivos se benefician con bajas dosis
de neurolépticos. El Litio y la carbamazepina disminuyen la impulsividad y los cambios del humor, en especial en
aquellos pacientes que tienen concomitantemente un desorden afectivo mayor. También son útiles en aquellos
pacientes que cursan con hipomanía o un estado bipolar II, en los emocionalmente inestables y en los de humor
lábil.
En el dominio de la desregulación afectiva que se manifiesta por labilidad del humor, sensibilidad al rechazo, ira
inapropiada e intensa, y crisis temperamentales, la ira y los componentes depresivos de estos síntomas parecen
responder a los IMAO e ISRS, mientras que la inestabilidad responde a los anticonvulsivantes tales como CBZ o el
Li.

Los factores colinérgicos (Fritze, Lanczik, Sofic, & Struck. 1995) (Fritze, Sofic, Muller, Pfuller, Lanczik, & Riederer.
1990): algunas características de la personalidad y las estrategias habituales de enfrentamiento al estrés están
relacionadas a la sensibilidad a la fisiostigmina en voluntarios sanos. Las respuestas cardiovasculares y
conductuales están positivamente correlacionadas con la irritabilidad y la labilidad emocional.
Las estrategias de desesperanza y pasividad para enfrentar el estrés se relacionan positivamente a estas
respuestas. Por estos resultados, estos autores sostienen la hipótesis que la hipersensibilidad colinérgica está
ligada a algunas predisposiciones dimensionales de la personalidad, irritabilidad, labilidad emocional y estrategias
pasivas de enfrentamiento al estrés.

Ansiedad
La ansiedad es una presentación clínica básica de los desórdenes del Grupo C de los DP, y en los pacientes del
Grupo B en especial el B. Constituyen un rasgo crónico caracterizado por una diátesis para una ansiedad
desadaptativa (historicamente era llamada pan-ansiedad o ansiedad "libre-flotante").

La presentación puede ser aguda, reactiva a estresores de claro origen interpersonal, muchas veces ligados a la
percepción de rechazo o relacionados con el abandono. En otros pacientes la ansiedad se presenta en forma
crónica.

La agresividad/violencia
Es un rasgo de personalidad relacionado con alta frecuencia con muchos desórdenes de la personalidad, en
especial los de mayor gravedad. Su presencia es factor de análisis y preocupación a nivel clínico, institucional y
social. Su etiología multivariada, nos obliga a la realización de un profundo análisis, para encarar su tratamiento.
El tratamiento psicofármacológico es uno, entre las muchas acciones que se deben encarar para el abordaje y
tratamiento de la violencia (Fava. 1997).

Principios de aplicación clínica para el tratamiento de la violencia.
1.
2.
3.
4.

Los sistemas biológicos que están en la base de los trastornos de violencia justifican el uso de psicofármacos.
Siempre hay que tratar la enfermedad primaria.
Cuando se inicia un tratamiento empírico, siempre iniciarlo con la droga más inocua.
Hay que usar medios clínicos para cuantificar la eficacia del fármaco:

a. en medio penal: observar la frecuencia de infracciones a las reglas que controlan la violencia.
b. en las salas psiquiátricas: observar la frecuencia de amenazas y las reacciones violentas (Por Ej. con la Escala
de Agresión Manifiesta).
c. en los externados: observar la frecuencia e intensidad de las amenazas verbales o físicas hacia un familiar.
5. Instituir sistemáticamente ensayos de drogas.
a. los períodos deben ser previamente planificados.
b. el Litio y la Carbamazepina deben ser monitoreados en sangre.
6. Los pacientes en los que no se encuentra una clara relación entre el desorden de personalidad y los episodios
de violencia, se benefician con una secuencia empírica de drogas, Benzodiazepinas-Litio o propanololantipsicóticos o anticonvulsivos.

Los estudios animales sugieren que la vasopresina juega un rol facilitador de la conducta agresiva
El contenido de arginina-vasopresina en el LCR está correlacionado directamente con la historia de vida de
agresión general y agresión contra las personas e inversamente relacionada con las respuestas PRL (d.FEN); estas
dos medidas están a la vez correlacionadas inversamente con una historia de vida de agresión.

