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Unidades de Trastorno del comportamiento alimentario (contraréplica). "Las estupideces se difunden con mayor rapidez que las ideas sensatas" A. Muñoz Molina (La incredulidad, 2001).

Autor/autores: José Luis Pedreira Massa
Fecha Publicación: 03/06/2010
Área temática: .
Tipo de trabajo: 

RESUMEN


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Unidades de Trastorno del comportamiento alimentario (contraréplica). "Las
estupideces se difunden con mayor rapidez que las ideas sensatas" A. Muñoz
Molina (La incredulidad, 2001)
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM. 2002; 6(3)

José Luis Pedreira Massa.

Resumen
Comentario al editorial del Dr. Vicente Turón Gil "Unidades TCA, ¿necesidad o dispendio?" (Psiquiatria.com, vol. 6,
nº 2, junio 2002).

Muy Sr. Mío:
Me es muy grato contestar su atenta misiva, tras haber sido leida con sumo detenimiento y reflexión. Me produjo
un gran interés que un profesional tan reconocido en este tema como Vd. hubiera tenido el tiempo suficiente para
dedicarlo a la lectura de un profesional de tan escaso relieve como es el firmante de la editorial mencionada y de
esta contestación, por ello me sentí halagado y aún más por el hecho que motivara una dedicación adicional de
tiempo para contestar un documento tan, al parecer, irrelevante y plagado de errores o quizá, simplemente, en
desacuerdo con alguno de los planteamientos/convicciones/certezas que Vd. ostenta. Le agradezco en grado
sumo algunas de sus sugerencias y observaciones, siempre dignas de tenerse en cuenta, fuente de aprendizaje
permanente.
Le debo aclarar que no es mi costumbre contestar a escritos de este tipo, pero la misma razón por la que no lo
hago es la que me ha decidido, excepcionalmente en esta ocasión, a hacerlo. Cuando el contenido y la actitud es
desabrida y poco respetuosa, es mejor no contestar. Pero cuando alguien no ha sabido contestar de forma
pertinente y además se escuda en el anonimato al dirigirse a un respetable profesional como Vd., son razones que
me inducen, por mera solidaridad hacia Vd y rechazo hacia quien de forma tan mendaz y poco razonable se
comporta, a iniciar una lenta y meditada contestación. Ahora sí, referida única y exclusivamente a los contenidos
científicos y obviando, excuso decirle el porqué, los epítetos y calificativos que Vd. emite sin ningún tipo de
fundamento objetivo y contrastado.

1. Aspectos formales:
a. El artículo al que se refiere es un editorial y como tal un trabajo de opinión científica, pero de opinión y, por lo
tanto, con mayor tasa de libertad expresiva y de composición que un trabajo de investigación. Como bien sabe,
en la literatura científica sajona es bastante frecuente este tipo de artículos, pero en la española es excepcional en
épocas presentes, pues es menester recordar que otrora fueran orientaciones harto frecuentes y de sumo interés.
A este modesto editorialista le preocupa este abandono de líneas de reflexión.
b. Las citas bibliográficas (Mª Moliner: "aludir a una conversación o discurso", pág. 639, tomo I), se emplean
como referencias (Mª Moliner: "en relación con la cosa que se expresa", pág. 968, tomo II) o bibliografía en
general, incluidas en valoraciones globales de la bibliografía referenciada. La forma de estar recogida: ficha
bibliográfica según enseñanzas del Prof. Sánchez Granjel (dilecto alumno del Prof. Laín Entralgo) y explicada con
detalle en el libro: "Introducción a la Metodología de investigación en Psiquiatría, Psicopatología y Salud Mental de
la infancia y la adolescencia" (Madrid: Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, 2001, págs. 6768).
c. La referencia de autores no es a la muy meritoria y digna trayectoria de ninguno de ell@s, sino simple,
exclusiva, única y llanamente a los artículos referenciados, incluida su formulación en plan pregunta y, como tal,
trabajos abiertos científicamente hablando, en mi modestísimo criterio. Rebatir a alguien, siempre que se haga
con respeto, es de alguna forma un tipo de reconocimiento.
d. El análisis de los datos que, modesta y torpemente, he realizado huye de la lectura de exegeta, para incluirlo
en la crítica científica, siguiendo las pautas de falsación de Popper (Conjeturas y refutaciones. Barcelona: Paidos,
1983) como fundamentación científica y de Kuhn (Historia de las revoluciones científicas. México: Fondo de
Cultura Económica, 1984, 9ª reimpresión) como fundamentación del impacto de los resultados (Wangensberg,