Tabla I Síntesis de neurotransmisores e indicadores biológicos

Modelos teórico-prácticos para el tratamiento farmacológico de los DP
Los modelos teórico prácticos para el tratamiento farmacológico de la personalidad, ayudan a precisar las
actitudes terapéuticas, en el estado actual del desarrollo de la comprensión de las bases biológicas de la
personalidad, de sus dimensiones, de sus características clínicas o de sus rasgos.
a. modelo de rasgos biológicos
b. modelo subsindrómico
c. modelo enfocado en el diagnóstico y la comorbilidad
d. modelo enfocado en el síntoma
Links agrega dos modelos(Links, Heslegrave, & Villela. 1998)
e. modelo enfocado en los resultados
f. modelo médico
Como ya vimos, los estudios recientes de la personalidad han incorporado hallazgos neurobiológicos a partir de
los estudios animales y humanos, dentro de la definición de las dimensiones de personalidad.
Soloff (Soloff. 1993a; Soloff. 1990;) identifica cuatro áreas de descontrol en el DBP que pueden ser blancos de la
farmacoterapia (Cuadro II).
Cuadro II
1.
2.
3.
4.

cognición
afecto
impulso
ansiedad

Silk sugiere seguir estrategias de tratamiento basadas en dimensiones de la psicopatología, más que en
diagnósticos específicos (Links. 1996).
Gitlin (Gitlin. 1993) delinea la psicofarmacología de la comorbilidad observada entre las patologías del Eje I y el
Eje II, del DSM IV.
Cóccaro, usando un acercamiento empírico, señala que las evidencias de la acción farmacológica surgen de
ensayos controlados y randomizados.
A. MODELO DE RASGOS BIOLÓGICOS