2002). Osado soy, pero espero sepa disculparme, al recordar que la exégesis es la técnica seguida en las fuentes
de información denominadas de "autoridad" y han sido ampliamente utilizadas en: la religión (lectura de textos
sagrados, según directrices de la Curia de Roma); el marxismo (lectura de las obras de Marx, Engels y otros
próceres de ese tipo de pensamiento en la más pura ortodoxia de la "nomenklatura") y, por fin, en el psicoanálisis
(obra completa de S. Freud según la IPA o la Escuela Lacaniana, excuso decirle sus efectos). Ni me planteo que
Vd. propugne que los TCA sean la cuarta perspectiva actualizada de la exégesis. Recuerdo que, siguiendo a J.
Wagensberg (1998) este tipo de lectura, a la luz de la teoría general de la ciencia, conduce a técnicas de "buenos
copistas", pero no permite el progreso. Por otra parte se acerca al dogma, más propio de la creencia religiosa,
pero alejada y distante del procedimiento y de la evidencia científicos.
2. Aspectos de contenido:
a. Epidemiología y metodología epidemiológica: Me permitirá simplemente esbozar algunas matizaciones, las
fundamentaciones aparecen en trabajos de mayor calado que mis pobres aportaciones de investigador de a pié y
pegado, bien pegado, a los fundamentos de la realidad clínica desde hace casi seis lustros, ¡ya!:
i. De la selección y secuenciación en la utilización de escalas: Es importante señalar, como Vd, ampliamente
conoce, que en salud mental la epidemiología ha dejado de ser una encuesta, más o menos complicada y larga,
para tener una meticulosa y exigente metodología denominada "en doble fase" (M. Rutter e Instituto de
Psiquiatría Crispigny Park de Londres; F.K. Verhults y R. Giel en Holanda; M. Tansella en Italia; P.E. Muñoz, J.L.
Vázquez-Varquero y M. Gómez Beneyto en España, por citar alguno de los autores más reconocidos, una simple
búsqueda aportan sus más significativos trabajos al respecto). Pues bien hay que recordar que las escalas de la
primera fase tienden a descartar la posibilidad de caso o no caso en general, por lo tanto no parece pertinente
incluir escalas de diagnósticos específicos, más propias de ser empleadas en el diagnóstico de caso en la segunda
fase. De esta suerte se puede equilibrar, de forma adecuada, la sensibilidad y la especificidad de las escalas que
son un mero instrumento de evaluación, pero no de diagnóstico (aparecen falsos positivos y falsos negativos
según se opte por sensibilidad o especificidad, respectivamente).