El modelo de rasgos biológicos considera a los DP como teniendo temperamentos biológicos subyacentes
(corresponde a lo que desarrollamos en el punto II).
Temperamento se puede definir como la disposición conductual que está presente desde el nacimiento (Rutter M .
1987). El temperamento está más directamente conectado con las vulnerabilidades y predisposiciones biológicas,
que con la experiencia medioambiental. La Personalidad tiene alta hereditabidad: 50% global. Pero en cuanto a
los rasgos en particular, la hereditabilidad es variable. Si bien se ha visto la importancia de las dimensiones
(neuroticismo, psicoticismo, extraversión, introversión, búsqueda de sensaciones), no hay acuerdo en cuanto a su
número. El modelo biológico de rasgos considera que tienen una personalidad desordenada aquellos individuos
que se ubican en los extremos de dimensiones definidas. El modelo de la continuidad entre las dimensiones
normales de la personalidad, necesita ser verificado. Un modelo de discontinuidad entre el desorden de la
personalidad y la normalidad puede ser definido desde la neurobiología.
La unión de los rasgos biológicos subyacentes a las conductas, afectos y cogniciones clínicas, no es fácil (Ej., para
Cloninger (Cloninger, Svrakic, & Przybeck. 1993) el concepto de inestabilidad afectiva está unido al concepto de
dependencia a la recompensa, el que a su vez está unido genéticamente al sistema noradrenérgico; para otros
autores está unido a la deshinibición del afecto, lo que tiene relación con el sistema serotoninérgico). Otro de los
modelos biológicos es el de Siever, descrito en párrafos anteriores.
Este modelo es promisorio, pero para su aplicación práctica se debe hacer una investigación adecuada.
B. MODELO SUBSINDROMICO
Este modelo (Akiskal. 1981) sugiere que los desórdenes de la personalidad son variantes de los desórdenes del
Eje I y no entidades diagnósticas separadas. El DBP es considerado un desorden afectivo subsindrómico y se
intenta hallar marcadores biológicos que permitan deducir la asociación entre los síndromes del Eje I Y II. La
investigación usando este modelo resultó poco efectiva.
C. MODELO ENFOCADO EN EL DIAGNÓSTICO Y LA COMORBILIDAD
Este modelo sugiere que el tratamiento farmacológico es impulsado por el diagnóstico específico del paciente. El
diagnóstico puede ser un desorden del Eje II o un diagnóstico de comorbilidad del Eje II con el Eje I.
Este modelo es el más sujeto a la crítica, dado los problemas metodológicos que existen en el diagnóstico de los
desórdenes de la personalidad (Cuadro III).
Cuadro III- Problemas metodológicos
1. Rápidos cambios de la nomenclatura de los desórdenes del Eje II.
2. Dificultades en establecer la validez de los desórdenes del Eje II.
3. Cada DP tiene una gran heterogeneidad.
Cuando existe comorbilidad entre el Eje I y II, se presentan situaciones muy confusas para el tratamiento, en
especial cuando se investiga la respuesta al tratamiento farmacológico. Los D del Eje I influyen en el informe del
paciente acerca de los rasgos de P, y cuando estos se resuelven por el tratamiento, el individuo informa menos
disturbios de la P (Joffe & Regan. 1989) (Joffe RT. 1989).
Gitlin (Gitlin. 1993) nota que cuando el desorden comórbido se trata con medicación, se hace difícil determinar si
la eficacia de la medicación se debe a uno o al otro trastorno.
D. MODELO ENFOCADO EN EL SINTOMA
Sugiere el blanco farmacológico basado en un síntoma específico. Modelo muy atractivo porque evita cualquier
necesidad de análisis etiológico. La acción sobre los síntomas puede permitir resultados mensurables.
Sin embargo la medicación, cuando se trata un DP, tiene importantes efectos en aspectos no específicos (P. Ej en
los borderline la acción neuroléptica no se resume en tratar los síntomas "psicotic-like" (tipo psicótico), sino que
también impacta en la ansiedad, en lo obsesivo-compulsivo, en lo afectivo y en la conducta suicida). La fluoxetina
se muestra efectiva en pacientes con DBP, mejorando la depresión, la ansiedad, la paranoia, el psicoticismo, la
sensibilidad interpersonal, la obsesionalidad, la hostilidad y el funcionamiento global.
Ultimamente se considera que cada uno de los cuatro modelos, tiene aspectos valiosos. El clínico puede
desarrollar un manejo farmacológico racional de los DP basados en esos acercamientos, y la clasificación
específica para los síntomas de Soloff, que es sin lugar a dudas la mejor desarrollada. Soloff ha presentado recién
los algoritmos basados en la evidencia, por eficacia, seguridad y rapidez para la acción de los tratamientos
particulares, los que desarrollaremos más adelante. Gunderson y Links en el Manual de terapias de AAP han

usado una organización similar.
El acercamiento específico al síntoma tiene el mérito de proveer un manejo farmacológico racional. El uso de
medicación en los B ha pasado de ser ocasional a esperada. Esto también puede llevar al uso de medicación sin
una justificación científica plena.
Links (Links. 1996) sugiere que mientras se está clarificando los substratos neuroquímicos y neurobiológicos
subyacentes a las dimensiones de los DP, la atención debe dirigirse a los resultados obtenidos en el manejo
psicofarmacológico de los síntomas de los DP. El foco en resultados específicos podrá permitir a los
psicofarmacólogos apuntar a intervenciones más efectivas, medir los efectos en forma más precisa y facilitar la
comprensión de los mecanismos psicobiológicos de esos resultados.
E. MODELO ENFOCADO EN LOS RESULTADOS
El uso racional de este modelo permite:
1. delinear claramente el propósito que tienen los pacientes y el clínico, en cuanto a la intervención
psicofarmacológica
2. Aceptar la idea que hay evoluciones que son mensurables y están relacionadas a las mejorías funcionales
3. promueve la comprensión de los mecanismos biológicos subyacentes
4. el desarrollo de nuevos acercamientos farmacológicos