Esta selectividad y exigencia metodológica es lo que ha hecho dudar de las tasas emitidas acerca de los TCA a
muchos autores y originado una gran variabilidad y dispersión de cifras (aún no oso denominar tasas). Hsu
(Psychiatr. Clinic North. Am., 1996, 19, 681-700) lo explica mejor que un servidor: "There is no evidence that the
EDs have reached epidemic proportions", matizando que "the EDs appear to have become more common in the
last 10 years or so in western cultures", lo que sugiere su relación con una forma de vida (patoplastia) pues "in
non western cultures, the prevalence of Eds has increased when diating behavior has become more common".
ii. De las tasas: Me parece que tiene una ligera imprecisión en el concepto de tasas de incidencia y prevalencia.
Incidencia se refiere a casos nuevos detectados o atendidos en un periodo de tiempo en un rango de población.
Cuanto más especializado sea el servicio la tasa se refiere más a incidencia atendida o incidencia administrativa,
si Vd. quiere. La prevalencia se refiere a casos totales presentes en un momento dado, por lo tanto siempre es
mayor que la tasa de incidencia y, por lo tanto, se refiere a tasas de patología atendida. Vuelve la exigencia en las
investigaciones epidemiológicas, más allá del mero recuento, por ello para evitar la duplicidad, posible en algunos
casos, se ha desarrollado un complicado y costoso instrumento: El Registro Acumulativo de Casos Psiquiátricos
(RACP), que nos evidencia los problemas, pero no los solventa (GHMM Ten Horn; R. Giel; WH Gulbinat & JH
Henderson (dirts.): Psychiatric Case Registers in Public Health. Amsterdam: Elsevier, 1988; existe edición en
castellano: Santiago de Compostela: Xunta de Galicia, 1989). Otra exigencia es la población de referencia, si no
existe una población de referencia las tasas se modifican/incrementan de forma artificial y artificiosa, por lo que a
mayor especificidad del servicio asistencial y menor especificidad de población a atender, tanto menor resulta la
fiabilidad de las tasas que emite con relación a una población que no es más que una hipótesis (cuando no...
¿presión?... permítame hacerme esta pregunta) del servicio en cuestión. Turnbull & cols. (Br. J. Psychiatr. 1996,
169, 705-712) lo explican claramente "the incidence of AN detected by GPs has remained stable for years 19881993 for females aged 10-39, while the incidence of BN has increased threefold", pero con todo "80% of cases of
AN and 60% of cases of BN were referred on to secondary care... 60% of the AN and 52% of the BN sample met
DSM-IV criteria for these disorders", de todos estos casos solamente el 30% precisarían algún tipo de ingreso
hospitalario.
b. Criterio de caso y sistemas de clasificación al uso: Aunque bien podría, no voy a abrumarle ni a Vd. ni a los
amables editores y posibles lectores, con razones acerca del conocimiento que, desde su interior y gestación,
poseo sobre los sistemas de clasificación al uso, desde ese conocimiento haré, modestamente, dos matizaciones:
i. De los criterios de exclusión: Los sistemas actuales poseen criterios de exclusión generales y que, en el caso de
la DSM-IV están muy claramente expresados en el manual correspondiente (Barcelona: Ed. Masson, 1995:
introducción pág. XXII; advertencia (apartado específico sin paginar al pié, XXVII en el índice); uso del manual,
pág. 6). Se olvidan con relativa facilidad.

ii. De olvidos y otros remiendos: Unos años después de generalizarse la utilización de la serie DSM (es menester
traer a la, al parecer, frágil y, en no pocas ocasiones, selectiva memoria que es una clasificación nacional
"impuesta" por procedimientos que en poco o nada tienen que ver con criterios científicos) un grupo de sus
mentores realizó una curiosa investigación poniendo de realce los límites y peligros de su utilización
indiscriminada (J.B.Williams; R.L. Spiltzer & A.E. Skodol, Am. J. Psychiatry, 1985, 155, 1508-1511), hoy alguna
de sus conclusiones, desafortunadamente, se han convertido en una palpable realidad, por más que se intente
silenciar o, lo que es más preocupante, ocultar/disimular. Item más, según criterios de la Medicina/Psiquiatría
Basada en la Evidencia (MBE y PBE) y de la Medicina/Psiquiatría Basada en Datos los resultados de los grupos de
consenso de profesionales ocupan el lugar más bajo en la escala (Chrochane International, 2000;
www.psybeca.com). Así se comprende la peculiar interpretación acerca de la co-morbilidad, la defienda quien la
defienda, aunque nos veamos "obligados" a utilizar esa terminología al uso, pero algun@s lo intentamos hacer con
rigor crítico y matizando, no por mero modismo científico y sabiendo que utilizamos la terminología aludida para
cumplir las reglas implícitas de la aceptación de originales en muchas publicaciones.
Tampoco estaría de más recordar el matiz significativo de estos términos en castellano (Diccionario del uso del
español, María Moliner), algo diferente al inglés (Collins Cobuild, English Language Dictionary). ¡Acuerdo en el
lenguaje!... pero... también trampa del lenguaje (Nietche, Wittgenstein, Foucault seguro que tendrían algo que
decir al respecto y que, a pesar de haber fallecido no son rancios ni antiguos, muy al contrario son reflexiones
actualizadas de indudable valor). Existen demasiadas coincidencias en algunos aspectos (p.e. tasa de
permanencia o cronificación de TCA que se superpone con la de los trastornos mentales en general que aparecen
en la infancia y la adolescencia (M. Rutter: De la investigación a la práctica. Fundación Castilla del Pino, 1999;
Psicopatología del desarrollo, Barcelona: Salvat, 1988) otro dato de sumo interés es el peculiar concepto de
EDNOS, verdadero cajón de(-)sastre sobredimensionado donde el equívoco se pretende presentar como
"ciencia"), lo que hace pensar, con bastante solvencia, que los TCA son una patoplastia de los trastornos mentales
en determinadas épocas del proceso de desarrollo humano. Ahí está la importancia, si Vd me permite reflexionar:
saber discernir los contenidos subyacentes de una patoplastia.
c. Asistencia versus unidades de investigación: Hay una sutileza determinante que, sin embargo, podría pasar
desapercibida en el fragor, cuando no furor, de los improperios lanzados de forma lapidaria: que existan unidades
de investigación. Claro que sí y bienvenidas. Pero este matiz, "unidad de investigación", es francamente diferente
a unidad asistencial y precisa del cumplimiento de unos requisitos inexcusables previos, por exigencia de mera
lógica formal. Comentaré un dato relevante, en este orden de cosas, por otro lado ampliamente difundido en
cualquier publicación de economía sanitaria y/o salud pública: En USA el sistema de financiación se realiza por
aseguramiento múltiple, varias corporaciones privadas ofertan cobertura asistencial previo pago de una cuota
variable en su cuantía, dependiendo del grado de cobertura que se desea.

Con este sistema de financiación se consigue que el gasto sanitario se eleve hasta más del 12,75% del PIB en
1995 y alcanza el 14% en el 1999, pero existen más de 40 millones de ciudadan@s sin ningún tipo de cobertura
sanitaria. Se da la paradoja que mientras en determinados barrios de Nueva York, como el Bronx o Harlem, los
indicadores sanitarios son comparables a los de uno de los países más subdesarrollados del planeta como es Sri
Lanka, a escasos 500 metros (podrían ser 1.500 m., incluso una milla urbana, quizá Vd. lo sepa de forma más
precisa) existe uno de los centros sanitarios de más elevada tecnología sanitaria del mundo donde trabajan varios
Premios Nobel: el Mont Sinahi Hospital. Con este nivel de inequidad, desigualdad e insolidaridad, las aseguradoras
privadas (base del aseguramiento múltiple) ofertan servicios que las diferencien unas de otras para atraerse a los
pacientes/usuarios/clientes en bandas de cuota de mercado.
De esta suerte la tasa de la prima sanitaria es variable según sean los servicios a los que se tiene derecho. Así se
va creando una asistencia sanitaria basada en la desigualdad económica y en el poder adquisitivo de las capas
sociales: cuanto más nivel económico poseas, más cobertura obtienes porque abonas unas tasas más elevadas
acordes con los servicios requeridos. Es en este contexto donde surgen las unidades especializadas organizadas
por trastornos o procesos de enfermar. Según sea la oferta de estos servicios así se obtiene financiación para
ellos. La financiación de los servicios no se rige por población atendida, sino por la capacidad de abonar la tasa
pertinente para acceder a ellos, sea de forma directa o bien complementaria (tiquet moderador). La desigualdad e
inequidad ya están servidas, porque ¿quién va a ocuparse (es decir financiar) de los crónicos y viejos que precisan
muchos recursos (humanos y técnicos) y un elevado coste económico para su asistencia? De hecho aquí radica,
entre otros factores, los actuales estudios económicos de protesta por parte de las aseguradoras privadas, tanto
en USA como en España, para hacerse cargo tanto de los TCA como de otros procesos crónicos o que aparecen en
segmentos desfavorecidos de la población (casi siempre infancia-adolescencia y la denominada tercera edad),
basta con ojear una hemeroteca del último mes o solicitar a TVE (¡incluso en este medio se hicieron eco!) un
programa emitido sobre el particular. En otras palabras: a medio y largo plazo este tipo de planificación
asistencial inicialmente es una fuente de financiación, pero progresivamente adquiere un impacto en el
incremento del gasto que termina por hacerse insoportable para el sostenimiento del propio sistema así