El abordaje de conductas específicas
1. Provee resultados definidos y medibles, cuando no se comprenden los mecanismos neurobiológicos
subyacentes.
2. Demuestra que la efectividad puede permitir clarificar el mecanismo involucrado.
Ejemplo: en conductas de auto daño, suicidas, ver la adherencia a los tratamientos y las evoluciones específicas,
en pacientes individuales.
Conducta de auto-daño
La conducta de auto-daño está presente en muchos de los DP, es particularmente característica del B, es
sumamente resistente a los tratamientos. El grupo B tiene dos veces más riesgo de suicidio. Esta conducta está
pobremente caracterizada en el campo clínico. Los pacientes con conducta de auto-daño pueden no tener
conducta suicida asociada. El auto-daño puede relacionarse a un estado de mejoría emocional, puede resultar en
una respuesta analgésica, y en algunos casos lleva al alerta sexual.
El trauma infantil (abuso y negligencia), puede estar ligado a la desregulación de las endorfinas. Este mecanismo
se perpetúa, por el refuerzo que los opioides realizan cuando se descargan durante la conducta injuriosa. Así
ocurre con la automutilación, las crisis de ingesta, los flashbacks y el abuso de sustancias.
El uso de Naltrexona estaría indicado en estos casos. Este medicamento resulta útil por la reducción dramática de
la conducta de auto-daño y por la reducción del abuso de alcohol (típico en el 30% de los pacientes B). La
Naltrexona puede ser particularmente útil para disminuir los efectos de refuerzo del primer consumo de alcohol,
dado que previene las respuesta a ese ensayo de ingesta, las que al reforzarse, llevan a la respuesta plena de
consumo.
Conducta suicida repetida.
Ofrece un campo específico para el ensayo farmacológico. Los pacientes B presentan alto riesgo para el suicidio
completo.
Motgomery and Motgomery (1982) con flupentixol, lograron una significativa reducción en el número de actos
suicidas, comprobado en 6 meses de seguimiento.
Shou en 1967 presenta la hipótesis que el Li protege contra la conducta suicida. Un estudio similar realiza Links
en 1990 (Links, Steiner, Boiago, & et al. 1990). Con Li/desipramina, hubo un gran grupo de pacientes que
abandonaron, pero de los que se mantuvieron: los que tomaban Li (72%) mostraron una disminución de la ira y
los síntomas suicidas; contra un 36.4% de los medicados con desipramina. Esto se basaría en la disminución de la
irritabilidad y la ira, lograda por el Li.
Los ISRS pueden prevenir la conducta suicida porque afectan la regulación del sistema serotoninérgico, y por lo
tanto reducen la agresividad y la irritabilidad. Los ISRS se han mostrado efectivos para reducir la hostilidad, la