concebido. Item más, como Vd. bien conoce, en el mundo sajón la financiación de unidades asistenciales y
unidades de investigación tienen fuentes diferentes y en algunos casos el origen financiero es, cuanto menos,
bastante curioso y peculiar (hasta la industria cinematográfica se hace eco de ello), cuestión y origen de
financiación que por estos lares no acontece en términos parejos ni comparables, hoy por hoy. Por ello:
i. De la gestión y financiación de los servicios sanitarios: En gestión de servicios públicos de salud, incluso la OMS
(Programas de Salud, 1981), se refieren aspectos como pertinencia, eficacia, eficiencia y efectividad. Es una
terminología muy frecuente y ampliamente desarrollada. También existen publicaciones específicas de Economía
de la Salud y desde el año 1998 existe una Revista Internacional de Economía de Salud Mental. En los últimos
cinco años han sido muchas las publicaciones de este tipo que se han hecho eco de dudas más que razonables,
desde la perspectiva económica y de gestión de servicios de salud, y muy fundamentadas sobre los servicios
específicos asistenciales para TCA. En este orden de cosas, es patente que en los servicios públicos se busque el
principio fundamental de prestar una asistencia de calidad, al coste posible para cada sistema y del que se
beneficie un máximo de población. Lo que implica que las prioridades sean pertinentes para prestar cobertura a
un máximo de población (universalidad y equidad (no sólo igualdad) que inspiraron la LGS, aún vigente,
auspiciada por el desaparecido Prof. E. Lluch).
En su aplicación a la gestión es lo que se conoce como "optimización de recursos", para ello se precisa que los
diagnósticos tiendan, cada vez más, a ser precisos y tener un grado creciente de exigencia diagnóstico-pronóstica.
Sistemas categoriales, p.e. DSM, sí, pero sin olvidar que la "S" es "statistical" y no "clinical", ¡pardiez!, que es un
matiz relevante. En este orden de cosas debo plantear que en España aún está por cumplirse el apartado 1 del
Artículo 20, Capítulo tercero, de la Ley General de Sanidad; tampoco se ha dado cumplimiento a lo establecido en
la pág. 34 del Informe de la Comisión Ministerial para la Reforma de la Asistencia Psiquiátrica; hasta los Fiscales
han tomado cartas en el asunto para dar cumplimiento a la Ley 1/96 en este campo... podría seguir referenciando
incumplimientos legales prioritarios de tipo general y no tan específicos, en ellos me he basado para decir que
tampoco se arbitran medidas para cumplir la Constitución Española de 1978 (Art. 39, apart. 4 y art. 49). Lo que
hace que se pongan "remiendos" o, mejor aún, se coloque el carro delante de los bueyes. El imaginario de
abordar lo específico por trastornos, nos impide ver las múltiples carencias básicas y distorsionar los datos y las
informaciones que se aportan. Es decir, se sustituye el marco solidario por el del interés particular. El compromiso
de algun@s profesionales, aunque le parezca increíble, persiste en permanecer de cara a las necesidades de
nuestr@s pacientes, incluso soslayando nuestros propios intereses, a los datos me remito... Por cierto, nunca,
insisto, nunca ni en ningún lugar científico ni publicación he defendido los Hospitales Psiquiátricos, ni para atender
estos trastornos ni ningún otro tipo de trastorno mental, mi limpia trayectoria profesional y científica, ruego me
permita esta expresión, de casi seis lustros así lo atestigua.
ii. De los cambios que acontecen a lo largo del tiempo o cuando ser mayoría no implica ser lo único: Hace
escasamente dos años apenas el 4-5% de los profesionales consultados opinaban que para la asistencia de los
TCA no eran precisas Unidades específicas, además su opinión era testimonial y sólo podía escucharse "en
corrillos de pasillo". Recientemente una publicación on-line está realizando una encuesta similar, la última
consulta que realicé, hace una semana, la cifra de los que opinaban que no era necesaria esta especificidad
estaba en torno al 20% y ya empezamos, a pesar de todo, a opinar tímidamente en público, aunque expuestos a
ser anatematizados con vehemencia. Incluso ha existido una matización de gran relieve en la Administración
sanitaria, sugiero consultar las publicaciones de INSALUD sobre el particular de 1995 y el de 2000, por cierto éste
último es un documento de consenso de Sociedades Científicas de diverso pelaje (¿porqué será-será que estando
más actualizado ha alcanzado menor difusión que otros, cuando no ha sido silenciado?).
No vendría de más recordar que el avance y la mejora de calidad en la ciencia se encuentra en el contraste de
pareceres y en saber integrar esa discrepancia, incluso de interpretación de las mismas fuentes (Donabedian,
1985; Joint Comissión on Acreditation of Health Care Organitation, 1990).

El pensamiento único es justo lo inverso del pensamiento científico que, por contra al anterior, consiste en saber
integrar lo nuevo y las diferencias. Me parece recordar que la certeza y la posesión en exclusiva del saber de
algunos hace que hasta finales de 1995 Galileo estuviera anatematizado por la Iglesia Católica o hasta muy
recientemente no se admitieran las aportaciones evolucionistas de Darwin en su totalidad (por cierto, Le Monde
publicó un ensayo periodístico precioso sobre el particular el día 25 de enero de 1996). Es decir, no por
ser/detentar hoy en día la mayoría se posee la razón, en todo caso se ostenta la razón de la fuerza, pero es
escasamente científica esta posición.
d. Sobre ética y yatrogenia: Permitame que simplemente me refiera al aspecto etimológico y a ello me remito. El
Prof. D. Gracia lo explica mucho mejor que un servidor, sus textos son sencillamente brillantes (Procedimientos de
decisión en ética clínica. Madrid: Eudema, 1991; Ciencia y ética en Humanismo y ciencia. La Coruña: Paideia,
1994, págs. 13-32). De aplicación también está un artículo de interés del Prof. J.L. González de Rivera (Psiquis,
1996, 17, 6 (junio), 15-32). Sobre yatrogenia... desde Hipócrates se ha hablado, temido, callado, silenciado,