impulsividad, la autodestrucción y la conducta suicida. Los cambios en impulsividad e ira son independientes de la
acción de estos fármacos en la depresión.
Adhesión al tratamiento.
Un aspecto importante para el modelo enfocado en los resultados, es la complacencia o adherencia al tratamiento.
Los pacientes con DP tienen un alto índice de abandono de los tratamientos, un 43 % no completan los 6 meses
(Links, Steiner, Boiago, & et al. 1990) (Gunderson, Frank, Ronningstam, Wachter, Lynch, & Wolf. 1989). La
adherencia al tratamiento es reconocida por los clínicos e investigadores empíricos, como que está relacionada
con la evolución o el resultado clínico. La eficacia de un tratamiento depende de la extensión de la permanencia
del paciente en él. La literatura en psicoterapia sugiere que los desórdenes de personalidad requieren una
prolongada permanencia en tratamiento, para el logro de cambios. 52 sesiones de psicoterapia individual para
que el 50 % de los pacientes se recupere. Dado que en general el tratamiento es multimodal (Psicoterapia y
psicofármacos), los resultados se afectan por la adherencia al régimen total de tratamiento, por eso hay que
controlar ambas, la colaboración con la medicación y la psicoterapia.
La continuidad del tratamiento parece estar preservada cuando se enfoca el tratamiento de la ira y la hostilidad
del paciente en forma temprana. Los pacientes que no alcanzan a completar un tratamiento, son los
conductalmente más impulsivos y abiertamente hostiles. La confrontación activa temprana por parte del
terapeuta, es una de las causas del abandono prematuro del paciente.
Resultados específicos
Los pacientes dentro de una misma categoría diagnóstica pueden ser heterogéneos, y caracterizarse por
respuestas muy individualizadas a la medicación. Coccaro señaló que aún en diseños muy cuidadosos, los efectos
terapéuticos de los agentes, en un mismo paciente, no se correlacionan entre sí. Aún en estudios concebidos
cuidadosamente, hay una pequeña correlación entre los resultados del autoinforme y los del observador (Links,
Steiner, Boiago, & et al. 1990) (Soloff, George, Nathan, & et al.. 1986) Cuadro IV .
Cuadro lV
1. El tratamiento farmacológico debe dirigir su intervención a un paciente específico y a los resultados específicos
en ese paciente
2. Hay que realizar el ensayo N1 (en un solo paciente), donde se compara un régimen particular de medicación,
con los usados anteriormente en ese paciente.
3. Esto permite al paciente adherir a la terapia, y estimularlo para definir cuidadosamente los resultados
prioritarios para él.
4. De esta forma se estimula en los pacientes su colaboración, para investigar el medicamento y disminuir los
miedos de ser controlado externamente.
5. Se previene de un largo compromiso con una dosis medicamentosa única, lo que puede ser "más malo que
bueno", y se elaboran en su lugar expectativas más claras acerca del resultado del tratamiento
6. El paciente debe ser un activo participante en la especificación de los resultados, y en el desarrollo de medios
para monitorear la evolución en el tiempo.
7. Como parte de la preparación, el clínico debe investigar los síntomas del paciente, particularmente los síntomas
que pueden estar relacionados con el efecto secundario, antes de comenzar el tratamiento.
8. Esta evaluación provee la línea de base para el monitoreo de la aparición de nuevos síntomas, durante el
ensayo de un medicamento, lo que permite tener una línea de base para juzgar la emergencia y prevalencia de
síntomas secundarios.

Resultados Funcionales y Calidad de Vida
Los futuros ensayos psicofarmacológicos en los pacientes con DP deberán enfocarse en los resultados funcionales.
Poco se ha investigado en cuanto a la relación entre diagnóstico de DP, estado de los síntomas y la eficacia en los
roles sociales. Ciertos diagnósticos se relacionan con bajo nivel de funcionamiento. El estatus funcional varía
marcadamente entre pacientes con DP y dentro de diferentes contextos sociales, para un mismo paciente (P Ej.,
los B parecen menos disfuncionales en el trabajo que en lo social, el placer y la moral familiar).
El estado de los síntomas se relaciona con los logros de los pacientes en la ejecución de sus roles, lo que muestra
que los síntomas afectivos e impulsivos están relacionados inversamente con los logros en sus roles. El
mantenimiento de su rol funcional puede ser muy útil en la decisión de tratamiento del paciente, y para
determinar los síntomas señal de este tratamiento particular. El tipo de funcionamiento global puede determinar
el tratamiento que se le asigna y los resultados de ese tratamiento.