disimulado, negado, justificado, racionalizado, ... Es otro aspecto para el debate, sin más, muchos grupos de PBE
y MBE están en ello, habrá que esperar algo acerca de sus conclusiones.
Para finalizar voy a realizar, en esta ocasión sí, tres citas textuales de otros tantos autores muy relevantes, que
ayudan a pensar:
1ª cita: Acerca de actitudes: Wagensberg (2000) nos aporta unas características, no exentas de inteligente ironía,
acerca de los requisitos del investigador para adentrarse en el intrincado mundo de la investigación, realiza una
comparación metafórica brillante al situar al científico en la dimensión del conversador y al producto del científico,
su saber y la ciencia, en el rango de la conversación:
1. "Virtudes del científico o conversador:
a. Imaginación con la metáfora.
b. Olfato para lo contradictorio e incompleto.
c. Afición por convergencias ocultas. (Lo que pasa más desapercibido resulta ser, en muchas ocasiones, lo más
fundamental. No hemos de olvidar lo que sentenció Albert Szent-Gyorgyi: "El secreto del éxito en la investigación
es ver lo que todos han visto y pensar lo que nadie había pensado").
d. Más interés por las preguntas y negaciones que por respuestas y afirmaciones.
e. Alegría por el cambio (incluida la propia opinión, ¡afortunadamente!).
f. Pánico al aburrimiento.
g. Afición a la discrepancia.
h. Disposición a reirse de uno mismo (¿Se puede confiar en alguien que te cuenta algo como verdad o certeza y
no tiene capacidad de poder reirse de lo que dice?).
En conclusión: el científico y el conversador virtuosos creen que el interlocutor es un lujo.
2. Vicios del científico o conversador:
a. Navegación a la deriva.
b. Apego a la verdad vigente ("conversar para conservar").
c. Propensión a usar el turno ajeno o síndrome bicicleta ("Si no pedaleo me caigo").
d. No hay tiempo para ponerse a pensar.
En este caso, el científico y el conversador viciosos no creen en la conversación y el interlocutor (mente ajena o
naturaleza) es un fastidioso trámite a sortear".
2ª cita: Nuevas aportaciones en TCA: D. I. Ben-Towin; K. Wlker; P. Gilchrist; R. Freeman; R. Kalucy & A.
Esterman (Lancet, 2001, 357, 1254-1257): Es una investigación de evaluación de resultados en pacientes con
TCA durante 5 años llevada a cabo en Adelaida (Australia), también hago la cita textual (págs. 1256-57):
"Nuestros resultados indican que muchos pacientes experimentan una recuperación satisfactoria sin recurrir a
tratamientos especializados de ningún tipo. Además, no existe ningún indicio de que tratamientos apoyados en
amplios recursos, tales como el ingreso prolongado en un hospital con el fin de aumentar el peso o la asistencia
ambulatoria a largo plazo, influyan necesariamente en los resultados a largo plazo obtenidos en las pacientes,
aunque quizá estén indicados a corto plazo. Por último, los diagnósticos de TCA se sustentan posiblemente sobre
una base muy heterogénea en lo que se refiere a la personalidad y a otros factores que pueden influir
considerablemente en la respuesta al tratamiento, ... que debe abordar el problema de una función psicosocial
deficiente y la cuestión de las actitudes referidas al cuerpo como prioridad, ... ya que los resultados de los
estudios realizados con pacientes tratadas únicamente en centros de asistencia especializada y específicos o en
las ingresadas en hospitales inducían a pensar que ni el índice de masa corporal, ni la edad, ni la duración de la
enfermedad constituían factores pronósticos de los resultados".
3ª cita: Cautelas ante potenciales cantos de sirena: Nancy Andreasen, editora de la prestigiosa American Journal
of Psychiatry, define la "falacia ahistórica" con estas tres premisas (copia literal):
"1ª La proposición X debe ser cierta porque es lo que los expertos enseñan; 2ª la proposición X debe ser cierta
porque es la más reciente, y 3ª si la información aumenta, el conocimiento también aumenta" (Am. J. Psychiatry,
1994, 151, 1405-1407).
Apéndice: De todo, absolutamente de todo lo que escribo poseo información y datos empíricos directos, basados
en la evidencia y la experiencia. No acepto, de modo alguno, determinadas afirmaciones que Vd. realiza, por ser
gratuitas y fuera de contexto.

Gustoso estoy y dispuesto, como no podría ser de otra forma y ha sido siempre mi proceder, a aceptar
razonamientos constructivos que completen y complementen el actual sistema asistencial de los trastornos
mentales con el claro objetivo de mejorar su cobertura y su calidad.
Con esta aportación finalizo contestaciones sobre este tema, es algo abierto al debate y es bueno que así sea.
Pero las polémicas (estériles y esterilizantes)... no motivan.
Suyo affmo.

Fdo. J.L. Pedreira

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