La calidad de vida (CV) es uno de los enfoques de acercamiento al resultado, que permite delinear la eficacia de
una intervención psicofarmacológica. La calidad de vida se usó en medicina, se usa en EZQ, y en los últimos años
se usa como herramienta de evaluación de la intervención psicofarmacológica.
Evaluando la CV en los DP, surge la posibilidad de una nueva evidencia y comprensión del rol de la
psicofarmacología en el tratamiento de los DP, que se extiende más allá del control de síntomas. La CV permite
ayudar a balancear el impacto del tratamiento farmacológico, enfocado en la reducción del síntoma asociada al
mejoramiento funcional. Esto se logra con la investigación orientada al paciente, basada subjetivamente, y en las
medidas investigadas objetivamente, para alcanzar el mejoramiento funcional y sintomático.
CV es un concepto amplio que incorpora dimensiones tales como salud, empleo, familia, medioambiente,
relaciones sociales, metas y aspiraciones. La amplitud de este concepto puede determinar que se haga difícil su
alcance, cuando se usa el tratamiento psicofarmacológico.
El concepto CV ha sido restringido, aplicándoselo a enfermedades crónicas. La prolongación de la expectativa de
vida hizo que muchas enfermedades se volvieran enfermedades crónicas. En salud mental, en la esquizofrenia, se
ha desarrollado un modelo conceptual para definir CV, en aquellos pacientes mantenidos en terapia antipsicótica.
CV es función de: síntomas, efectos secundarios y performance psicosocial. Otros factores como el ajuste
premórbido, los recursos, las redes sociales, las actitudes, la educación y las características de la P, juegan un rol
modulador en los pacientes.
CV que ha sido aplicada recientemente en psiquiatría, es un método para describir el estado funcional corriente
del paciente con DP, que incorpora sus síntomas, efectos secundarios y el estado funcional corriente. Si se va a
realizar un tratamiento farmacológico a un DP, se necesita desarrollar medidas de CV, para investigar el impacto
balanceado de las intervenciones psiquiátricas, psicológicas y farmacológicas en ese paciente.
Basado en asociación o relación con los D del Eje I
Esta estrategia es más importante en aquellos casos en que los DP tienen "reminiscencia constitucional" con el eje
I. Si hay una relación conceptual o se basan en un mecanismo biológico, el enfocar en el D del Eje I, permite un
objetivo muy real para el manejo farmacológico de los pacientes con DP.

Conclusiones para el método enfocado en los resultados
1. Los intentos para hacer un foco de la terapia farmacológica, basado en la proposición de modelos de
dimensiones biológicas o síntomas, no esta bien establecido aún. Si bien la investigación en este área debe
sostenerse, requiere un acercamiento muy cuidadoso, realizado paso a paso.
2. Enfocar el manejo farmacológico en un diagnóstico específico del Eje II (categoría) no tiene sustento
3. Los pacientes con D del Eje I, con comorbilidad Eje I/Eje II deberán ser de alta prioridad para el manejo
psicofarmacológico. El D comórbido del Eje II puede recibir un foco adicional de terapia, en los pacientes que son
conceptualmente o biológicamente reminiscentes de un D del Eje I.
4. El foco en conductas particulares de los DP parece tener resultados racionales, cuando es objeto de una
intervención farmacológica, como se ha visto en los apartados de autodaño, y de la conducta repetitiva suicida.
5. Las intervenciones farmacológicas pueden ser usadas para facilitar la disposición del paciente para otras
terapias. En situaciones de crisis la medicación puede ser usada para aplacar un amplio espectro de síntomas. En
el uso a largo plazo, el intento de mejorar la adhesión a otras terapias a través del tratamiento psicofarmacológico
puede ser considerado como un resultado importante. Facilitar la adhesión del paciente, determina probablemente
que esté más disponible para otras modalidades de terapia, lo que en última instancia tiene un significativo
impacto en el resultado total del tratamiento.
6. Se estimulan los resultados logrados en pacientes específicos. El diseño N1 es una estrategia útil para
emplearla con un paciente particular y es un camino efectivo para involucrar activamente al paciente con el
procedimiento farmacológico.
7. El manejo farmacológico debe dirigirse a mejorar el funcionamiento del paciente. Un resultado importante del
ensayo farmacológico es mejorar el funcionamiento incluyendo el trabajo, la familia y otros aspectos de los logros
sociales. Indicadores de CV pueden ser usados para medir la efectividad o la intervención farmacológica, y para
proveer una mejor investigación del balance entre la reducción de síntomas, los efectos colaterales y el
funcionamiento en varias dimensiones de CV.
La disección psicofarmacológica
La investigación en farmacoterapia de la P ha intentado definir la etiología a través de la "disección conductal
farmacológica", definiendo subtipos de acuerdo a la respuesta a la medicación (Solof 1986, 1989, 199

Comentarios de los usuarios



No hay ningun comentario, se el primero en comentar